lunes, 27 de marzo de 2017

MODERNISMO: RUBÉN DARÍO Y MANUEL MACHADO



RUBÉN DARÍO

 CAUPOLICÁN (Azul, 1888)


   Es algo formidable que vio la vieja raza;
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules o el brazo de Sansón.
   Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro o estrangular un león.
   Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.
   "¡El Toqui, el Toqui!", clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo "Basta",
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.
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    SONATINA (Azul, 1888)
    La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

    El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión. [...]

    ¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar [...]

     ¡Pobrecita princesa  de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

    ¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
-la princesa está pálida, la princesa está triste-,
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

    -«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

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   El cisne en la sombra parece de nieve;
su pico es de ámbar, del alba al trasluz;
el suave crepúsculo que pasa tan breve
las cándidas alas sonrosa de luz.
   Y luego, en las ondas del lago azulado,
después que la aurora perdió su arrebol,
las alas tendidas y el cuello enarcado,
el cisne es de plata, bañado de sol.
   Tal es, cuando esponja las plumas de seda,
olímpico pájaro herido de amor,
y viola en las linfas sonoras a Leda,
buscando su pico los labios en flor.
   Suspira la bella desnuda y vencida,
y en tanto que al aire sus quejas se van,
del fondo verdoso de fronda tupida
chispean turbados los ojos de Pan.
(Azul, 1888)
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     Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo
botón de pensamiento que busca ser rosa;
se anuncia con un beso que en mis labios se posa
al abrazo imposible de la Venus de Milo.

     Adornan verdes palomas el blanco peristilo;
los astros me han predicho la visión de la Diosa;
y en mi alma reposa la luz como reposa
el ave de la luna sobre un lago tranquilo.

    Y no hallo sino la palabra que huye,
la iniciación melódica que de la flauta fluye
y la barca del sueño que en el espacio boga;

     y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,
el sollozo continuo del chorro de la fuente
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.
Prosas Profanas (1896-1901)


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   MELANCOLÍA


  Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas
ciego de ensueño y loco de armonía.
  Ese es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas cruentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.
Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
a veces me parece que el camino es muy largo,
y a veces que es muy corto...
  Y en este titubeo de aliento y agonía,
cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?
Prosas Profanas (1896-1901)  




MANUEL MACHADO

    ADELFOS


   Yo soy como esas gentes que a mi tierra vinieron
-soy de la raza mora, vieja amiga del sol-
que todo lo ganaron y todo lo perdieron.
Tengo el alma de nardo del árabe español.

   Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna...
De cuando en cuando un beso y un nombre de mujer.

    En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos...;
y la rosa simbólica de mi única pasión
es una flor que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color.

    Besos ¡pero no darlos!  Gloria.... ¡la que me deben!
 ¡Que todo como un aura se venga para mí!
Que las olas me traigan y las olas me lleven
y que jamás me obliguen el camino a elegir.

¡Ambición!, no la tengo. ¡Amor!, no lo he sentido.
No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve... Ya lo he perdido.
Ni el vicio me seduce ni adoro la virtud.

    De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.
No se ganan, se heredan, elegancia y blasón...
Pero el lema de casa, el mote del escudo,
es una nube vaga que eclipsa un vano sol.

   Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme
lo que hago por vosotros hacer podéis por mí...
¡Que la vida se tome la pena de matarme,
ya que yo no me tomo la pena de vivir! ...

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.
¡El beso generoso que no he de devolver!
 (Alma, 1899)
  __________________


Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde... El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.
   Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.
   Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,
  para mi amarga vida fatigada...
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar, el mar, y no pensar en nada!
(Alma, 1899) 
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 Yo, poeta decadente,
español del siglo veinte,
que los toros he elogiado,
y cantado
las golfas y el aguardiente...,
y la noche de Madrid,
y los rincones impuros,
y los vicios más oscuros
de estos bisnietos del Cid:
de tanta canallería
harto estar un poco debo;
ya estoy malo, y ya no bebo
lo que han dicho que bebía.
Porque ya
una cosa es la poesía
y otra cosa lo que está
grabado en el alma mía...
Grabado, lugar común.
Alma, palabra gastada.
Mía... No sabemos nada.
Todo es conforme y según.
(El mal poema, 1909-1924) 

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 LA CANCIÓN DEL PRESENTE


No sé odiar, ni amar tampoco.
Y en mi vida inconsecuente,
amo, a veces, como un loco
u odio de un modo insolente.
Pero siempre dura poco
lo que quiero y lo que no...
¡Qué sé yo!
Ni me importa...
Alegre es la vida y corta,
pasajera.
Y es absurdo,
y es antipático y zurdo
complicarla
con un ansia de verdad
duradera
y expectante.
¿Luego?... ¡Ya!
La verdad será cualquiera.
Lo precioso es el instante
que se va.

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A UN POETA QUE EMPIEZA


Ni senda más estrecha ni camino
más áspero, ni esfuerzo rudi
tanto como el que emprendes, siervo del encanto
falaz que oculta el trágico destino.
No huyas, empero, del dolor divino.
Nada vale la vida en que no hay llanto.
Es el víacrucis de dolor lo santo
en el peregrinar del peregrino.
Cree con amor, con fe invencible ama.
Pon toda en la Belleza tu alma absorta.
Vive y miere por ella, que es tu dama.
Llegar, ¡quién piensa! Caminar importa,
sin que se extinga la divina llama
del arte largo en nuestra vida corta.


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Vino, sentimiento, guitarra y poesía,
hacen los cantares de la patria mía...
Cantares...
Quien dice cantares, dice Andalucía.

A la sombra fresca de la vieja parra,
un mozo moreno rasguea la guitarra...
Cantares...
Algo que acaricia y algo que desgarra.

