martes, 28 de febrero de 2017

VALLE-INCLÁN: OBRA DRAMÁTICA - LUCES DE BOHEMIA





I. VIDA Y PERSONALIDAD

Ramón Valle Peña nació en Villanueva de Arosa, Pontevedra, en 1866. Sin terminar sus estudios de Derecho, marcha a Méjico (1892) y de  regreso a Madrid (1893) se hace pronto célebre entre la bohemia finisecular con le sonoro nombre de Ramón María del Valle Inclán. Extravagante y pintoresco, se abre paso en los círculos literarios madrileños donde se empapa de las nuevas corrientes estáticas y se convierte en una de los principales adalides del Modernismo. Se casa con la actriz Josefina Blanco en 1907, con cuya compañía teatral viaja nuevamente a América como director artístico. Durante la Primera Guerra Mundial se declara aliadófilo, e incluso llega a figurar como corresponsal de guerra en el frente francés. En 1917 se le nombra catedrático de Estética en la Escuela de Bellas Artes, pero pronto deja el empleo y se dedica en exclusiva a su tarea literaria pese a que la situación familiar no era muy holgada. En 1921 visita nuevamente México y a llí muestra su admiración por la revolución mexicana. Se opuso después a la dictadura de Primo de Rivera, a la que satirizó expresamente en 1927 en La hija del capitán. En 1929 llegó a ser encarcelado por negarse a pagar una multa rtas unos incidentes en el Palacio de la Música. Durante la Segunda  República, es director de la Academia Española de Roma, de donde vuelve en 1935 enfermo de cáncer para morir en Santiago de Compostela en 1936.


Según Ramón Gómez de la Serna, Valle-Inclán era “la mejor máscara a pie que cruzaba la calle de Alcalá”. Su figura es inconfundible: manco, con melena y largas “barbas de chivo”, chambergo y chalina. Pero por debajo de su excentricidad bohemia se oculta esa entrega rigurosa a su trabajo de escritor y una arrogante persecución de formas nuevas. 



Políticamente, comenzó adscrito al tradicionalismo: “Yo soy carlista por estética -decía. El Carlismo tiene para mí la belleza de las grandes catedrales”. En realidad, formado en una sociedad rural arcaizante, se apega a los viejos valores por aversión al mundo burgués, que considera mecanizado y feo. Pero, a partir del 1915, da un giro radical y adopta ideas revolucionarias. Su experiencia directa en la guerra mundial, la Revolución Rusa y, en general, la crisis de la sociedad española y europea del período de entreguerras, lo llevan a una radicalidad política cada vez más a la izquierda. En 1920 llega a decir:

“Qué debemos hacer? Arte, no. No debemos hacer arte ahora, porque jugar en los tiempos que corren es inmoral, es una canallada. Hay que lograr primero una justicia social.”

Valle-Inclán junto al pintor Julio Romero de Torres

Sin embargo, como no podría ser de otro modo, Valle-Inclán siguió escribiendo literatura durante los años siguientes, pero una literatura estéticamente revolucionaria y, a menudo, con fuerte acento social.

II. SU OBRA DRAMÁTICA

Aunque escribió poesía (en la línea modernista de los primeros años, Aromas de leyenda; en la esperpéntica, La pipa de kif) y narrativa (durante toda su trayectoria literaria: desde las cuatro Sonatas modernistas, hasta la esperpéntica Tirano Banderas), Valle-Inclán es, antes que nada, un autor teatral. Como tal, su obra dramática supuso una auténtica revolución en el panorama escénico español. Algunas de las nuevas vías dramáticas iniciadas por Valle-Inclán continúan, de hecho, todavía vigentes en la actualidad.

Comienza su producción dramática en 1899 y acaba en 1927. La constante a lo largo de estos casi 30 años es la voluntad de ruptura formal y temática respecto a la dramaturgia realista que era en aquellos años era la que triunfaba. Como en el resto de su obra, Valle-Inclán cuida al máximo el texto literario, tanto el diálogo como las acotaciones, cobrando especial relevancia las discalias puestas en boca del narrador o de personajes que describen y participan en la escena. El conjunto de las obras teatrales de Valle-Inclán se desarrolla a través de varios ciclos, en los que nuestro dramaturgo evoluciona e innova constantemente.

