jueves, 8 de junio de 2017

LA NOVELA Y EL CUENTO HISPANOAMERICANO DEL SIGLO XX

La primera peculiaridad que debemos comentar acerca de la novela y el cuento hispanoamericanos  del siglo XX es el estancamiento que experimentaron ambos géneros en las primeras décadas del siglo. Mientras que la poesía no había dejado de evolucionar, la novela y el cuento permanecieron hasta los años cuarenta apegados a las formas decimonónicas. No obstante, cuando se produjo el despertar, este supuso una enorme renovación que superó a la producida en el resto del mundo.


I. LAS PRIMERAS DÉCADAS DE LA NOVELA HISPANOAMERICANA: LA NOVELA REGIONALISTA

Hasta los años cuarenta, la novela y el cuento hispanoamericanos discurrieron por el cauce del realismo costumbrista, sin experimentar una revolución de sus estructuras y su lenguaje, como la que supuso el Modernismo en poesía.

Durante estos años se dan las siguientes tendencias temáticas:

  • Novela de la tierra. Describe la naturaleza americana en toda su grandiosidad y los relatos se basan en la acción de la naturaleza sobre los hombres que la habitan: Doña Bárbara de Rómulo GallegosLa vorágine de José Eustasio Rivera, o Don Segundo Sombra de Ricardo Guiraldes.

  • Novela indigenista. El tema central son las injusticias que provoca el hombre blanco en la sociedad india y las reivindicaciones de una identidad nacional y cultural propias: El mundo es ancho y ajeno de Ciro Alegría y Huasipungo de Jorge Icaza.

  • Novela política. En este grupo destacan las novelas referidas a la revolución mexicana, como Los de abajo de Mariano Azuela.

II. LOS PIONEROS DE LA RENOVACIÓN: LOS INICIOS DEL REALISMO MÁGICO

Entre 1945 y 1960 se observa en la narrativa hispanoamericana unas características nuevas que la hacen diferente de la novela desarrollada hasta entonces. Estos cambios se deben a una nueva concepción  del mundo y de la vida consecuencia de los cambios sociales, políticos y económicos que se estaban  produciendo en los diferentes países de Hispanoamérica. A estas novedades se añaden las influencias de  la narrativa europea y norteamericana del momento, tardíamente asimiladas, pese a que algunos escritores,  como el argentino Roberto Arlt o el venezolano Arturo Uslar-Pietri, las hicieron suyas desde pronto.
Los  cambios principales fueron:

  • Se abandona el interés prioritario por los espacios rurales y naturales y la denuncia explícita de problemas sociales, y surgen temas nuevos en los que se integra lo urbano y los problemas del hombre contemporáneo.

  • Se introduce en las novelas lo fantástico, lo onírico y lo irracional, dando lugar a lo que se ha denominado realismo mágico o lo real maravilloso.

  • Formalmente, se produce un gran cambio puesto que se abandona la estética realista decimonónica  y se adoptan las nuevas técnicas narrativas.

Se considera que el relato que marca el cambio de rumbo es El pozo (1939) de Juan Carlos OnettiA esta obra seguirán otras en los años cuarenta: La invención de Morel de Bioy CasaresEl reino de este mundo de Alejo CarpentierEl señor Presidente de Miguel Ángel Asturias, El túnel de Ernesto Sábato. Y  en los cincuenta: Los pasos perdidos de Carpentier; La vida breve de Juan Carlos Onetti; Pedro Páramo de  Juan RulfoLa hojarasca de Gabriel García MárquezLa región más transparentede Carlos Fuentes.

III. LA NOVELA DE LOS SESENTA: LOS AÑOS DEL BOOM. EL REALISMO MÁGICO

La definitiva renovación de la novelística hispanoamericana se produce a partir de los años sesenta con un fenómeno que la crítica ha denominado como el boom de la novela hispanoamericana. Surgió ligado a un fenómeno extraliterario que facilitó que esta novela fuera conocida en el exterior: el apoyo de las editoriales españolas, especialmente a partir del éxito de  La ciudad y los perros (1962) de Mario Vargas  Llosa.

Sin embargo, a lo anterior hay que añadir la  coincidencia en un corto espacio de tiempo de una sucesión de novelas (y novelistas) deslumbrantes: Sobre héroes y tumbas del argentino Ernesto Sábato; El  astillero del uruguayo Juan Carlos OnettiLa ciudad y los perros del peruano Vargas LlosaLa muerte de  Artemio Cruz del mexicano Carlos FuentesRayuela del argentino Julio Cortázar; El siglo de las luces del  cubano Alejo CarpentierTres tristes tigres del cubano Guillermo Cabrera Infante; Bomarzo del argentino  Manuel Mujica LaínezParadiso del cubano José Lezama LimaEl obsceno pájaro de la noche del chileno  José DonosoY sobre todo,  el éxito sin precedentes de  Cien años de soledad (1967), del colombiano  Gabriel García Márquez, que fijó la atención de la crítica y el público internacionales en este grupo de  escritores y en algunos de sus antecesores.  

En cuanto a los temas, aunque no resulta sencillo sintetizarlos, destacan:

  • La crisis existencial del individuoSon recurrentes los temas de la sexualidad, la muerte, la soledad y la incomunicación.  

  • El dictador: la primera irrupción narrativa de esta figura de la historia hispanoamericana se produjo con Tirano Banderas de Valle-Inclán. Con posterioridad ha sido retratado en El señor Presidente de Asturias,  El recurso del método de Carpentier, El otoño del patriarca de García Márquez, Yo, el supremo de Roa Bastos

  • La historia de Hispanoamérica: la historia del continente ha sido pródiga en acontecimientos de sugerentes posibilidades narrativas. De esta manera han surgido numerosísimas novelas históricas de calidad excepcional:  Las lanzas coloradas de Arturo Uslar-Pietri;  El siglo de las luces de Carpentier;  La guerra del fin del mundo de Vargas Llosa; incluso  Cien años de soledad puede integrase en este grupo. 

IV. LA NOVELA MÁS RECIENTE

A partir de los años setenta continúan publicando autores ya consagrados, a los que se unen otros que no habían alcanzado la difusión de los autores relacionados con el  boom. La consecuencia es una lista enorme de creadores y creaciones, que no podemos abordar.

La narrativa de estos años reduce la complejidad técnica iniciada en obras anteriores para crear una novela a la que el lector pueda acceder más fácilmente, aunque esto no suponga un abandono total de la experimentación. Prevalece la narración realista que incluye, además, el habla coloquial, pero también se recurre al realismo mágico.

Nombres y títulos fundamentales de este períodoEl amor en los tiempos del cólera de García MárquezTres tristes tigres del cubano Guillermo Cabrera InfanteEl beso de la mujer araña del argentino Manuel Puig; La mujer imaginaria del chileno Jorge Edwards; La casa de los espíritus de la chilena Isabel AllendeEl cartero de Neruda del chileno Antonio SkármetaComo agua para chocolate de la mexicana Laura EsquivelPrimavera con una esquina rota del uruguayo Mario BenedettiUn mundo para Julius del peruano Alfredo Bryce Echenique.


V. EL CUENTO HISPANOAMERICANO

Junto con la novela, el cuento ha sido un género narrativo ampliamente cultivado en Hispanoamérica desde los años cuarenta hasta la actualidad. Los narradores de los años cuarenta y cincuenta han sido grandes cultivadores del cuento literario. Destaca la aportación extraordinaria de JORGE LUIS BORGES (Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph y El libro de arena). Asimismo, son importantes las narraciones de JUAN RULFO (El llano en llamas, en los que retrata la dureza de la vida rural mexicana en su primitivismo y su pobreza física y moral), los relatos de Alejo Carpentier(Guerra del tiempo, sobre la imposibilidad de definir y dividir el tiempo) y Juan Carlos Onetti(Tiempo de abrazar, Tan triste como ella y otros cuentos).