La prima que canta y el bordón que llora...
Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Cantares...
Son dejos fatales de la raza mora.

No importa la vida, que ya está perdida.
Y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...

Cantares...
Cantando la pena, la pena se olvida.

Madre, pena, suerte; pena, madre, muerte;
ojos negros, negros, y negra la suerte.
Cantares...
En ellos, el alma del alma se vierte.

Cantares. Cantares de la patria mía...
Cantares son sólo los de Andalucía.
Cantares...
No tiene más notas la guitarra mía.
(Los Cantares, 1905)
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Fragmento de La Lola se va a los puertos, obra de teatro en tres actos escrita al alimón por Antonio y Manuel Machado. Sobre el libreto, el compositor granadino Ángel Barrios compuso una partitura. El vídeo está ilustrado con pinturas modernistas del cordobés Julio Romero de Torres (1874-1930). 

domingo, 26 de marzo de 2017

EL MODERNISMMO

I. PRECEDENTES DEL MODERNISMO

A finales del siglo XIX se producen, fundamentalmente en Francia, distintos movimientos artísticos que van a desembocar en el Modernismo. El dominio de la prosa realista da paso a un furor lírico que busca un nuevo lenguaje literario. Estos movimientos e influencias son:

- LOS FILÓSOFOS DE LA SOSPECHA: Marx, Nietzsche ponen el valor el espíritu del hombre, caracterizado por el pesimismo y la incapacidad de ser feliz.

- SIGMUND FREUD: aporta la importancia del inconsciente y valor del mundo onírico. Sus teorías y obras tuvieron una enorme repercusión en la literatura europea en las primeras décadas del siglo XX. 

- EL DECADENTISMO: corriente artística, filosófica y, principalmente, literaria que tuvo su origen en Francia en las dos últimas décadas del siglo XIX en contra del sistema de la sociedad burguesa. Sus adscritos adoptan casi siempre a una forma de vida sensualista, hedonista, de excesos de diversa índole y abogan por una estética reaccionaria y elitista en la que el hombre decadente se margina y aísla. Son los llamados “Poetas malditos”, Baudelaier, Verlaine, Rimbaud, Mellarmé, los primeros en propugnar este arte a menudo encaminado a hacia una complacencia morbosa en los signos de la decadencia humana: la corrupción moral, la crueldad, la exaltación de la fuerza, la atracción por lo enfermizo, lo depravado. “Malditos” conocidos fueron Oscar Wilde (su obra El retrato de Dorian Gray resume a la perfección su visión de la existencia) y Edgar Allan Poe, uno de los máximos representantes del relato de misterio. El decadentismo influyó en la concepción de la poesía modernista española, especialmente visible en las Sonatas de Valle-Inclán (quizás nuestro escritor más próximo a al tópico del poeta maldito y bohemio) y en ciertos poemas de Manuel Machado.

-EL PARNASIANISMO: Movimiento creado por Leconte de Lisbe cuyo objetivo es la búsqueda de un lenguaje nuevo para la poesía. Estos autores se proponen crear un lenguaje aristocrático y elitista cuya máxima preocupación es la consecución de sensibilidad lírica a través del cromatismo y la musicalidad.

- EL SIMBOLISMO: desarrolla la teoría de las correspondencias lingüísticas y referenciales, por las cuales se desarrollan realidades nuevas. Baudelaire es el precursor de esta teoría de la correspondencia lingüística y del movimiento utilizando como principal mecanismo estético la sinestesia (la mezcla de elementos percibidos por distintos sentidos en una misma expresión). Junto con Baudelaire y sus libros más innovadores: Las flores del mal; Los pequeños poemas en prosa y Los paraísos artificiales, Arthur Rinbaud (Una temporada en el infierno, Alucinaciones) y Paul Verlaine (Los poetas malditos). El simbolismo pleno tiene a su máximo representante en Stéphane Mallarmé, poeta oscuro y esteticista (la sonoridad de las palabras cobra tanta importancia como  significado) con obras como Herodías, La siesta de un fauno o Divagaciones. 



Con todos estos elementos surge el Modernismo, que superará la consideración de movimientos estético para ser un movimiento cultural global que afectará a todos los órdenes de la vida.

II. EL MODERNISMO

Fruto de estos antecedentes se desarrolla el arte modernista que rechachazó la expresión manida y la rutina estética. Desde sus inicios el Modernismo se va a desarrollar en dos tendencias:

. MODERNISMO PARNASIANO. Propugna el virtuosismo formal y poético, el escapismo espacial y temporal a culturas lejanas o del pasado mitológico, lo que tienen como consecuencia un léxico colorista y sensualista. La finalidad es crear un mundo poético alejado de lo cotidiano. Fruto de este deseo de evasión y gusto cosmopolita, el poeta se abre a otras culturas para utilizar de ellas los rasgos más exóticos. Se encuadran en esta corriente el primer Rubén Darío y precursor del movimiento, Francisco Villaespesa, Ricado Gil, Salvador Reina, Manuel Machado.

. MODERNISMO SIMBOLISTA. Su finalidad es la misma pero el escapismo se realiza a través de la conciencia, a través del mundo interior del poeta, por ello se sirve de los símbolos como recurso para crear una realidad distinta y distante fruto de la visión demiúrgico del poeta. Indiscutible es la influencia de Sigmund Freíd, para quien la conciencia es la otra parte del yo, tan auténtica y verdadera como la apariencia. Precursores, Baudelaire, Mellarmé y Verlaine, que se convierten en nuevos referentes líricos de los jóvenes poetas.