A)   ETAPA MÍTICA O DEL PRIMITIVISMO. En las obras de esta etapa ensaya un nuevo camino del iniciado con el Modernismo: el primitivismo. La violencia, la crueldad, la barbarie (Comedias bárbaras), la destrucción, la brutalidad, las pasiones desbordadas, así como el mundo rural con sus leyendas, mitos, ritos mágicos y supersticiones son rasgos comunes. Todas ellas responden al espíritu iconoclasta e inconformista, subversivo, del autor frente a las convenciones sociales y literarias de la época.

B)   ETAPA DEL DISTANCIAMIENTO ARTIFICIOSO. Durante la segunda década del siglo, Valle- Inclán escribe casi exclusivamente obras teatrales, en su mayor parte en verso. No se trata de teatro poético modernista (tan en boga en la época)  sino de diversos experimentos dramáticos con los que el autor crea un mundo artificioso, muy literario y estilizado. Cuento de abril; La princesa Rosalinda; y varias las farsas. En todas busca inspiración temática y formal en la tradición teatral clásica y recrea ambientes y motivos literariamente tópicos, con personajes estereotipados ya propensos a la caricatura.


C)   ETAPA EXPRESIONISTA. Se incrementan los rasgos expresionistas influido el cine expresionista alemán. El expresionismo es el nombre que se le da a un grupo de producciones cinematográficas con ciertos aspectos en común. Este estilo de hacer cine tiene su correspondencia con la corriente expresionista, llamada así por contraste con la corriente impresionista del siglo XIX en pintura, es decir, con aquel tipo de pintura en la que prima la «expresión subjetiva» sobre la representación de la objetividad, (Ernst Lubitsch, Fritz Lang, Robert Wiene, Friedrich Murnau). En las obras de Valle se visualiza esta estética en el tratamiento de los personajes. Divinas palabras representa esta etapa, la tragicomedia de un enano hidrocéfalo en el que ya se detecta el esperpento.

Divinas palabras, José Luis García Sánchez (1987)

D)   LA ETAPA DE LOS ESPERPENTOS. En las farsas de 1920 los personajes ya son marionetas grotescas, y en Divinas palabras ya aparece lo sórdido y miserable, los personajes tarados y deformes física y moralmente, una estética próxima al feísmo expresionista, pero será en Luces de bohemia y la posterior Los cuernos de don Frioleras en donde el autor desarrolla el llamado “esperpento”, ya en  un teatro radicalmente alejado de la convencional escena española de su tiempo.

III. EL ESPERPENTO

En boca de Valle-Inclán, el esperpento es “el héroe clásico visto en un espejo cóncavo”. Se trata de la mirada oblicua de la realidad, débito vanguardista que busca una nueva perspectiva de la realidad y la enfoca con un objetivo subjetivo evitando así las relaciones lógicas para crear una realidad radicalmente distinta. Pero Valle no distorsiona la realidad hacia los cánones vanguardistas de lo absurdo, lo feo, lo intranscendental, sino hacia lo grotesco, lo hiperbólico con un profundo sentido crítico. Valle no entiende el esperpento como un recurso lúdico de la expresión artística, sino como un recurso que lo compromete con la sociedad. La realidad de España a Valle le parece esperpéntica, la realidad social, política y cultural son vistas desde el prisma deformado que reproduce la verdad de la realidad.

El esperpento se consigue al fusionar lo humano y lo animal, lo onírico y lo consciente, lo sublime y lo vulgar, concebir a los personajes como títeres o caricaturas con la intención burlesca, satírica y paródica de la realidad. Este modo de deformar la realidad es considerada la aportación más novedosa del autor y su obra, si bien no hay que creer que esta técnica es exclusiva de Valle, existe una tradición anterior y coetánea al autor de esta tendencia:  En pintura: El Bosco, Goya, Munch y, contemporáneo de Valle, Solana; en literatura, Quevedo.

Él concibe estas obras (Luces de bohemia y Los cuernos de don Frioleras) como novelas dramáticas, un género híbrido que se aleja de los cánones estructurales del teatro en división de actos. A pesar de ello, han sido llevadas a escenas en multitud de ocasiones hasta la actualidad por haber transcendido a su época y estar absolutamente vigentes y modernas.

En LOS CUERNOS DE DON FRIOLERAS (1921) parodia el tópico del honor calderoniano, reiterados en su tiempo hasta la saciedad en melodramas de su tiempo como los de Echegaray. Don frioleras es un teniente de Carabineros que desea vengas las supuestas infidelidades de su mujer (que el espectador sabe que no son tales), pero cuando intenta matarla a la que asesina es a su inocente hija. El protagonista, más aun que el Max Estrella de Luces de bohemia deformado en los espejos cóncavos, resulta doblemente degrada en el espejo de los títeres por el bululú que contempla la farsa giñolesca de los dos personajes y el epílogo que cierra la obra a modo de romance de ciego.