Por lo que respecta a los años sesenta hasta la actualidad, los relatos cortos de los narradores del boom hispanoamericano han pasado inadvertidos debido a la importancia de sus novelas, como es el caso deGarcía Márquez (Relato de un náufrago, Doce cuentos peregrinos) o Vargas Llosa (Los jefes, Los cachorros).

Sin embargo, uno de los principales renovadores del género es JULIO CORTÁZAR, quien muestra en sus cuentos una realidad compleja (Bestiario, Las armas secretas, Historias de Cronopios y de Famas, en los que revela el absurdo de lo cotidiano con gran sentido del humor).

Mario Benedetti refleja en Montevideanos, La muerta y otras sorpresas  y Con y sin nostalgia  la vida diaria y las circunstancias políticas de su país desde una postura comprometida y cercana al lector gracias a la utilización de un lenguaje sencillo y coloquial.

Otros narradores importantes  son Augusto Monterroso (La oveja negra y demás fábulas, Movimiento perpetuo); Isabel Allende (Los cuentos de Eva Luna); Antonio Skármeta (El entusiasmo, Tiro libre).

LA LÍRICA DESDE 1970 A NUESTROS DÍAS


I. LOS NOVÍSIMOS

José María Castellet publica en 1970 la antología Nueve novísimos poetas españoles. De ahí procede el nombre. Hoy se incluyen otros autores. Los más significativos son Manuel Vázquez Montalbán, Félix de Azúa, Pedro Gimferrer, Guillermo Carnero, Ana María Moix o Vicente Molina Foix.  Estos autores aportan una nueva sensibilidad; su educación incluye elementos nuevos: cine, tebeos, nuevas músicas (jazz, pop). Son frecuentes sus viajes al extranjero. Admiran a Aleixandre, Cernuda; redescubren al grupo Cántico y al Postismo. Rechazan la poesía social. Su formación intelectual es muy amplia. Esto marca algunos de sus poemas (se ha hablado de "culturalismo").  Preside esta poesía un íntimo malestar vital. Otras veces, la poesía se vuelve frívola; otras, sarcástica. Lo importante, desde el punto de vista poético, es el estilo: "poetizar es ante todo un problema de estilo", nos dirá Carnero.
No es el tema lo que hace literaria una obra, sino el estilo. Para renovar el lenguaje poético vuelven sus ojos al surrealismo. Crean una poesía con frecuencia hermética, de gran dificultad de lectura. Gimferrer es el más significativo (en su obra en castellano). A los veinte años obtuvo el Premio Nacional de Poesía por Arde el mar (1966): surrealismo, culturalismo, riqueza imaginativa, culto a la palabra, dominio del ritmo. Muy famosa es su "Oda a Venecia ante el mar de los teatros" Su segunda obra es Muerte en Beverly Hills (1968), muy influida por las técnicas cinematográficas.
Según la crítica, las características de este grupo se pueden resumir así:

  • Preocupación máxima por el lenguaje y por el poema como creación autónoma.

  • Esteticismo (en lo que enlazan con el grupo Cántico y los del 27), revalorizando lo lujoso, decadente, al mismo tiempo que lo lúdico. Este esteticismo se relaciona con el culturalismo y el exotismo de que hacen gala.

  • Sus poemas a veces se presentan como literatura de la literatura: citas, referencias intertextuales, variaciones...

  • La presencia de los mass media como referente cultural y fuente de mitos populares en los que inspirarse o a los que tergiversar. El cine enseña también una forma de mirar la realidad y de componer los poemas.

  • Uso frecuente de procedimientos experimentales: ruptura del verso, disposición gráfica no normal, supresión de signos de puntuación, collages con textos, refranes, recortes de anuncios...

  • Presencia del surrealismo; recuperación de los valores irracionales del lenguaje. Gusto por la sorpresa y lo inusitado.

  • Muchos de estos autores llegan a separar completamente realidad y poesía; se proclama la autonomía del mundo poético respecto de cualquier referente externo. El más claro  ejemplo es la multitud de poemas de metapoesía.

Dentro de este grupo podemos distinguir dos líneas
1) Autores que comienzan a escribir en los inicios de la década de los 60. Muy influidos por la cultura pop. (Vázquez MontalbánA la sombra de las muchachas sin flor, 1971, sería un buen exponente de esta línea).

2) Una segunda Generación que se da a conocer en los años finales de la década o ya en los 70, influidos por el decadentismo de Kavafis. Son más esteticistas. Citemos a Guillermo Carnero (Dibujo de la muerte, 1967; su esteticismo se puede resumir en uno de sus versos: "raso amarillo a cambio de mi vida") o a Antonio Colinas (Sepulcro en Tarquinia).

Como rasgos generales, podemos destacar la importancia de la ironía y el carácter rompedor. Admiten en lo poético una nueva imaginería que va desde Mickey Mouse hasta Humphrey Bogart. Son autores que se abren a la cultura foránea (la mayoría son, al menos, trilingües) y realizan estudios en el extranjero. Se proponen romper la estructura rítmica de los poemas. Para ellos no hay alta o baja cultura, sino simplemente conocimientos que se pueden usar en el poema.


II. ÚLTIMAS GENERACIONES POÉTICAS

 Señalemos algunos nombres, los más significativos: Antonio Colinas, Antonio Carvajal, José Miguel Ullán, Jenaro Talens, Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles, Luis Antonio de Villena. Hay diversas tendencias:

·        Experimentalismo (Ullán): poemas vanguardistas, collages, poemas visuales...

·        Culturalismo (Colinas): influencia del mundo clásico grecolatino. El poeta manifiesta un vasto dominio cultural.

·        Clasicismo (De Cuenca, Siles, Villena): vuelta a moldes estróficos clásicos (sonetos, endecasílabos). Influjo de autores renacentistas.

·        Neobarroquismo (Carvajal)

·        Metapoesía (Talens): poesía sobre la poesía.

·        Minimalismo: la estética de lo cotidiano, de lo mínimo.

·        Antirretoricismo.-Poética del silencio (Valente, Siles, Jover): hablar por hablar para callar lo único importante, lo que el hombre busca pero ignora.

·        En una línea surrealista se encuentra Blanca Andreu.

·        POESÍA DE LA EXPERIENCIA realizan Andrés Trapiello, Justo Navarro, Luisa Castro, o FELIPE BENÍTEZ REYES. Es, en nuestros días, una de las líneas más cultivadas, la que más premios poéticos acapara. Se basa esta poesía en los recuerdos de la infancia o adolescencia, con unos temas y un lenguaje siempre apegados a la realidad. Frente al pop de los novísimos, que consideran demasiado trivial, vuelven sus ojos a la infancia, a los orígenes; realizarán una poesía que ha sido definida como lárica (del latín LARES). Son poetas que cuidan el lenguaje, sin que ello se convierta en una obsesión.

De estos últimos poetas, destacamos a Felipe Benítez Reyes. Nacido en Rota (Cádiz), en 1960; ganador de importantes premios poéticos (Luis Cernuda, Ojo Crítico, Fundación Loewe, Nacional de la Crítica en 1994; Nacional de Poesía en 1996). Sus obras más conocidas como poeta son Los vanos mundos, La mala compañía, Sombras particulares y las dos últimas, Vidas improbables (1994) y Equipaje abierto (1996).  En la primera de ellas, el autor crea una serie de apócrifos que manifiestan diversos tipos de poesías (tradicional, culta, vanguardista, de la experiencia...), mostrando un hábil dominio de los diversos registros, con frecuencia con un alto grado de ironía. Equipaje abierto nos presenta las reflexiones del autor tras regresar de su viaje por la vida. Los poemas suponen un "pequeño catálogo de ruinas".