III. EL MODERNISMO EN ESPAÑA

Es el poeta chileno Rubén Darío el auténtico descubridor y  precursor del movimiento, que parte del terreno abonado europeo y de la lírica del poeta cubano José Martí y sus Versos sencillos para desarrollar su estética modernista. Para Martí la naturalidad no está reñida con el adorno. Así Darío recoge todo este sustrato junto con la influencia que Gustavo A. Bécquer aun ejercía en la lírica hispana. Su primer poemario, Azul (1888) tuvo gran difusión y repercusión entre los escritores españoles. Es una obra en la que se observa variedad de ritmos y metros. Los poemas se caracterizan por la elegancia y la sensualidad. Prosas profanas (1896) representa la plenitud del Modernismo parnasiano. Sorprende por la musicalidad de los versos, por el preciosismo, exotismo, fantasía refinada. El poeta evoluciona hacia una poesía más íntima y angustiada, más preocupada por los problemas del hombre (el amor, la muerte, el tiempo, el placer…) en Cantos de vida y esperanza (1905).

Seguidores del Darío modernista en España destacan Salvador Reina, Ricardo Gil y Manuel Rueda, aunque todos los escritores de este tiempo fueron modernistas. Juan Ramón Jiménez señaló que cuando él llegó a Madrid, modernistas eran Valle-Inclán, Baroja, Azorín, los Machados, Unamuno, todos estaban sometidos al nuevo concepto de “lo moderno”. Lo que va a caracterizar al movimiento en España es que cada autor va a asimilar de una forma distinta el nuevo estilo y adoptará una originalidad propia, por lo que cada autor se justifica por su propio concepto artístico.

En nuestras letras contamos como precedente del simbolismo con Gustavo Adolfo Bécquer, cuyo influjo en el modernismo hispano será notable, especialmente en poetas de la talla de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. La depuración del lenguaje poético y el tratamiento de la intimidad del poeta serán el sustrato del que parte la lírica hispana hasta asimilar la nueva estética modernista. Por eso en España el Modernismo que prospera es el de carácter simbólico más que el puramente estético. Antonio Machado, etiquetado como noventaiochista, descubre el símbolo y lo aplica en su obra Campos de Castilla. Castilla se convierte en el macrosímbolo del poeta.

Todos los escritores compartirán temáticas y métricas:

- La preocupación por el paso del tiempo está en Juan Ramón Jiménez, Unamuno, en Antonio Machado. En todos se trasluce el concepto del tiempo quevediano (el paso inexorable del tiempo y el final inevitable) y a partir de esta preocupación surgen otros temas como son la vida y la muerte, la historia o el deseo de capturar la belleza ante la fugacidad de la vida.

- El sueño como fórmula de escape vuelve a  presente en Antonio Machado, en Juan Ramón y en Unamuno, al tiempo que todos participan de preocupaciones como el desengaño o la soledad.

- La aparición del verso libre por influjo del norteamericano Walt Whitman.

Al margen de estas consideraciones generales merecen una mención especial aquellas autores y obras puramente modernistas.

MANUEL MACHADO (1874-1947), hijo de un importante folclorista sevillano y hermano del poeta Antonio Machado, estudió en la Institución Libre de Enseñanza y a finales de siglo vivió en París, donde conoció la poesía francesa y los ambientes bohemios. La influencia del Simbolismo, del Parnasianismo y de Rubén Darío es patente en sus poemas. Pero ese tono modernista típico (en el que no falta la pose decadente y cosmopolita o la propensión a la nostalgia y a la indolencia) se funde en sus versos con un andalucismo en el que se combinan el gusto por las formas populares del folclore andaluz (coplas, soleares, malagueñas…), una fina ironía un benevolente cinismo y cierta tendencia a caer en un pintoresquismo fácil, en el que abundan los gitanos, las fiestas, los toros, etc. Entre sus libros poéticos pueden mencionarse Alma. Museo. Los cantares (1907), El mal poema (1909), Cante hondo (1912), Ars moriendi (1922). Escribió además algunas obras teatrales en colaboración con su hermano Antonio. 

FRANCISCO VILLAESPESA (1877-1936), almeriense, estudió en la Universidad de Granada y marchó luego a Madrid, donde fue uno de los principales animadores del movimiento modernista. Así, fue él quien llamó a la capital a Juan Ramón Jiménez para luchar por los nuevos ideales. Se aúnan en sus poemas rasgos típicamente románticos (gusto por lo macabro y por la expresión declamatoria) con motivos propios del Modernismo (estanques, cisnes, bosques; canto a la bohemia, al opio, al ajenjo, al amor, a lo amoral y transgresor, etc.). Dentro de su obra lírica se encuentran títulos como Flores de almendro (1899), El alto de los bohemios (1902), Tristiae rerum (1906), El patio de los arrayanes (1908), etc.

RAMÓN MARÍA DEL VALLE-INCLÁN (1866-1936), aSu propia imagen bohemia y extravagante (largas barbas y levita) le dieron la mala fama de escritor modernista. Componen las obras modernistas de Valle-Inclán algunos relatos de horror y misterio, un ensayo sobre el simbolismo titulado La lámpara maravillosa y, especialmente, sus cuatro Sonatas (sobre todo, la primera: Sonata de otoño, 1902). Estas narraciones cuentan las andanzas amorosas de un ya maduro noble, el Marqués de Bradomín, en un escenario decadente; abundan todos los rasgos del estilo modernista (adjetivación sensorial, musicalidad en la prosa, decadentismo en la descripción de ambientes…).