IV. LUCES DE BOHEMIA

Luces de bohemia apareció publicada en entregas semanales en la revista España en 1920. Cuatro años después, en 1924, se editó el libro con significativas variaciones: supresiones y adiciones que dotan de mayor expresividad a la obra e intensifican su carácter crítico.

A) ESTRUCTURA. Luces de bohemia se compone de quince escenas, aparentemente inconexas, pero que pueden agruparse en dos partes: las doce primeras se estructuran en torno a la idea de un viaje de kis dos personajes principales, Max Estrellas y Latino de Híspalis, por el Madrid nocturno, y las tres últimas constituyen un epílogo tras la muerta de Max Estrella.

La escena con la que se inicia la obra presenta al protagonista, Max Estrella, un poeta ciego, en una buhardilla donde vive miserablemente con su mujer y su hijas. Allí llega Latino, quien recoge a Estrella, y se disponen a salir a la calle. Las diez escenas siguientes, que permiten a Valle-Inclá, ofrecer una visión general de la sociedad de la época, se desarrolla en diferentes ambientes: en la librería con aire de cueva de Zaratutra, dentro de la oscura taberna Pica Lagartos, enana calle frente a la puerta de una buñolería, en el zaguán del Ministerio de la Gobernación. En un calabozo, en la redacción de un periódico, en el Ministerio de la Gobernación con el mismísimo ministro, en un café, en un paseo con jardines y en una calle del Madrid de los Austrias. Son múltiples escenarios poblados de gente diversas, pintadas de modo grotesco que forman un mundo degrado que hunden en la amargura y en la desesperación a Max Estrella. En la escena XII, finaliza la peregrinación del protagonista, quien se despide exponiendo la teoría del esperpento, y muere en el portal de su casa abandonado por Latino. Estas doce escenas en las que la movilidad es constante, transcurren en apenas unas horas, desde el crepúsculo hasta el amanecer del día siguiente, lo que dota de gran cohesión al conjunto.

De esta manera, las doce escenas tienen un carácter circular: Max sale de su casa y vuelve a ella a morir. A lo lardo de las diez escenas centrales, Estrella toma progresivamente consciencia de la realidad española.

Las escenas finales constituyen en conjunto un epílogo. La XIII describe el velatorio de Max Estrella, la XIV se desarrolla en el cementerio en donde lo han enterrado y en la XV la acción vuelve a la taberna de Pica Lagartos. Allí nos enteramos de la mujer y la hija de Max Estrella se han suicidado, con lo que de nuevo se remite de forma circular a la escena I, cuando el protagonista comentaba a su esposa la posibilidad de suicidarse para acabar con sus vidas miserables.

B) PERSONAJES. Luces de bohemia está poblada de numerosos personajes, unos cincuenta. Precisamente, la utilización del personaje colectivo se suele destacar como un rasgo del esperpento.

Los personajes más destacados se inspiran en seres reales: Max Estrella retrata a Alejandro Sawa, escritor bohemio casado con una mujer francesa de la que tuvo una hija, detalles éstos y otros que incorpora Valle-Inclán a su obra. Don Gay Peregrino es el escritor Ciro Bayo; Zaratustra es el librero Pueyo, editor de los modernistas; el Ministro es Julio Burell; Mateo, el obrero catalán con quien comparte calabozo Max Estrella, está inspirado en la figura de Mateo Morral, el anarquista que en 1906 tiró una bomba en la boda de Alfonso XIII. Lo significativo es que hay un mundillo tomado de la realidad inmediata, que, junto con referencias a acontecimientos y personajes relevantes del momento (Unamuno, Alfonso XIII, Pastora Imperio, Joselito…) y con  alusiones múltiples a noticias y dichos de la época, proporcionan cierto aire de crónica a la obra.

En general, la mayoría de los personajes están caracterizados de forma esperpéntica, son figuras grotescas de monigotes de un teatro de guiños que  asimilan los comportamientos humanos. Son personajes ridículos, con apariencia distorsionada, a veces animalizados o cosificados, y otros meros fantoches, de los cuales se sirve el autor para mostrarnos una visión desgarrada de España.