También dentro de esta tendencia los poetas granadinos que suelen agruparse con el título de una antología común: “La otra sentimentalidad” (1983); Álvaro Salvador, Miguel D’Ors y LUIS GARCÍA MONTERO (Diario cómplice, 1987).




LA NARRATIVA DESDE LOS AÑOS 70 A NUESTROS DÍAS

El ambiente de libertad en el que comenzó a desarrollarse la cultura española tras la muerte del general Franco (20 de noviembre de 1975), permitió un mejor conocimiento de la literatura española en Europa y de la literatura occidental en España. A ello contribuyó significativamente la desaparición de la censura (lo que supuso la publicación de novelas españolas prohibidas en nuestro país y editadas en el extranjero, expurgadas o inéditas), la recuperación de la obra de los escritores exiliados y un mayor conocimiento de la narrativa de otros países.
En suma, dos son los aspectos más significativos de la novela española en los últimos treinta años:
                     
1) El carácter aglutinador. Acoge prácticamente todas las tendencias, modalidades, discursos, temas, experiencias y preocupaciones personales.

2) La individualidad. Cada novelista elegirá la orientación que le resulte más adecuada para encontrar un estilo propio con el que expresar su mundo personal y su particular visión de la realidad.

De modo que puede decirse que en las últimas décadas conviven:

a) Novelistas importantes de toda la posguerraDelibesCela y Torrente Ballester sobre todo.

b) Algunos novelistas de la "Generación del 50": Juan GoytisoloJuan MarséCarmen Martín Gaite, etc.

c) Los novelistas de la generación del 75. En los setenta hay autores que siguen cultivando la novela experimental e intelectual que tiene su origen principal en Tiempo de silencio de Luis Martín Santos. Suelen prestar más atención a la forma que al contenido, ya que el argumento llega a casi desaparecer. Abundan las historias fragmentadas y los monólogos interiores. Este tipo de novela está dirigido a un lector inteligente y culto, con formación suficiente para comprender las dificultades sintácticas que los autores plantean. Es la llamada generación de 1975 o también generación de 1968 (mayo del 68): EDUARDO MENDOZAFélix de AzúaJuan José MillásVicente. Molina FoixSoledad Puértolas, entre otros

EDUARDO MENDOZA (Barcelona 1943) publicó en 1975 La verdad sobre el caso Savolta, título que, en buena medida, puede considerarse el punto de partida de la narrativa actual. Sin renunciar al empleo de técnicas experimentales, el autor ofrece en esta novela de corte policíaco un argumento que atrapa la atención del lector. En obras posteriores, Mendoza ha mostrado su excepcional capacidad paródica: Sin noticias de Gurb (1992), El laberinto de las aceitunas(1998) y El misterio de la cripta embrujada (1995) subvierten de forma irónica los tópicos de tres géneros consagrados: la novela de misterio, la novela negra o policíaca y la novela de ciencia ficciónLa ciudad de los prodigios (1986) recrea la evolución histórica y social de la ciudad de Barcelona en el período comprendido entre las exposiciones universales de 1888 y 1929, tomando como hilo conductor la progresión en la escala social del protagonista.

d) Nuevos escritores dados a conocer ya después del franquismoManuel Vicent, Julio Llamazares, JAVIER MARÍAS, Luis Mateo Díez, Rosa Montero, ANTONIO MUÑOZ MOLINA, Luis Landero etc

La obra de JAVIER MARÍAS (Madrid 1951) constituye una de las apuestas más originales de las últimas décadas. Las novelas y cuentos de este autor se distinguen por la presencia de una serie de temas obsesivos, como el misterio de la identidad personal y la reflexión sobre el tiempo: «El que aquí cuenta lo que vio y le ocurrió no es aquel que lo vio y al que le ocurrió». Su estilo, muy elaborado, posee una rara capacidad envolvente, que difumina y transforma la realidad. Entre sus obras destacan Todas las almas (1989), Corazón tan blanco (1992) y Mañana en la batalla piensa en mí (1994). El tiempo y la identidad personal son temas que aparecen con fuerza en sus últimas novelas, como en Negra espalda del tiempo (1998), juego entre la realidad y la ficción literaria, o en la trilogía Tu rostro mañana.


En la narrativa de ANTONIO MUÑOZ MOLINA (Úbeda 1956) se conjugan de forma armónica el rigor en la construcción del relato y la preocupación por elaborar un argumento atractivo para el lector. Destaca asimismo la calidad de la prosa, intensa, que se desarrolla en períodos amplios, de ritmo muy cuidado. Sobresalen entre sus obras El invierno en Lisboa (1987), una magnífica novela de intriga; El jinete polaco (1991), evocación autobiográfica que juega hábilmente con los tiempos del relato; y Plenilunio (1997), acertado intento de remozar el género policíaco. Sefarad (2001) huye del argumento tradicional y desarrolla en clave de literatura personajes y situaciones históricas.

Por otra parte, no resulta fácil discernir en la nueva narrativa unas corrientes o escuelas definidas; sí es posible, no obstante, identificar ciertas tendencias temáticas. Las más relevantes son estas:

  • Novela policíaca y de intriga. Este subgénero resurge con especial fuerza. Entre sus cultivadores destacan Manuel Vázquez Montalbán, autor de una serie protagonizada por el detective privado Pepe Carvalho. A esta tendencia pertenecen también algunas novelas de Antonio Muñoz MolinaEl invierno en LisboaBeltenebros, o Plenilunio. Su última obra, Sefarad ha sido definida por el autor como "novela de novelas" y supone la recuperación de historias de destierros y desarraigos acontecidos durante el siglo XX.

  • Novela histórica. Se pueden citar como ejemplos El oro de los sueños, de José María Merino; El hereje (1998), de Miguel Delibes, así como la saga protagonizada por el capitán Alatriste, deArturo Pérez-Reverte, ambientada en el Siglo de Oro. En los últimos años son frecuentes las novelas históricas contextualizadas en épocas cercanas, especialmente en la Guerra Civil, como Soldados de Salamina (2001), de Javier CercasLa voz dormida (2002), de Dulce Chacón, o los relatos breves que componen Los girasoles ciegos de Alberto Méndez.

  • Novela de la reflexión íntima. Este tipo de narrativa se centra en la búsqueda personal y la reflexión sobre la propia existencia. Obras representativas de esta tendencia son Mortal y rosa (1975), de Francisco Umbral, sentida reflexión sobre la muerte escrita con brillante estilo, o El desorden de tu nombre, de Juan José Millás, que combina la introspección psicológica con la reflexión literaria. En La lluvia amarilla (1988), Julio Llamazares narra el abandono de los pueblos a través de un largo y emocionado monólogo.

  • Novela de la memoria y del testimonio. La memoria de una generación y el compromiso son los temas básicos de esta corriente, en la que se encuadran novelistas como Rosa Montero, con Te trataré como a una reina (1981), defensa de la condición femenina, y la producción novelística de Luis Mateo Díez.

  • Novela culturalista. En los últimos años han aparecido una serie de autores jóvenes que hacen una novela que se ocupa de analizar y explicar diferentes aspectos de la cultura occidental desde unas posturas bastante eruditas. Eso es lo que hace Juan Manuel de Prada con Las máscaras del héroe o La tempestad.