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ en sus primeras obras que conforman la denomida ETAPA SENSITIVA (1889-1915), marcada por la influencia de Bécquer, cuya poesía descubrió en Sevilla; el simbolismo francés que había conocido en el sanatorio mental; y el Modernismo colorista y exuberante de Rubén Darío, al que había conocido en Madrid. Predominan las descripciones del paisaje como reflejo del alma del poeta, los parques otoñales y los jardines al atardecer, los sentimientos vagos, diluidos e inconcretos, la tristeza, la melancolía, la música y el color, los recuerdos y ensueños amorosos. Se trata de una poesía emotiva y sentimental, en la que se trasluce la sensibilidad del poeta a través de una estructura formal perfecta. En Rimas (cuyo título homenajea a Bécquer) recoge poemas de sus dos primeros libros (Almas de violeta y Ninfeas), marcados por el modernismo externo en boga; y añade nuevas composiciones influidas por el simbolismo que conoció durante su estancia en Francia. En Arias tristes, escrito casi enteramente en romance octosílabo, predomina la melancolía, la tristeza, la nostalgia evocadora. El tema fundamental es el paisaje y el alma del poeta. Ambos se funden y llevan a la personificación de los árboles, los jardines, los días… Todos los objetos cobran vida y sienten pena, sufren, disfrutan, ríen y lloran en función del estado de ánimo del poeta. Además, también se tratan los temas de la mujer, identificada con el amor recordado e idealizado de ”la novia del pueblo”; y la muerte, que produce malos presagios y terribles alucinaciones. Con Jardines lejanos se acentúa la atmósfera doliente y sensual. Antonio Machado admiró esta obra por la fina sensibilidad que demuestra y por la dulzura de ritmo y de sentimientos que posee. La soledad sonora toma su nombre de un verso de San Juan de la Cruz.


ANTONIO MACHADO. Nació en Sevilla en 1875, pero a los 8 años se trasladó a Madrid. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza. Viajó como diplomático a París en 1900, donde conoció a Rubén Darío. A su regreso ejercerá como profesor de francés en Soria, donde conocerá a Leonor, una joven con la que se casó en 1909 y que murió tres años después. Firme defensor de la República, se vio obligado a exiliarse a Francia al término de la guerra, donde muere en febrero de 1939. Su trayectoria poética se inicia en la estética modernista con Soledades (1903), obra que reelaborará (añade más poemas y suprime los elementos más externos del modernismo) en 1907 bajo el título de Soledades, Galerías y otros poemas. Machado proclama una poesía llena de emociones y sentimientos, donde predomina la experiencia sobre la imaginación. Aunque es un libro primerizo, se presenta como un hombre ya maduro que evoca el sentimiento de la juventud perdida sin amor. También trata los temas del tiempo, la soledad, la muerte y Dios. El carácter modernista de esta obra estriba en el ritmo, la rima y la herencia simbolista: el sueño, la tarde, la fuente… Machado intenta sugerir a través de la simbología del paisaje las más profundas e intensas sensaciones.


Por la trascendencia de sus obras y al no adscribirse éstas en su totalidad dentro de la corriente modernista sino conformar un corpus literario evolutivo propio y genuino de cada autor, estos autores merecen ser desarrollados de forma monográfica.

Reseñar por último que el lenguaje generacional se refleja también el los prosistas y ensayistas que van a desarrollar la literatura de las ideas rechazando el barroquismo y apostando por el estilo natural. Este aspecto junto por el interés por el tema de España es lo que distinguirá a ese grupo de escritores calificados como noventayochistas: Miguel de Unamuno, Azorín, Pío Baroja y Antonio Machado (ensayista) para los que Azorín acuñará el término Generación del 98 y que englobaría al grupo de intelectuales españoles que adoptan una estética y una temática diferenciada de la modernista. Sin embargo, la crítica posterior ha superado la dicotomía Modernismo/98 al considerar que fueron más aspectos ideológicos e históricos (extraliterarios en cualquier caso) los que se tuvieron en cuenta a la hora de establecer las distinciones más que los criterios estéticos. Por lo que hay hay que considerar a la llamada Generación del 98 como al grupo de intelectuales que se incluyen dentro de un movimiento más amplio, el Modernismo.



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sábado, 18 de marzo de 2017

BASES PARA EL ESTUDIO DE LA LITERATURA CONTEMPORÁNEA

I. INTRODUCCIÓN

Literatura moderna y literatura contemporánea son expresiones que la bibliografía utiliza para referirse a la literatura de la Edad Contemporánea (definida habitualmente como el periodo iniciado con la Revolución Francesa -1789- hasta el presente); y no a la literatura de la Edad Moderna (siglos XV-XVIII). Son conceptos definidos con criterios estéticos y no tanto cronológicos, caracterizándose por los valores de originalidad y ruptura frente a los de tradición y continuidad; de un modo similar a como se definen los conceptos de arte moderno y arte contemporáneo.

Antes de adentrarnos en esta etapa de la literatura, conviene recordar sus precedentes inmediatos, movimientos estéticos europeos imprescindibles para comprender la literatura española desde el siglo XX: el Romanticismo y el Realismo.

II. EL ROMANTICISMO




La raíz de la literatura contemporánea parte de un movimiento o estilo bien definido: EL ROMANTICISMO, un movimiento no sólo literario sino también cultural y político. El rechazo de la razón, la libertad como causa suprema, y el sentimiento por encima de todo crearon obras basadas en el predominio del “yo”, la evasión y la libertad formal. Goethe, Walter Scott, Lord Byron, José Zorilla, Espronceda o Mary Shelley son algunos de los autores más representativos de esta escuela.

Sin embargo, las últimas aportaciones de la teoría de la literatura consideran el movimiento romántico no como rechazo al Siglo de las Luces sino como producto y culminación de la propia  Ilustración, de la renovación intelectual, cultural, ideológica y política que surgió en Europa como resultado  del progreso y la difusión de las Nuevas Ideas y de los nuevos conocimientos científicos por los que la luz de la razón estableció una nueva organización que reemplazó al Antiguo Régimen.