Max Estrella es un poeta ciego, se encuentra en la miseria y está marginado como escritor. Pertenece a la bohemia heroica que el propio Valle-Inclán había vivido: una forma de ser artista caracterizada por una concepción aristocrática, y, al mismo tiempo, anarquista del arte, que desprecia la mercantilización de la obra artística y que muestra una actitud antiburguesa frente a la vida. Así describe Rubén Darío a Alejandro Sawa: “Estaba impregnado de literatura. Hablaba en libro. Era gallardamente teatral. “

Por momentos, Max adquiere grandeza y perfiles trágicos. Y en realidad, como en los héroes de las tragedias clásicas, el destino fatal se cierne sobre él. Precisamente, las diversas referencias a la cultura clásica vienen a reforzar esta configuración del destino trágico del héroe.

Pero la sociedad que lo rodea es tan cruel y grotesca que convierte su vida heroica en una existencia patética y absurda. Acaba de ser consciente de ello poco antes de morir.  A lo largo de la obra, Max entiende que esa realidad grotesca lo supera, y aunque trata de mantener su autenticidad y sus valores, ve cómo el mundo bohemio resulto ridículo e inútil, y siente necesario el compromiso social.

Don Latino es el cínico lazarillo que acompaña a Max, es un ser ruin y mezquino, caracterizado como un fantoche. En realidad constituye un sardónico alter ego, una contrafigura, del propio Max Estrella, y juntos vienen a representar lo mejor y lo peor del mundo de la bohemia.

En una obra como Luces de bohemia, en el que la propia literatura se constituye en un tema importante, es necesario destacar la presencia de dos personajes: Rubén Darío y el marqués de Bradomín. El primero es el gran escritor modernista,  muy apreciado por Valle-Inclán; el segundo es el protagonista de las Sonatas, novelas escritas por Valle-Inclán siguiendo la estética modernista. Ambos representan el mundo ya ido de la bohemia dorada.

C) TÉCNICA DRAMÁTICA Y LENGUAJE.

Luces de bohemia fue la primera obra a la que Valle-Inclám asignó el término “esperpento”. Esta nueva concepción del arte supone una intención realista, ahora bien, dadas las características de la realidad española del momento, ese realismo exige una distorsión que muestre auténticamente dicha realidad en sus verdaderas dimensiones.  Despu´çes de la huida a mundos idealizados y refinados, de las exquisiteces modernistas propias de la parte de su producción artística, Valle-Inclán da un giro y se encara con la sociedad grotesca que lo rodea, y para adecuar la estética a ese objeto, renuncia al realismo decimonónico del espejo plano y nos hace mirar el mundo por otro espejo, el que está “en el fondo del vaso”.

La nueva morada no nos descubre seres humanos, sino seres grotescos, “muñecos”, como decía el propio autor. Valle-Inclán se detuvio a explicar que “hay tres modos de ver el mundo artística o estéticamente: de rodillas, en pie o levantado en el aire.” En el primero los personajes son vistos como héroes o seres superiores, en el segundo “como de nuestra propia naturaleza”, y en el tercero desde arriba, “como seres inferiores al autor, con un punto de ironía. […] Quevedo tienen esa manera, Cervantes también, […]. También es la manera de Goya. Y esta consideración es la que me movió a dar un cambio en mi literatura y a escribir esperpentos.”

En la estética de Luces de bohemios es fundamental la utilización de contrastes. Pueden citarse como ejemplos más destacados las ocasiones en las que lo trágico se une a lo grotesco (el velatorio del protagonista, la desesperación de la madre con el niño muerto en contraposición con los personajes que la rodean…).

De la distorsión grotesca y de la caricatura de los personajes se desprende otro elemento del esperpento: el humor, que deriva a veces de una risa amarga y otras, con una fuerte carga crítica, en el sarcasmo.

Cabe destacar, por otro lado, el uso de las acotaciones. Su gran extensión, su carácter literario y su integración en los diálogos constituyen a dar a la obra esa ambigüedad de género entre novela y teatro.