  • Otras tendencias en la novela de los autores más jóvenes es la de hacer una novela que trata los problemas de la juventud urbana con una estética muy cercana a la contracultura (Historias del Kronen, de José Ángel Mañas, Ray Loriga con Héroes o Lucía Etxebarría en Sexo, prozac y dudas).


miércoles, 7 de junio de 2017

TEATRO DESDE 1939 A NUESTROS DÍAS

I. INTRODUCCIÓN

Al finalizar la Guerra Civil Española, nuestro teatro se encuentra con tres graves problemas:

a. Por un lado, el agravamiento de los condicionantes comerciales del género teatral: la crisis económica hace que solamente Las clases más pudientes puedan asistir a las representaciones, y la censura impide todo contenido político crítico en las obras.

b. Por otra parte, se produce un corte muy profundo con respecto a lo que había sido el teatro con anterioridad a la Guerra, debido a la muerte de algunos de los grandes maestros (ValleInclán, Unamuno y García Lorca) o al exilio de otros (Max Aub, Alejandro Casona, Rafael Alberti). Esta ruptura se produce, sobre todo, con las tendencias más innovadoras, mientras que el teatro comercial continúa en su misma línea, ya que no supone un peligro para nadie.
c. Y, por último, se habla del inicio de una crisis del teatro que puede explicarse por varias razones:

* Al no quedar grandes autores españoles (muerte y exilio), los empresarios recurren a traducciones de obras de autores extranjeros, con lo que los jóvenes dramaturgos españoles se van a encontrar con más dificultades a la hora de estrenar sus obras.

* El cine se convierte en el gran espectáculo de masas y desplaza al teatro en los gustos del público.

II. TEATRO ESPAÑOL DE POSGUERRA (1939-1955)
  
Podemos establecer las siguientes tendencias teatrales. 

II. I TEATRO DE “CONTINUIDAD SIN RUPTURA”. Así denominó a estas obras Francisco Ruiz Ramón en su Historia del teatro español, y las caracterizó con los siguientes rasgos:

a. Continúa la comedia de salón de Benavente.  
b. Ideológicamente, las obras se caracterizan por la defensa de los valores tradicionales: Dios, patria y familia.
c. Introduce siempre una ligera crítica de costumbres (hipocresía, fundamentalmente).
d. Técnicamente podemos caracterizarla por el uso de una escenografía realista, por el seguimiento de las normas aristotélicas (tres unidades, estructuración, etc...) y por la búsqueda de la perfección formal.

II. II.  TEATRO DE HUMOR. Dentro del teatro de intención humorística nos encontraremos con dos manifestaciones principales:

a. Un teatro cómico que busca la risa fácil con técnicas tradicionales y que continúa las formas anteriores a la Guerra Civil.
b. Pero la manifestación más interesante de este período es la de un teatro que busca renovar la risa, intentando provocarla mediante situaciones, personajes, argumentos y lenguaje inverosímil, casi absurdo. Esta forma de hacer teatro había sido iniciada antes de la Guerra por Jardiel Poncela y se continúa ahora con este mismo autor, al que se añaden los nombres de Edgar Neville y, sobre todo, Miguel Mihura (Tres sombreros de copa; Maribel y la extraña familia; Ninette y un señor de Murcia).

II.III. TEATRO EXISTENCIALISTA. Llamamos así a un conjunto de obras que pretenden representar los conflictos existenciales del ser humano (soledad, incomunicación, falta de sentido vital, melancolía, fluir del tiempo, etc...). Junto a estas preocupaciones existenciales aparecerán las preocupaciones sociales, pero en estos primeros años no será fácil exponer la crítica y la denuncia social en las obras debido a la presión de la censura. Debemos considerar dos posturas dentro de esta tendencia:

                                                                                   
a. Teatro posibilista, representado por Antonio Buero Vallejo e iniciado en el año 1949 con Historia de una escalera. Este teatro introduce la denuncia social de una forma indirecta para burlar la censura del momento.

b. Teatro radical, que ejerce la denuncia política directamente. El mejor representante es Alfonso Sastre y se inicia a partir del año 1953 con Escuadras hacia la muerte.

III. EL TEATRO DE PROTESTA Y DENUNCIA (1955-1965). A partir del año 1955 se puede decir que aparece el teatro social en España, aunque ya había habido manifestaciones anteriores, como es el caso de las obras de Buero Vallejo y Alfonso Sastre. La aparición de estas obras de contenido crítico y denunciador es posible gracias a tres razones:

a. La necesidad de que el teatro exprese los problemas del momento. Esta necesidad fue general para todos los autores españoles del momento, independientemente del género literario que cultivaran.

b. Aparición de un nuevo tipo de público –joven y universitario- que pide un nuevo concepto de teatro, crítico con la situación histórica que vive España.

c. Y, por supuesto, la relajación de la censura, que permite el estreno de estas obras políticamente comprometidas. Los temas principales de este período serán dos: la denuncia de la injusticia y la desigualdad social, y la alineación de los seres humanos en el nuevo orden social.

Entre los recursos técnicos que definen las nuevas obras conviene que destaquemos los siguientes:

* Realismo directo.
* Realismo que recupera elementos de las comedias de costumbres de Carlos Arniches (ambientación popular, lenguaje sencillo).
* Uso de técnicas esperpénticas que deforman la realidad: animalización de los seres humanos, cosificación de los personajes, degradación de los protagonistas, etc... d. Expresionismo y simbolismo.

IV. TEATRO RENOVADOR (1965-1975). En torno al año 1965 los autores españoles se cansan de un teatro técnicamente sencillo y comienzan a aplicar en sus obras las tendencias vanguardistas europeas y americanas que se venían desarrollando desde principios de siglo (teatro pobre, teatro de la crueldad, Living Theatre, etc...). Técnicamente, por tanto, las obras de estos momentos se caracterizan por un abandono del realismo mediante diferentes procedimientos:

a. Parábolas al estilo de Bertold Brecht.

b. Los personajes se convierten en símbolos de ideas, temas o comportamientos. c. Empleo de recursos esperpénticos de deformación de la realidad.

d. Gana relevancia en las obras los recursos extraverbales: gestos, vestuario, iluminación, sonidos, etc... En lo referente a los temas de las obras debemos decir que seguirán siendo, básicamente, los mismos del período anterior: la injusticia, la falta de libertades, la crítica de la dictadura, la denuncia de la pobreza, etc...

En último lugar debemos señalar que en esta labor de renovación de nuestro teatro fueron importantes algunos autores (Fernando Arrabal, por ejemplo), pero sobre todo lo fueron los grupos de teatro independientes y algunos de sus directores, como Albert Boadella (Els Joglars) o Salvador Távora (La Cuadra).

V. ÚLTIMAS TENDENCIAS TEATRALES (desde 1975).

En los últimos años nos hemos encontrado en España con una paulatina desaparición de los autores teatrales. Las causas hay que buscarlas en dos problemas:

a. Los empresarios privados no se arriesgan con las obras de los autores jóvenes.
b. Los teatros públicos (cada vez más abundantes) prefieren representar obras de autores clásicos con la supuesta intención de proteger y difundir nuestra cultura literaria. A pesar de lo dicho y de la supuesta crisis de público en el teatro, nos encontraremos en estos años con una gran diversidad de tendencias. Veamos algunas de las más significativas:

* Obras de técnica vanguardista que continúan las experimentaciones del período anterior. En esta tendencia destacan Francisco Nieva, Fernando Arrabal y los Grupos de Teatro Independientes (Els Joglars, Els Comediants, La fura dels Baus, La cubana, EsperpentoMediodía, La Cuadra, etc...)

* Obras de técnica y orientación realista. Tenemos, por un lado, obras de tema histórico (¡Ay, Carmela, de José Sanchís Sinisterra) y contenido crítico, frente a otras obras de corte más comercial que continúan las formas de la comedia de salón, aunque adaptadas a los nuevos tiempos.

* Renovación de la comedia de costumbres de principios de siglo ambientada en la ciudad moderna con los problemas que en ella se encuentran: paro, delincuencia, droga (Bajarse al moro, de Sanchís Sinisterra).