- Producto por el propio agotamiento del arte neoclásico basado en un código cerrado que respondía al acatamiento de normas perceptivas y suponía la merma de la capacidad creativa. 
- Culminación de la Ilustración porque será la última generación de hombres ilustrados los que adopten el espíritu romántico. La importante preparación intelectual moverá los cimientos de unos hombres que van a resucitar las ideas nacionalistas como respuesta a las invasiones napoleónicas, superarán la idea de la razón empírica como único motor del hombre, darán entrada a criterios subjetivos que desencadenarán el furor romántico y reivindicarán un modelo social más humano en el que tenga cabida el conocimiento, los sentimientos y la libertad. 
Es difícil entender el Romanticismo sin ese germen y proceso durante el siglo XVIII, casi ignorado artísticamente, sin duda, porque el protagonismo intelectual y científico menoscabará la creatividad original. 

El Romanticismo va a suponer para el arte en general y para la literatura en particular romper el cordón umbilical que unía al hombre con la Antigüedad clásica, de tal manera que se mueven todos los cimientos sociales y culturales para superar tanto a la tradición escolástica que imponía la herencia aristotélica, como el empirismo y la taxatividad normativa neoclásica. Es por esto que el Romanticismo abre las puertas a la modernidad europea. 

Todo esto se traduce en el principal concepto: la creación artística. El arte es un producto que responderá únicamente al YO CREADOR frente al YO ARTÍFICE. El artista se convierte en un ser demiúrgico, poseído por la inspiración y las facultades que la Naturaleza le ha otorgado (el don) para crear una nueva realidad. 
Esto supone un espíritu de rebeldía y trasgresión contra todo aquello que limite el instinto creador. La primera consecuencia será cuestionar todas las teorías literarias, el encasillamiento genérico y el concepto de imitatio.
En la base de esta revolución están las ideas filosóficas de Rousseau, Voltaire y Diderot junto con los sustratos genuinos de cada país. 

II.I EL ROMANTICISO EN ESPAÑA

Los orígenes del movimiento estético se remontan a finales del siglo XVIII cuando surge en Alemania el movimiento Sturn und Grand (tormenta y tempestad) que aboga por la libertad en la creación literaria  y la expresión de los sentimientos. El nuevo movimiento pasa a Inglaterra y pronto se difunde por toda Europa. 

En España, la estética dieciochesca comienza a dar cabida a la subjetividad y se crea el caldo de cultivo romántico. La crítica, en su afán didáctico, establece la fecha de 1814, cuando se publica la disputa entre Böld de Faber y José de Espronceda de Mora sobre el teatro barroco. El Teatro Nacional, tan criticado y menospreciado por los ilustrados suscita la polémica entre los defensores de “lo español” (Faber) y aquellos que ponían sus referentes en los modelos franceses (los afrancesados, a la cabeza Espronceda de Mora). 

Surge así una división que marcará el devenir del arte, por un lado los tradicionalistas, defensores de los valores patrios basados en la tradición y la religión católica que ven en las ideas contrarias una amenaza a la españolidad; y los afrancesados, hombres de formación ilustrada de base racionalista y apertura hacia el progreso. 

En un primer momento serán los primeros, los tradicionalistas, los que adopten el calificativo de “románticos” al adaptar el término “romancesco” como sinónimo de autenticidad hispana. Sin embargo, el verdadero Romanticismo parte de la intelectualidad ilustrada, que en el exilio durante el reinado de Fernando VII, con un sentimiento de profundo desengaño y frustración revolucionaria y constitucionalista (Cortes de Cádiz 1812) entran en contacto con las nuevas ideas que recorren Europa defensoras del principio de libertad encontrando otra oportunidad a su fracaso español. Serán estos “afrancesados” los que emprenden desde el exilio la revolución romántica en España, entre ellos, José de Espronceda, Martínez de la Rosa, José Joaquín de Mora o Alcalá Galiano. 

En Europa (occidente en general), según el seguimiento a cánones más tradicionales o más liberales, el Romanticismo también se fragmente entre los románticos tradicionales: Chateaubrian, Sehlegel. Novalis, Walter Scout. O los románticos liberales: Byron, Victor Hugo, Geroge Sand, Allan Poe, Goethe, A. Dumas. 

II.II. LA LITERATURA ROMÁNTICA

Los expatriados españoles toman contacto con el Romanticismo europeo, ya triunfante en la mayoría de países. En Alemania Goethe y los filósofos  Schleghel y Hegel; en Inglaterra Lord Byron como referente lírico; en Francia Victor Hugo, cuyo prólogo a Cronwell  se considera un manifiesto romántico. 

A partir de estas influencias surge el Primer Romanticismo cuya característica fundamental será la rebeldía. Tras la muerte de Fernando VII estos intelectuales regresan a España ya con el código romántico asumido. 

PRIMER ROMANTICISMO. Desde 1833 hasta la muerte de Larra y el Don Juan Tenorio de Zorrilla. Es el Romanticismo rupturista, el espíritu romántico se va a transmitir de forma general por el ansia de evasión de la realidad tangible. Este escapismo va a ser espacial y temporal, el artista romántico busca en otras culturas y épocas primitivas la esencia de libertad. Esta ansia se traduce en un código estético que vincula el interior agitado, excitado y conmovido emocionalmente del artista con una naturaleza en movimiento representada por paisajes abruptos o brumosos; el estremecimiento interior tenderá a recrearse en los espacios lúgubres y fantasmagóricos; el pesimismo, el desánimo y la tristeza del ser romántico encontrarán en las ruinas un símbolo para su expresión.  

II.II.I. EL TEATRO

El género que mejor y más pronto se adapta al nuevo código estético es el TEATRO, ello lo posibilita el dinamismo escénico, el espectáculo teatral, la combinación de la prosa y el verso, la dramatización de los actores. Todos estos elementos se combinan para crear un nuevo teatro radicalmente distinto al neoclásico que explosiona tras la muerte de Fernando VII.