El asombroso uso del lenguaje de Valle- Inclán ha sido siempre muy apreciado. El modo de hablar caracteriza de forma certera a los personajes, de ahí la variedad de tonos y registros. El contraste entre el lenguaje culto y el popular atraviesa toda la obra de acuerdo con la situación y el personaje. Se ha destacado, sobre todo, la recreación del habla plebeya y desgarrada que, por otra parte, tiene bastante de reacción contra el refinamiento modernista de los primero libros de Valle-Inclán. En  dicha recreación, que transciende el chiste y la ocurrencia superficial de los sainetes,  son muchos los recursos de los que se vale el autor: derivaciones con iteción irónica (vivales, frescales…), abreviaciones populares (Las Corres, don Latí), creaciones latinas de carácter burlesco ( guasíbilis, finolis), léxico callejero (apoquinar, melopea), expresiones arrabaleras y jergales (ser visitada por el nuncio “tener la menstruación”, coger a uno de pipi “engañar”, dar el pan de higos “mantener relaciones sexuales”), vocablos del caló (dar mulé “matar”, pirante “bribón”), madrileñismos (¡naturaza! “naturalmente”, papiro “billete”, guindilla “policía municipal”, panoli “incauto…).

D. CONTENIDO. Con Luces de bohemia Valle-Inckán nos acerca a la vida de la bohemia, que había sido para muchos artistas de fin de siglo más que una manera de vivir, fue una manera de entender el arte y la vida. La bohemia heroica, en una actitud de orgullo aristocrático, confinaba el Arte al mundo de la Belleza, fuera del alcance de la vulgar sociedad burguesa, cuyos valores despreciaba. Ese es el mundo en el que vive Max Estrella. Pero ese mundo tuvo su lugar y su sentido en el esplendor finisecular de la sociedad europea. En 1920 ep panorama ya es otro: el liberalismo burgués había conducido a la Primera Guerra Mundial dando paso a la inestabilidad y a la crisis, y la revolución bolchevique de 1917 alumbraba nuevos caminos. Entonces, Valle-Inclán dirige su mirada al entorno, y comprende que aquella forma bohemia de entender el arte y la vida, que había sido también la suya, había muerto, y decide componer una peculiar elegía: Luces de bohemia.

Romanticismo, bohemia, Modernismo…, se trata, pues, de un adió de Valle-Inclán a su propio pasado, de ahí la aparición del protagonista de las sonatas, el marqués de Bradomín, del cual dice en la cena con Rubén Darío: “¡Ha desaparecido del mundo”. Los nuevos tiempos hacen imposible la existencia superior del artista aristocrático y exquisito de fin de siglo: por un lado la bohemia heroica ha sido sustituida por la bohemia golfante y cínica de Latino o por el diletantismo vacuo y trasnochado de los “epígonos del pasado modernista”; y por otro lado los valores de ese estilo de vida han sucumbido ante el poder envilecedor de la sociedad burguesa.

El paralelismo con la creación cervantina es, desde luego, sugerente: Cervantes desmitifica la sociedad española de su tiempo sacando por sus tierras a un personaje lleno de ideales como anacrónico, un caballero andante fuera de su mundo, que tras su viaje, recupera el juicio y muere: Valle-Inclá caricaturiza la España de su época paseando por el Madrid nocturno a otra figura asimismo llena de ideales y anacrónias, un escritor bohemio fuera de época, que también, después de su “viaje”, comprende la sinrazón de su anterior vida y muere. En ambos casos hay una despedida de una forma de vid (la de caballero andante y la de bohemio) y un rechazo de una estética (idealismo evasivo de los libros de caballerías e idealismo evasivo del Modernismo.

La peregrinación de Max Estrella también simboliza un descenso a los infiernos. La parodia de la Divina Comedia de Dante resulta clara en la escena XI, donde Max Estrella reclama a Latino que lo saque de aquel círculo infernal, círculo del que no puede salir sino muerto

Las sátiras contenidas en Luces de bohemia abarcan toda la realidad española, desde lo que fue España antes primer cuarto del siglo XX (Felipe II, El Escorial, La Leyenda Negra, las colonias) hasta su contemporaneidad (la guerra de África, las revueltas sociales de 1917, la Semana Trágica). Valle Inclán denuncia el capitalismo de modo directo. Especialmente contundente es el ataque a las fuerzas policiales que representan el orden (“…están para defender el comercio que os chupa la sangre.”). Del mismo modo es criticada ácidamente la calamitosa política española, la cultura oficial… en definitiva todo el sistema. Y en contraste aparece el pueblo, miserable, hambriento y atropellado.

Todo y mucho más contiene Luces de bohemia, cuya estética e intención crítica harán emparentar a Valle-Inclán a toda la corriente renovadora del teatro, que arranca con B. Brech.

Luces de Bohemia, Miguel Ángel Díez (1985)


Apuntes elaborados por Rod a partir de anotaciones propias y del manual coordinado por Ignacio Bosque, LENGUA Y LITERATURA II, Akal, 1999. 

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