* Y, por supuesto, seguimos contando con las nuevas obras de autores ya consagrados (Buero Vallejo, Sastre o Antonio Gala, por ejemplo) que se han ido adaptando a las nuevas tendencias y a los nuevos problemas de nuestra sociedad.

jueves, 1 de junio de 2017

LITERATURA ESPAÑOLA ENTRE 1940 Y 1975 (LÍRICA)

I. INTRODUCCIÓN

Al final de la Guerra Civil cambia radicalmente el panorama de la poesía española. Algunos de nuestros grandes poetas mueren durante el conflicto (Antonio Machado, Miguel de Unamuno, Federico García Lorca); para otros supone el exilio. Tras la Guerra Civil española da comienzo la dictadura del general Franco y una dura posguerra marcada por la pobreza, la censura y el exilio de muchos intelectuales.

La poesía se había ido encaminando por nuevas sendas durante los años treinta. Convivían varias líneas poéticas: una nueva orientación romántica, una vuelta a Garcilaso de la Vega, la práctica surrealista por parte de los del 27, se iniciaba una poesía social… pero la Guerra civil acabó con este estado de cosas y dividió al pueblo español, lo que se vio reflejado en la poesía, que se convirtió, para ambos bandos, en el arma de propaganda y combate.

Todo ello se produce en España en medio de una decadencia cultural, social y política.

El autor más representativo, para algunos epígono de la Genración del 27, es Miguel Hernández.

II. MIGUEL HERNÁNDEZ (1910-1942)

Nacido en Orihuela en 1910, participó como soldado junto al ejército republicano durante la guerra civil. Al acabar la contienda fue encarcelado en diversas ciudades españolas y condenado a muerte; aunque la sentencia fue conmutada por treinta años de reclusión su vida se vería truncada definitivamente en 1942, en la cárcel de Alicante, a consecuencia de la tuberculosis.

En su producción poética se han establecido CUATRO ETAPAS:

a) Etapa caracterizada por una poesía de tono barroco, que se refleja en "Perito en lunas" (1934). Son cuarenta octavas reales de influencia gongorina y vanguardista. Sobresalen las metáforas y los símbolos como medios poéticos para transmutar y enriquecer la realidad (la luna, el toro, la noria, el labrador...).


b) En 1936 publica "El rayo que no cesa". El centro vital de la obra es la pasión amorosa hacia la que sería su mujer, Josefina Manresa, pero una pasión impedida por los convencionalismos de una moral provinciana: el amor es un "rayo" que se clava en el corazón con trágicos presagios de muerte. En cuanto al estilo, Miguel Hernández ha abandonado el barroquismo de su obra anterior y presenta una poesía más desarraigada, instalada en la corriente abierta por su amigo Pablo Neruda de la "Poesía impura" y en la concepción del amor como fuerza telúrica, propia de Aleixandre. La obra se compone sobre todo de sonetos, aunque en ella se incluye en tercetos encadenados su célebre "Elegía a Ramón Sijé", muerto en 1935, un canto sincero y emocionado al amigo.



c) Durante la guerra, Miguel Hernández emplea su POESÍA PARA LUCHAR por la causa republicana y escribe "Viento del pueblo", obra con la que se suma al romancero de la guerra civil. Como el viento, la voz del poeta alienta a los soldados en las trincheras, arenga a la lucha, mantiene viva la esperanza. Son poemas que lloran la muerte de Lorca, de los hombres en el frente de batalla, que cantan al niño yuntero, al sudor de los campesinos, a la compañera, esposa y amante lejana... En esta tercera etapa también escribe Miguel Hernández "El hombre acecha", la palabra es todavía símbolo de resistencia, pero la muerte del primer hijo y la derrota de la guerra sumen al poeta en la desolación.


d) Poesía desnuda y profunda (Las metáforas se han reducido sensiblemente en busca de una expresión directa y esencial). Son los poemas, escritos la mayoría en la cárcel, que se recogen en "Cancionero y Romancero de ausencias" (1938-1941): el poeta se duele de la ausencia de los suyos y escribe intensos poemas de amor a su mujer, también recuerda una guerra que sólo ha provocado odio y destrucción; pero aun así no renuncia a la esperanza. Uno de los poemas es "Nanas a la cebolla", dedicado a su segundo hijo.



III. AÑOS 40

La poesía se desarrolló en torno a tres revistas: "Escorial", "Garcilaso" y "Espadaña".
  • "Escorial" reunió a los poetas de la generación del 36 (LUIS ROSALES, LEOPOLDO PANERO, DIONISIO RIDRUEJO Y LUIS FELIPE VIVANCO), que se decantaron por una poesía intimista de temas líricos tradicionales: el amor, la muerte, la tierra, el paisaje.

  • "Garcilaso" se fundó con apoyo oficial del régimen franquista para consolidar una poesía que sirviera a los fines de la dictadura. Su director fue José García Nieto y sus autores son básicamente los mismos poetas de Escorial. Los temas fundamentales son Dios y la patria, el paisaje castellano, el amor... Tienen un admirable dominio de la técnica. Poesía esteticista y de evasión que Dámaso Alonso denominó "poesía arraigada". Ofrecen una visión positiva del mundo obviando la dura realidad española del momento.

  • La revista "Espadaña" (1944). Contra esta visión esteticista y de evasión , reaccionan una serie de escritores que reclaman una poesía con mayor contenido humano y existencial, que refleje la desgarradora realidad española de la época ("poesía desarraigada" la llamó Dámaso Alonso). Renace la idea de poesía como comunicación, que busca compartir con el lector problemas comunes. TEMAS: la angustia histórica (causada por la guerra) y la angustia existencial (la ausencia de Dios, la soledad, la muerte...). Fecha clave es el año 1944 en que se publica "Hijos de la ira" de Dámaso Alonso ("Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres") y"Sombra del Paraíso" de Vicente Aleixandre, así como la creación de la citada revista"Espadaña" (1944).

En este grupo destacan: EUGENIO DE NORA, VICTORIANO CREMER, GABRIEL CELAYA, BLAS DE OTERO, CARLOS BOUSOÑO, JOSÉ HIERRO.

VANGUARDISMO. Además de los dos polos señalados (poesía arraigada y poesía desarraigada), hay escritores que intentan enlazar con la generación del 27 (el grupo "Cántico" de Córdoba) y con el surrealismo: la revista "Postismo" -abreviatura de postsurrealismo- de Carlos Edmundo de Ory En la poesía surrealista el deseo se constituye en el motor del mundo. Los principales recursos estilísticos son metáforas encadenadas que tienen su base en el sueño, la alucinación y el subconsciente.

IV. AÑOS 50: POESÍA SOCIAL

Hacia 1955 se consolida -en todos los géneros- el llamado «realismo social». De esa fecha eran dos libros de poemas que marcan un hito: Pido la paz y la palabra de BLAS DE OTERO y Cantos iberos de GABRIEL CELAYA. En ellos, ambos poetas superan su anterior etapa de angustia existencial, para situar los problemas humanos en un marco social. Su estela será seguida por muchos de los que antes se inscribían en la «poesía desarraigada»:

En cuanto a la temática, hay que destacar la gran proporción que alcanza el tema de España, más obsesivo aún que en los «noventayochistas» y con un enfoque distinto (más político). Dentro de la preocupación general por España y del propósito de un «realismo crítico», se sitúan temas concretos que resultan paralelos a los que vimos en la novela y en el teatro de la misma tendencia: la injusticia social, la alienación, el mundo del trabajo, el anhelo de libertad y de un mundo mejor. No hará falta insistir sobre ello.

Estilísticamente se trata de una poesía que emplea un lenguaje claro de tono coloquial, pues va dirigida «a la mayoría».
Las tres figuras relevantes de este periodo son: José Hierro, Gabriel Celaya y Blas de Otero.