Desde los inicios de la era contemporánea, el teatro español se ha visto envuelto en numerosas polémicas. El teatro del siglo XVIII surgió tras una profunda renovación con respecto a la comedia del Siglo de Oro. Frente al áureo, el nuevo teatro ilustrado abogó por la separación de los géneros clásicos (tragedia y comedia), el respeto a las normas aristotélicas (unidad de acción, lugar y tiempo) y uniformidad formal (obras en prosa o en verso; en este caso, con un solo metro). La finalidad de todos estos cambios es plantear una obra dramática más eficientes en la transmisión de enseñanzas al gran público, sin que este se distrajese por elementos ornamentales secundarios o por los excesos a los que había llegado los epígonos del Barroco.
Costó mucho que se impusiera es nueva forma de entender el género teatral. De hecho, hasta finales del siglo XVIII o principios del XIX no a parecen las mejores obras de la mano de Leandro Fernández de Moratín, del que destaca su principal comedia, El sí de las niñas. 

Moratín es el precursor  en España de la llamada alta comedia o comedia burguesa, creada por el francés Molière: se trata de obras protagonizadas por personajes burgueses, de buena situación social: las obras plantean con moderación una crítica a algún aspecto de la sociedad del momento.

El teatro del Romanticismo reaccionará abiertamente contra este concepto de obra dramática y reclamará, fiel a sus principios, una libertad total de las normas clásicas: mezcla de comedia y tragedia, de verso y prosa, ruptura de las unidades aristotélicas.

En 1834 ven la luz tres  dramas románticos: 
- Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas. 
- La conjuración de Venecia  y El moro expósito de Martínez de la Rosa. 
- El Macías de Larra. 

Hasta 1844 en que Zorrilla estrena su Don Juan Tenorio y posteriormente Traidor, inconfeso y mártir, obras que darán por concluido el esplendor del teatro romántico. 

Por su repercusión y canonismo romántico, destacan las obras de De Rivas y de Zorrilla.  

A finales del siglo XIX se impone de nuevo la alta comedia burguesa, que domina las salas comerciales de nuestro país. Su máximo exponente es José Echegaray. Por las mismas fechas surge, como alternativa al teatro burgués una línea realista con Joaquín Dicenta y las contribuciones dramáticas de Galdós que marcarán el devenir del teatro español del siglo XX: el teatro comercial, triunfante, frente al teatro innovador y minoritario. 

II.II.II. LA POESÍA

A partir de esta fecha, 1844, la poesía, sin relevar al teatro, cobra protagonismo y se difunde a través de la prensa y revistas. Los poetas extranjeros Hugo, Byron, Vigny renovaron el lenguaje poético con nuevas formas y motivos líricos ocupando el vacío lírico que supuso el racionalismo ilustrado. 

El siglo XIX, en su primera mitad, reacciona contra el Racionalismo dieciochesco y surge en España la poesía romántica que reivindica lo personal frente a los colectivos. La lírica arrebatada, expresión de los sentimientos, reaparece con fuerza en este primer romanticismo adoptando dos formas: 

- POESÍA NARRATIVA en la que se cuentan en verso sucesos históricos o legendarios: El moro expósito del Duque de Rivas; El estudiante de Salamanca de Espronceda; Romances históricos de De Rivas y Zorrilla. 

- POESÍA LÍRICA que expresa sentimientos románticos: la melancolía, el amor, la mujer, anclados en el código romántico de ruinas y tempestades. Destaca José de Espronceda con El Diablo mundo; La canción del pirata; El verdugo; El mendigo; El canto del cosaco; A Jarifa en una orgía. En estas obras expresa el conflicto del hombre con el mundo y su deseo permanente de ruptura y libertad. Son poemas exaltados en los que canta a la justicia, a la marginación y a la naturaleza. Espronceda inaugura la lírica romántica y será considerado el Byron español por su trayectoria vital y poética. Su obra más emotiva es El canto a Teresa, un poema lleno de sentimiento ante la muerte de su amada, es una elegía con una total mezcla de estilos y lenguajes. Su otra gran obra es El estudiante de Salamanca, en el que el yo lírico asiste a su propio entierro. 

A partir de 1860 el Romanticismo evoluciona hacia el intimismo. Por el propio agotamiento de la exacerbación primera y del desengaño y la frustración de la rebeldía, se pasa a una expresión más sincera y profunda del yo lírico. Sin duda Hegel ejerció una notable influencia en esta evolución a través del idealismo filosófico. 

El escepticismo espacial y temporal invade al artista y el escapismo ya no espacio-temporal, sino hacia el interior intelectual y espiritual. En esta actitud está el germen del SIMBOLISMO. 

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER es la cumbre de este Romanticismo intimista. Su concepción de la poesía la transmite a través de sus Cartas literarias a una mujer. Poesía eres tú es la plasmación del idealismo hegeliano con raíces platónicas que distingue entre la idea pura (pensamiento, inspiración) y la representación de la idea (arte). 

Es esta dualidad la que permite a Bécquer declarar la insuficiencia del lenguaje para expresar la experiencia interior del poeta, la inefabilidad de la experiencia artística (una concepción parecida a la inefabilidad de la mística), porque la intensidad y profundidad del sentimiento tropieza con la palabra. Esta resistencia del lenguaje es lo que provoca la renovación del lenguaje poético, la palabra resulta insuficiente para expresar lo que necesita el poeta; de ahí el uso de la imagen poética como recurso necesario ante las limitaciones del lenguaje. Bécquer quiere huir del lenguaje lógico y racional, y dotar a éste de nuevas cualidades que expresen los valores de su emoción poética, así cobran valor la sinestesia y el símbolo,  características principales de la poesía modernista posterior. 