V. AÑOS 60 Y 70

A finales de los cincuenta apareció un grupo de poetas que, sin dejar los temas sociales, buscaba unamayor elaboración del lenguaje poético y un desplazamiento de lo colectivo a lo personal. Para ellos el poema es un instrumento que permite al ser humano -y, por tanto, al poeta-conocer el mundo, conocerse a sí mismo. Son los poetas conocidos como la Promoción de los sesenta: Ángel González,Jaime Gil de BiedmaJosé Ángel Valente, Francisco BrinesClaudio Rodríguez (1934)...
Se puede establecer una temática común a todos ellos:

* La reflexión sobre el paso del tiempo (el tiempo pasa y destruye; sólo la infancia y la adolescencia se verán como un paraíso perdido);
* El amor como cauce del erotismo y la amistad;
* La reflexión sobre la creación poética.
* En algunos poemas tratan asuntos de tema social y político, pero tratados con ironía, un cierto distanciamiento autocrítico y una mayor perfección estilística.

En el estilo es muy visible que el lenguaje conversacional, «hablado», es compatible con una exigente labor de depuración y de concentración de la palabra. Cada poeta se propone la búsqueda de un lenguaje personal, nuevo, más sólido. Sin embargo, no les tientan las experiencias vanguardistas. Frecuentemente recurren al empleo de la ironía

VI. LOS AÑOS 70: los Novísimos

Preocupación por la forma y el lenguaje; ruptura con la cultura tradicional e inspiración en el mundo del cine, el deporte, televisión, cómic, canciones, incorporación de referencias muy cultas a obras y autores extranjeros (Se les llama los culturalistas; y también "los venecianos" por su gusto por ciudades como Venecia).

El nombre procede de una antología publicada en 1970 por el crítico José María Castellet con el título"nueve novísimos poetas españoles" que incluía a: Pere Gimferrer (la principal figura), Guillermo CarneroFélix de AzúaAntonio Martínez Sarrión, Manuel Vázquez Montalbán, Leopoldo Mª Panero, Ana María Moix, Vicente Molina Foix y José Mª Álvarez.
Al culturalismo se incorporan nuevos nombres como Luis Alberto Cuenca y Luis Antonio Villena.

jueves, 25 de mayo de 2017

LITERATURA ESPAÑOLA ENTRE 1940 Y 1975 (NARRATIVA)

I. MARCO HISTÓRICO

La Guerra Civil española supuso una ruptura en la evolución de la cultura con respecto a las corrientes europeas. Tras el conflicto bélico el panorama cultural se ve condicionado por las siguientes circunstancias:

·        España queda sumida en un profundo aislamiento tanto cultural como político: se   cerraron las fronteras a toda influencia que pudiera ser nociva para el orden político establecido por la dictadura y se instauró un fuerte aparato de control y censura de las publicaciones. En este sentido, cualquier propuesta artística debía tener el beneplácito de los poderes eclesial y político.

·        Los escritores jóvenes carecen de modelos estéticos. La generación del 27, que se hallaba en plena madurez creativa, se deshace bruscamente: Federico García Lorca es fusilado durante la Guerra Civil; otros autores parten al exilio (Salinas, Cernuda, Guillén, Alberti). Los pocos que se quedaron en España (Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso) se convierten en prácticamente los únicos referentes para los creadores de posguerra.

·        Juan Ramón Jiménez continúa siendo un referente literario vivo, aunque su estética empieza a ser superada por otras formas y temas poéticos, más próximos a la compleja realidad social.

·        La escasa producción literaria nacional favorece el auge de las traducciones de autores pocos comprometidos para llenar el hueco editorial.

·        El también bélico que caracteriza al momento histórico genera, en el plano literario, tendencias al escapismo (la comedia evasiva) o la temática de guerra exaltando al bando vencedor.

·        En los años cincuentas se observan ciertos cambios socioeconómicos que anuncian una incipiente apertura del régimen franquista que se extiende hasta la década de los sesenta. Se producen migraciones del campo a la ciudad, lo que provoca el nacimiento de barrios obreros y suburbios, ambientes ampliamente retratados en la literatura del momento. Todo ellos originará la aparición de nuevas tendencias en el panorama literario español, al generalizarse una mayor preocupación por problemas de índole social. Por otra parte, España se incorpora lentamente a organismos internacionales, como la ONU (1955), y se observa una tímida liberalización intelectual.

·        Los años sesenta representan el comienzo de cambios sustanciales en la vida social, económica y cultural de España. El tímido aperturismo que ya se vislumbró en la década anterior se confirma y da paso a una época histórica caracterizada por una mayor presencia de nuestro país  en el ámbito europeo y mundial. Al desarrollo económico, impulsado por la industrialización y el aumento del turismo, se une el incremento de contactos con el exterior y cierta flexibilidad en el control de la censura. Con todo, autores como Juan Goytisolo o Juan Marsé ven prohibidas algunas de sus novelas.

II. LA LITERATURA EN EL EXILIO

Un estudio que no contemplase la aportación de los autores que hubieron de salir de España por motivos políticos sería incompleto, pues la labor literaria de los exiliados redundará, a la larga, en beneficio del desarrollo de nuestras letras. La nostalgia de España y la desazón por la derrota republicana se convierten en temas comunes. Del mismo modo, podemos señalar que estos autores exiliados integran a la perfección escenarios, estilos y costumbres de los lugares a los que llegan (Francia, México, Estados Unidos…).

II. I. NARRATIVA.

Los narradores en el exilio conforman un grupo extremadamente heterogéneo. Estos narradores mezclarán el tema del dolor por la guerra y la patria perdida (a menudo idealizada) con las técnicas propias del Realismo y la humanización de la novelística anterior al conflicto bélico, junto a los experimentos más vanguardistas.

·        Ramón J. Sénder. Autor de Crónica del alba (1942-1957) y Réquiem por un campesino español (1960), destaca por sus novelas de corte clásico.

·        Max Aub. Creador de la serie El laberinto mágico (1938-1968). Se trata de obras basadas en la Guerra Civil, compuestas por un lenguaje exquisito.

·        Rosa Chacel. Novelista innovadora y partidaria de un estilo vanguardista. Su obra más representativa es La sinrazón (1960).

·        Franciscon Ayala. Este granadino es el creador de una novela caracterizada por el preciosismo técnico y estético, con una intensidad conceptual sorprendente, su obra fundamental es Los usurpadores (1949).

II.II LÍRICA

La mayoría de poetas exiliados procede de la generación del 27 (Guillén, Salinas, Cernuda, Alberti). También vivió en el exilio hasta su muerte Juan Ramón Jiménez. Muchos de ellos cultivan temas recurrentes en torno al paraíso perdido, la armonía rota por la guerra, el paso del tiempo y la muerte. Otros poetas reseñables son:

·        José Moreno Villa. Definido como el poeta de la nostalgia, es conocido por La noche del Verbo (1942).

·        León Felipe. Se trata de un autor inclasificable y, con frecuencia, injustamente olvidado. Maestro del versículo, dedica poemario cargados de dolor a la España de los derrotados como Español del éxodo y del llanto (1939).

II.III TEATRO

Además de los autores del 27 (Salinas y Alberti escriben por estos años un teatro muy interesante), destaca la labor realizada por multitud de dramaturgos españoles exiliados en América, que lamentan la distancia de la patria. Tal es el caso de Alejandro Casona (La dama del alba, 1944) o Max Aub (Morir por cerrar los ojos, 1944).

III. NARRATIVA DE POSGUERRA

La Guerra Civil provoca una fisura muy profunda con la tradición anterior: quedan rotas o abandonadas las tendencias renovadoras y experimentales impulsadas por Unamuno o Valle-Inclán y las propuestas novecentistas no tienen continuadores. En cambio, se observa cierta relación entre la novela de posguerra y el Realismo del siglo XIX. Es esta una tendencia que ya se había manifestado en los años de preguerra en autores como Ramón J. Sénder, pero cuyos frutos habían sido silenciados por la represión cultural que supuso la censura.