La obra de Bécquer es fundamental y supuso en España el inicio de la poesía moderna. Anticipó el simbolismo e influyó de manera decisiva en Juan Ramón Jiménez, el modernismo y los poetas hispanoamericanos y españoles (modernistas y Generación del 27)  de principios del siglo XX. El sentimiento amoroso, también inefable para nuestro autor, es el único asidero y modo supremo de conocimiento; como lo será para Salinas, Cernuda o Aleixandre. Aunque estos sí tendrán la satisfacción de haber convertido en realidad formal lo que el poeta sevillano sólo pudo intuir.
Bécquer también representa la cima de la narración romántica con sus Leyendas, un conjunto de relatos cortos que se acogen al canon del primer romanticismo por el gusto por lo fantasmagórico y la ambientación tenebrosa. Estas narraciones también serán el embrión de la prosa lírica entroncada en el modernismo musical y sensual de Luis Cernuda. 

Tan representativa fue esta corriente que la siguiente etapa del movimiento literario se conoció como posromanticismo, aunque básicamente es un concepto artificial que designa al parnasianismo, el simbolismo y el decadentismo, tres “evoluciones” diferentes del tronco romántico.

III. EL REALISMO




El siguiente movimiento unificado llegó a mediados del siglo XIX y se conoce como realismo o naturalismo. Fue a su modo una reacción a los excesos románticos, a la grandilocuencia y la extemporaneidad. Conservó el costumbrismo del primer romanticismo pero se libró del sentimentalismo, la fantasía y la anarquía formal. Nació con él la novela social, reflejo literario de la nueva sociedad de clases, y la novela psicológica, preocupada de los temperamentos y las motivaciones. Dickens, Pérez Galdós, Dostoievski, Émile Zola, Balzac y Flaubert son algunos de los autores más representativos del movimiento. 

Si el Romanticismo tenía como base filosófica el idealismo hegeliano, los autores realistas encontrarán sus referente en el positivismo de Comte; el liberalismo de J. Smith; el marxismo de C. Marx y el evolucionismo de Charles Darwing. 

Los rasgos generales de la literatura realista son:

- La realidad cercana es materia literaria. El autor ya no busca el escapismo espacio-temporal, a su alrededor encuentra el leitmotiv de la creación artística: la crítica social según el punto de vista ideológico del autor con cierto didactismo. 

- La cercanía de temas y personajes conlleva el uso de un lenguaje sencillo y claro, por lo que la novela es el género que mejor se acoge a la finalidad y al principio de verosimilitud. 

- Importancia de la caracterización de los personajes tanto física como psicológicamente dando lugar a la novela de personaje por su tratamiento redondo que darán lugar a prototipos literarios cuyo narrador omnisciente crea y recrea con profusión de rasgos. 

Todas estas características alcanzan su máximo desarrollo con el NATURALISMO que basa en el determinismo social y biológico la limitación de libertad y posibilidades del individuo con un estilo de máxima objetividad e impersonalidad narrativa.

El Realismo se va a justificar plenamente en una sociedad que ya se ha sometido a la revolución industrial y al capitalismo, sufre sus desigualdades y se encarga de ofrecer una visión amplia y abierta de esta sociedad que encontrará en la NOVELA el género acorde a sus fines, en palabras de Stendhal, la novela es “Un espejo que se pasea a lo largo del camino” y refleja todo aquello con lo que se encuentra, sea elevado o miserable, moral o inmoral.

En Francia Víctor Hugo, Los Miserables; Gustave Flaubert, Madame Bovary; Stehdanl, Rojo y Negro y La Cartuja de Parma; Honoré de Balzac, La Comedia humana. 

En Inglaterra la estética realista será la encargada de dibujar la sociedad victoriama. Charles Dickens con David Cooperfield, Tiempos difíciles, Oliver Twist; la poetisa y novelista George Eliot o las hermanas Bröntes: Charlotte (Jane Eyre), Emily, (Cumbres borrascosas).

Tomás Mann fue el escritor alemán nacionalizado estadounidense referente de este movimiento, considerado uno de los escritores europeos más importantes de su generación, Mann es recordado por el profundo análisis crítico que desarrolló en torno al alma europea y alemana en la primera mitad del siglo XX tomando como referencias principales la Biblia y las ideas   de Goethe, Freud, Nietzsche y Schopenhauer. Su obra más conocida es la novela La montaña mágica. 

En Rusia, las guerras napoleónicas, la oposición zarista, la revolución bolchevique supondrán el escenario propicio para el surgimiento del realismo alcanzando el llamado Siglo de Oro de la literatura rusa con máximos exponentes como Dostoievsky (El jugador, Crimen y castigo; Los hermanos Karamazov);  Gogol (Relatos);  Leon Tolstoy (Guerra y paz; Ana Karenina), y Chejov (Cuentos).



III. II. EL REALISMO EN ESPAÑA –LA NOVELA-

A principios del siglo XVII la narrativa española había producido la obra que revolucionó el género e inaugura la novela moderna: El Quijote. Tal fue su carácter innovador que quedó sin continuadores inmediatos en nuestra lengua, por lo que habrá que esperar más de siglo y medio para volver a hablar de la novela española. Será en la segunda mitad del siglo XIX, durante el movimiento del Realismo. La novela realista española se apoya en la extensa tradición que atesoraba el género (novela picaresca y El Quijote), así como en la nueva visión del mundo que se había difundido por toda Europa, especialmente a cargo de los novelistas ingleses, franceses y rusos.

En España el Realismo llega con treinta años de retraso, surge como fruto de la revolución burguesa de La Gloriosa (1868) cuya división social e ideológica se traslada a la literatura con autores identificados con la tendencia tradicionalista y clerical y aquellos que se asientan en la ideología liberal y anticlerical. Los primeros desarrollaran la tendencia conocida como COSTUMBRISMO bien a través de los artículos periodísticos (Larra, Mesonero Romanos y Sebastián Estébanes Calderón) o la novela costumbrista (Pedro Antonio de Alarcón, El sombrero de tres picos; José María de Pereda, De tal palo tal astilla). 

El autor de Pepita Jiménez y de Juanita la larga, Juan Valera, se sitúa entre este realismo costumbrista y comprometido socialmente. Busca la fidelidad estética a través de las descripciones minuciosas sin prescindir de notas coloristas y sensuales.

Pero sin duda la cumbre del realismo español la alcanzan Benito Pérez Galdós y Leopoldo Alas Clarín. 

Benito Pérez Galdós (1843 - 1920)

Benito Pérez Galdós nació en Gran Canaria, pero estudió en Madrid, aunque finalmente dejó los estudios de Derecho para dedicarse a escribir. En 1968 toma partido por el frente liberal pero el fracaso de La Gloriosa lo lleva al desengaño de los ideales liberales. El compromiso ideológico estará presente en toda su obra y merecerá una evolución en el tratamiento de la realidad que le conducirá a un progresivo distanciamiento en sus últimas obras. 
¿Qué es la novela para Galdós? En el discurso que pronunció el escritor cuando ingresó en la Real Academia Española en 1889 decía lo siguiente:

"Imagen de la vida es la novela, y el arte de componerla estriba en reproducir los caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo pequeño, las almas y las fisonomías, todo lo espiritual y lo físico que nos constituye y nos rodea, y el lenguaje, que es la marca de raza, y las viviendas, que son el signo de familia, y la vestidura, que diseña los últimos trazos externos de la personalidad: todo esto sin olvidar que debe existir perfecto fiel de balanza entre la exactitud y la belleza de la reproducción".

Es el escritor realista que más escribió y entre su obra hay que destacar:

Los Episodios Nacionales son una crónica de conflictos importantes en España. Superó el Romanticismo tratando historia reciente.

Las novelas de primera época. Compromiso ideológico con la revolución, anticlericalismo (critica al clero como clase y por su fanatismo), ataca la intolerancia y el fanatismo, especialmente entre progresistas y tradicionalistas. Entre las novelas de esta etapa: La fontana de oro; La familia de León Roch; Doña Perfecta; Marianela.

Novelas de la etapa naturalista.  El naturalismo español no es tan ortodoxo como el de Zola, no lleva el determinismo a sus máximas consecuencias. El naturalismo español es un peldaño más del Realismo, elevar un grado el tratamiento de la realidad con obras más efectivas. Esto se traduce en una mayor objetividad a través del carácter más impersonal del narrador, descripciones de ambientes sórdidos, personajes desclasados en permanente conflicto social e individual, mayor profundidad psicológica de los personajes. Por primera vez lleva a la literatura la explotación del proletariado como crítica a la deshumanización del mundo capitalista. Todas las novelas están ubicadas en Madrid, tratan el materialismo burgués. La desheredada; Tormento; La de Bringas. 

Naturalismo espiritual. En esta etapa se aprecia la influencia de la narrativa rusa, sobre todo de L. Tolstoi: mayor intimismo, introspección psicológica de los personajes que muestran su mundo interior, sus conflictos. Como técnicas narrativas hay una mayor presencia del diálogo, y recurre al recuerdo, al sueño, al monólogo interior o a la locura para llegar al interior de los personajes, a sus pensamientos y al profundo desasosiego interior. Y de telón de fondo la sociedad madrileña, también protagonista, una sociedad que impone sus normas basadas en las apariencias, en la moral y la religiosidad hipócrita, en el clasismo. Estas condiciones provocan la frustración del individuo, la angustia vital, la asfixia de un mundo que no deja espacio a la libertad ni a los sentimientos. La obra más representativa es Fortunata y Jacinta, que junto con La Regenta de Clarín, constituye la cumbre del Realismo-Naturalismo español. 


En la última etapa el realismo se disuelve en la narrativa de Galdós, se aleja de sus principios estéticos, adopta una postura ideológica más moderada, frustrada, menos combativa y crea sus últimas novelas en las que ya predomina la profundización psicológica del personaje. Nazarín; Misericordia; El abuelo,  ejemplifican este tratamiento. La crítica se sustituye por la fraternidad, el amor y la tolerancia. Nazarín ejemplifica un nuevo tratamiento del clero, con un perfil quijotesco, solidario, y el personaje se sitúa al margen de la sociedad como una víctima más. 


Leopoldo Alas Clarín (1852 - 1901)

Leopoldo Alas Clarín nació en Zamora, pero vivió en Oviedo. Fue muy influenciado por los krausistas y un firme de defensor de las ideas liberales y republicanas. Destacó por ser muy crítico y sensible a las injusticias.

Entre su obra crítica hay que resaltar sus ensayos que destacan por su certeza de juicio. Como critico literario (Novedades literarias, corrientes literarias ...) fue un gran defensor de Galdós.

Su obra narrativa destaca por sus cuentos y novelas cortas. Llama la atención sobre la misma su espíritu crítico y su sensibilidad por situaciones humanas. También fue el autor de dos novelas largas: "La Regenta" y "Su único hijo".

Mientras sus cuentos tuvieron mucho éxito, la monumental La Regenta no tuvo éxito hasta mucho más tarde. Destaca por la psicología de los personajes, la perfecta estructuración y la técnica narrativa moderna, lo que hace que se considere cumbre del Naturalismo español y como culminación del Realismo.


Tras ellos llega la experimentación propia del Modernismo, que aunque en España se ciñe a una serie de autores concretos, internacionalmente se conoce como el inicio de las vanguardias. El elitismo frente a la cultura de masas, la deconstrucción y la experimentación…