III. I. LOS AÑOS CUARENTA: EL REALISMO TREMENDISTA

Aunque se amplían los temas literarios con relación a los años de guerra, los años cuarenta están marcados por las consecuencias del conflicto. Conviven por entonces diversas tendencias: a las notas triunfalistas, el deseo de evasión (principalmente en el ámbito teatral) o el retorno al formalismo clásico (sobre todo entre los poetas), pronto se une una literatura inquietante y cargada de angustia, presente –por ejemplo- en la poesía desarraigada de Blas de Otero o Gabriel Celaya, o en novelas como La familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo José Cela y Nada (1945) de Carmen Laforet. En esta última línea predomina el enfoque existencial que suele ser producto de las posguerras, así como una incipiente preocupación social, no fácilmente perceptible debido a la dura censura de estos años.

Desde un punto de vista técnico, la época está marcada por cierta desorientación y por la búsqueda de cauces por los que pueda transcurrir una literatura acorde con el momento que se vive (realismo barojiano, novela psicológica, heroica, poética, simbolista…). Esta situación incierta se ve agravada por la desconexión con el pasado literario inmediato: se “secuestran” las novelas existenciales de preguerra y se desconocen las obras de los exiliados; la novela novecentista (deshumanizada) se encuentra muy alejada temáticamente de los tensos momentos que se viven. Solo Baroja parece conectar con las preocupaciones de estos autores.

Sin embargo, a pesar de las dificultades propias del momento (guerra, exilio, incomunicación, censura, falta de modelos…), el género va renaciendo paulatinamente de la mano de escritores notables como Miguel Delibes, Camilo José Cela, Carmen Laforet, Ana María Matute… Hay cada vez más lectores y se fomentan los concursos literarios (como el premio Nadal).

Una de las primeras líneas de estos años fue el llamado tremendismo, inaugurado por Camilo José Cela con su novela La familia de Pascual Duarte. En esta breve pero intensa narración, Cela ofrece una agria visión de los aspectos más míseros y brutales de la realidad. La obra triunfó rápidamente y la fórmula propuesta, consiste en desquiciar la realidad en un sentido violento y en presentar sistemáticamente hechos desagradables e incluso repulsivos, fue muy imitada (Miguel Delibes en La sombra del ciprés es alargada, si bien con una honda religiosidad, o Ana María Matute en Los Abel).

III. II. LOS AÑOS CINCUENTA: EL REALISMO SOCIAL
“Hacia 1951 la literatura española, andadas  ya la trochas del tremendismo, dio un giro a su intención y empezó a andar la senda del realismo objetivo”. Con estas palabras, Camilo José Cela señalaba el cambio de rumbo que afectaría a la narrativa española en los años cincuenta. 1951 es el año de publicación de La colmena, segunda obra de Cela, con la que se inicia el decenio marcado por la estática del realismo social, que supondría el enriquecimiento de nuestro panorama novelesco. Siguen publicando autores de la época anterior (Miguel Delibes, El camino en 1950 y Mi idolatrado hijo Sisí  en 1953), pero se producen hechos significativos que nos permiten hablar de una nueva etapa: tímida apertura al exterior, migraciones del campo al exterior…

Surge una generación de narradores  que comparten principios ideológicos temáticos y formales, elk objetivo de estos novelistas consiste en ofrecer el testimonio de la realidad española desde una conciencia ética y cívica. Además, que la palabra sirva de estímulo para el cambio social (la literatura se concibe como un arma política), aunque son pocos los que adoptan una postura extrema (pues hubiera llevado a la censura, al exilio o a la cárcel); por ellos la mayoría opta por moderar la denuncia para que llegue al mayor número de lectores.

El relato trata de reflejar de modo objetivo la realidad. Así, el narrador no comenta los hechos que relata ni se implica en ellos: se limita a presentar escenas, personajes y hechos como si fuera una cámara cinematográfica. A esta forma de narra se le denomina objetivismo. Mediante esta técnica se persigue, además de adoptar una nueva posición narrativa, eludir en cierta medida la censura. A esta tendencia pertenece Ignacio Aldecoa, Jesús Fernández Santos, Rafael Sánchez Ferlosio, Ana María Matute o Carmen Martín Gaite.

Se han señalado diversos precedentes de la literatura objetivista: el neorrealismo italiano (sobre todo el cinematográfico: Vittorio de Sica o Visconti), algunos escritores americanos de la llamada generación perdida y, en menor medida, el nouveau roman francés. Entre los españoles, los críticos han hablado del influjo de Galdós y Baroja, y la admiración que despierta Antonio Machado.

El grado máximo de la técnica objetivista será el conductismo, en el que el narrador se limitará a registrar la pura conducta externa de individuos o grupos y a recoger sus palabras, sin comentarios ni interpretaciones; una muestra es, en alguna de sus partes, El Jarama (1955), de Rafael Sánchez Ferlosio.

Por otra parte, ciertos autores optan por una crítica más directa, en la que lo social es el contenido básico, a veces en detrimento de la estética tradicional. Este grupo lo constituyen, entre otros, José Manuel Caballero Bonald, Juan García Hortelano, Juan Goytisolo, Luis Goytisolo, Alfonso Grosso, Juan Marsé… La técnica empleada en sus obras ha sido denominada realismo crítico, que consiste en la denuncia de las desigualdades y las injusticias, no mediante la reproducción de la realidad sino a través de su explicación y análisis, descubriendo sus mecanismos más profundos. En estos autores es decisiva la influencia de los novelistas americanos de la generación perdida.

TEMAS Y ESTILO

Los temas recurrentes en estos novelistas son el desaliento, la insatisfacción, la soledad en medio de la sociedad, el recuerdo de la guerra y sus consecuencias. Indagan tanto en la España urbana como en la rural. Los principales campos temáticos de los escritores del medio siglo son:

·        La vida en el campo: Los bravos (1954) de Jesús Fernández Santos; Dos días de septiembre (1962) de José Manuel Caballero Bonald; La zanja (1961 de Alfonso Grosso.
·        El mundo del trabajo y las relaciones laborales: Central eléctrica (1958) de Jesús López Pacheco.
·        La ciudad: La colmena (1951) de Camilo José Cela.
·        La vida de la burguesía: Juegos de mano (1954) de Juan Goytisolo.

En general predominan en estas novelas los espacios abiertos: el campo, el mar, las aldeas, lo arrabales…

Los protagonistas son seres solitarios que viven aislados dentro de sus barrios o grupos. Es una soledad que nace de la desconexión entre ricos y pobres, campo y ciudad, pueblo y Estado. La razón última de esta soledad está en la división de los españoles, recrudecida por la guerra.

En estas obras de los años cincuenta destaca, pues, un desplazamiento de lo individual a lo colectivo: la sociedad española se convierte en tema narrativo.

El estilo se caracteriza por una deliberada pobreza léxica y por una tendencia a recoger los aspectos más superficiales de los registros lingüísticos  populares o coloquiales. No obstante, no es un estilo descuidado, pues en bastantes obras se muestra un notable interés por lo formal. Estos autores aportaron novedades, pero el contenido es prioritario frente a la experimentación técnica.

III. III LA NOVELA EXPERIMENTAL: SUPERACIÓN DEL REALISMO.

Se considera 1962 como la fecha de inicio de esta nueva etapa en la narrativa española. En este año se publican Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos, y La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa, obras con las que asistimos, por otra parte al boom de la narrativa hispanoamericana. Tras ciertas reticencias, puede decirse que las formas se imponen hacia 1966.1967, y se da fin al realismo social.

El cambio se vio impulsado con la incorporación de figuras consagradas de la generación del 36 (Camilo José Cela o Miguel Delibes) y de la década de los cincuenta (Juan Goytisolo). Básicamente, la renovación de la creación novelística se fundamenta en los siguientes factores:

·        Los lectores, que asisten a un nuevo panorama socio-económico, se sienten cansados de la novela social, centrada en los aspectos críticos y desinteresada en la forma. El propio Juan Goytisolo confirmaba la ineficacia de la literatura como arma para transformar el mundo: “Supeditando el arte a la política rendíamos un flaco servicio a ambas: políticamente ineficaces, nuestras obras eran, para colmo, literariamente mediocres; creyendo hacer literatura política, no hacíamos ni una cosa ni otra”.
·        El desengaño de la función social de la novela conduce a una renovación de los aspectos formales y a la recuperación de la imaginación y del subjetivismo, lo que favorece a los elementos líricos.
·        La irrupción de la novela hispanoamericana (con autores de la talla de Mario Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar, Borges o Sábato) y el conocimiento de la obra de autores exiliados contribuyen al florecimiento de esta nueva etapa.

En este período se habla de novela estructural o experimental, concepto que afecta a tres aspectos de la composición de la novela:

·        Relieve de la estructura formal (disposición en partes).
·        Indagación de la estructura de la conciencia personal (habitualmente del protagonista).
·        Exploración de la estructura del contexto social.

Este nuevo concepto de novela, basado en lo que se ha denominado deconstrucción (construcción a partir de la destrucción de los modelos anteriores), implica también transformaciones en todos sus elementos: acción, personajes, punto de vista, estructura, diálogos, descripciones.

CAMILO JOSÉ CELA

Nació en Iria Flavio (La Coruña). Realizó estudios de diversas carreras (Medicina, Filosofía y Letras y Derecho) pero no concluyó ninguna. Una enfermedad le hace pasar un largo período de reposo que dedicó a la lectura de nuestros clásicos. Tras el éxito de su primera novela, La familia de Casual Duarte, se dedica por entero a la literatura. En 1957 ingresó en la Real Academia Española. Recibe en 1984 el Premio Nacional de Literatura, en 1987 el Príncipe de Asturias, en 1989 el Premio Nobel de Literatura y en 1995 el Premio Cervantes.

Cela está considerado el iniciados del tremendismo con la publicación en 1942 de La familia de Pascual Duarte, uno de los principales acontecimientos novelísticos de la posguerra.

Su segunda gran obra, La colmena (1951), es un retrato fiel de la amarga realidad de la posguerra, condicionada por el hambre, el miedo y el sexo. La acción se desarrolla en Madrid, en los años cuarenta. No hay un único protagonista: por la novela desfilan alrededor de doscientos personajes. Se trata de un gran retrato social, una “novela coral” cuyos personajes se retratan hablando; sin embargo, no podemos hablar de conductismo, ya que las intervenciones del narrador, llenas de humos y de ternura, nos lo impide. Está en el límite entre lo existencial y lo social, y supone el inicio de la novela social de los cincuenta.

A partir de los años 60, Cela se suma a las corrientes renovadoras de estos años. Así, publica San Camilo, 1936 (1969), un monólogo interior situado en Madrid a comienzo de la Guerra Civil. Esta obra recoge lo más sórdido y oscuro de la ciudad, la violencia y, sobre todo, el sexo. Oficio de tinieblas (1973) continúa n esta línea de innovación. Su última novela, Madera de boj (2000), plasmó el mundo interior del novelista.


MIGUEL DELIBES

Cursó estudios de Derecho, Periodismo y Comercio (materia en la que ejerció como catedrático), aunque comenzó trabajando como caricaturista y empleado de banca. Escribió en el diario El Norte de Castilla, publicación de la que llegó a ser director. En 1947 gana el Premio Nadal por La sombra del ciprés es alargada. Con la publicación de El camino (1950) se consagra definitivamente como escritor. En 1954 obtiene el Premio Nacional de Literatura por su novela Diario de un cazador. A partir de ahí se suceden los premios y reconocimientos por su labor, así como el dictado de conferencias por todo el mundo. Ingresó en la Real Academia Española en 1973; en 1982 obtiene el Premio Cervantes y en 1993 el Príncipe de Asturias.


OBRA

Miguel Delibes está considerado como el máximo representante del realismo intimista. En una primera etapa de su producción, aborda los temas de la tristeza y la frustración. Buen ejemplo de ello es La sombra del ciprés es alargada (1947), novela preocupada por lo humano, de profunda hondura psicológica, cuidadas descripciones del paisaje y diálogos expresivos. En su segunda etapa escribe El camino (1950), Las ratas (1952) o Mi idolatrado hijo Sisí (1953), entre otras obras, todas ellas novelas representativas del realismo social. Las dos primeras se enmarcan en el medio rural, la tercera narra las costumbres y la mentalidad de la burguesía provinciana.

La obra cumbre de Delibes, Cinco horas con Mario (1966), es el largo monólogo de una mujer que vela a su marido recién fallecido. Dos sentimientos se baten en su interior: la culpabilidad por un adulterio (deseado pero no cometido) y la frustración, pues cree que su marido la apartó injustamente. En 1982 aparece Los santos inocentes sobre la degradación que sufre una familia rural explotada por los señores-amos de un cortijo de Extremadura.

ESTILO

Delibes se caracteriza por su capacidad para construir personajes, reflejar ambientes y por su dominio del léxico y de registros lingüísticos variados, en especial del habla popular, con el que alcanza sus más altas dosis expresivas.

ANA MARÍA MATUTE

Ha sido una de las escritoras más premiadas del siglo XX: recibe una mención especial en el Premio Nadal en 1947 por Los Abel, Premio Café Gijón 1952 con Fiesta al noroeste, Premio Planeta 1954 con Pequeño teatro, Premio de la Crítica 1958 y Premio Nacional de Literatura 1959 con Los hijos muertos, Premio Nadal 1959 con Primera Memoria, y un largo etcétera. En 1966 publicó uno de sus mayores éxitos, Olvidado rey Gudú. En 2008 salió a la luz su novela Paraíso inhabitado. Está considerada como la mejor novelista española de la posguerra. Murió en 2014.

OBRA

Ana María Matute es una escritora personal e independiente (“Escribo a mi aire, y pare usted de contar”, afirmó en una ocación); se aprecia en ella una tendencia a presentar la realidad transformada por su propio punto de vista. Su obra está marcada por el pesimismo y dominan en su producción los tonos trágicos y sombríos. Deja ver los problemas sociales y la situación del hombre en la realidad cotidiana.

Podemos clasificar la obra de Ana Maria Matute en dos grandes bloques:

·        Obras de tono realista, como Pequeño teatro, Los Abel, Fiesta al noroeste, Los hijos muertos, Primera memoria, en la línea estudiada de la novela de posguerra, si bien con un tono siempre personal, ya que a veces manipula la realidad en beneficio de la narración.
·        Obras de contenido fantástico, entre las que se incluyen muchas de sus narraciones breves (La torre vigía, El tiempo…) y otras extensas (Olvidado rey Gudú). Algunas están destinadas al público infantil y juvenil.

ESTILO

Se ha valorado siempre en su obra la riqueza de la adjetivación y su capacidad para crear imágenes sugerentes, sensoriales y plásticas.

RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO

Nace en Roma, de padre español y madre italiana. Comenzó su andadura literaria con Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951), la historia de un niño que es expulsado de la escuela por escribir en un alfabeto ininteligible. Con El Jarama obtuvo el Premio Nadal en 1955. tras estas dos obras se dedica a la reflexión crítica. Es también autor de relatos como Y el corazón caliente, y de artículos periodísticos. En 2000 obtienen el Premio Cervantes.

Alfanhuí, la obra con la que Sánchez Ferlosio se da a conocer, narra las aventuras mágicas y las visiones del mundo del niño que da título a la novela. Puede considerarse como un antecedente del realismo mágico hispanoamericano, que tendrá enormes repercusiones en la narrativa española de los años sesenta.

El Jarama es una muestra representativa de los rasgos principales de la narrativa de los años cincuenta: personaje colectivo, técnica cinematográfica y trascripción del lenguaje coloquial. En la novela domina casi por completo el diálogo.