domingo, 26 de marzo de 2017

EL MODERNISMMO

I. PRECEDENTES DEL MODERNISMO

A finales del siglo XIX se producen, fundamentalmente en Francia, distintos movimientos artísticos que van a desembocar en el Modernismo. El dominio de la prosa realista da paso a un furor lírico que busca un nuevo lenguaje literario. Estos movimientos e influencias son:

- LOS FILÓSOFOS DE LA SOSPECHA: Marx, Nietzsche ponen el valor el espíritu del hombre, caracterizado por el pesimismo y la incapacidad de ser feliz.

- SIGMUND FREUD: aporta la importancia del inconsciente y valor del mundo onírico. Sus teorías y obras tuvieron una enorme repercusión en la literatura europea en las primeras décadas del siglo XX. 

- EL DECADENTISMO: corriente artística, filosófica y, principalmente, literaria que tuvo su origen en Francia en las dos últimas décadas del siglo XIX en contra del sistema de la sociedad burguesa. Sus adscritos adoptan casi siempre a una forma de vida sensualista, hedonista, de excesos de diversa índole y abogan por una estética reaccionaria y elitista en la que el hombre decadente se margina y aísla. Son los llamados “Poetas malditos”, Baudelaier, Verlaine, Rimbaud, Mellarmé, los primeros en propugnar este arte a menudo encaminado a hacia una complacencia morbosa en los signos de la decadencia humana: la corrupción moral, la crueldad, la exaltación de la fuerza, la atracción por lo enfermizo, lo depravado. “Malditos” conocidos fueron Oscar Wilde (su obra El retrato de Dorian Gray resume a la perfección su visión de la existencia) y Edgar Allan Poe, uno de los máximos representantes del relato de misterio. El decadentismo influyó en la concepción de la poesía modernista española, especialmente visible en las Sonatas de Valle-Inclán (quizás nuestro escritor más próximo a al tópico del poeta maldito y bohemio) y en ciertos poemas de Manuel Machado.

-EL PARNASIANISMO: Movimiento creado por Leconte de Lisbe cuyo objetivo es la búsqueda de un lenguaje nuevo para la poesía. Estos autores se proponen crear un lenguaje aristocrático y elitista cuya máxima preocupación es la consecución de sensibilidad lírica a través del cromatismo y la musicalidad.

- EL SIMBOLISMO: desarrolla la teoría de las correspondencias lingüísticas y referenciales, por las cuales se desarrollan realidades nuevas. Baudelaire es el precursor de esta teoría de la correspondencia lingüística y del movimiento utilizando como principal mecanismo estético la sinestesia (la mezcla de elementos percibidos por distintos sentidos en una misma expresión). Junto con Baudelaire y sus libros más innovadores: Las flores del mal; Los pequeños poemas en prosa y Los paraísos artificiales, Arthur Rinbaud (Una temporada en el infierno, Alucinaciones) y Paul Verlaine (Los poetas malditos). El simbolismo pleno tiene a su máximo representante en Stéphane Mallarmé, poeta oscuro y esteticista (la sonoridad de las palabras cobra tanta importancia como  significado) con obras como Herodías, La siesta de un fauno o Divagaciones. 



Con todos estos elementos surge el Modernismo, que superará la consideración de movimientos estético para ser un movimiento cultural global que afectará a todos los órdenes de la vida.

II. EL MODERNISMO

Fruto de estos antecedentes se desarrolla el arte modernista que rechachazó la expresión manida y la rutina estética. Desde sus inicios el Modernismo se va a desarrollar en dos tendencias:

. MODERNISMO PARNASIANO. Propugna el virtuosismo formal y poético, el escapismo espacial y temporal a culturas lejanas o del pasado mitológico, lo que tienen como consecuencia un léxico colorista y sensualista. La finalidad es crear un mundo poético alejado de lo cotidiano. Fruto de este deseo de evasión y gusto cosmopolita, el poeta se abre a otras culturas para utilizar de ellas los rasgos más exóticos. Se encuadran en esta corriente el primer Rubén Darío y precursor del movimiento, Francisco Villaespesa, Ricado Gil, Salvador Reina, Manuel Machado.

. MODERNISMO SIMBOLISTA. Su finalidad es la misma pero el escapismo se realiza a través de la conciencia, a través del mundo interior del poeta, por ello se sirve de los símbolos como recurso para crear una realidad distinta y distante fruto de la visión demiúrgico del poeta. Indiscutible es la influencia de Sigmund Freíd, para quien la conciencia es la otra parte del yo, tan auténtica y verdadera como la apariencia. Precursores, Baudelaire, Mellarmé y Verlaine, que se convierten en nuevos referentes líricos de los jóvenes poetas.

III. EL MODERNISMO EN ESPAÑA

Es el poeta chileno Rubén Darío el auténtico descubridor y  precursor del movimiento, que parte del terreno abonado europeo y de la lírica del poeta cubano José Martí y sus Versos sencillos para desarrollar su estética modernista. Para Martí la naturalidad no está reñida con el adorno. Así Darío recoge todo este sustrato junto con la influencia que Gustavo A. Bécquer aun ejercía en la lírica hispana. Su primer poemario, Azul (1888) tuvo gran difusión y repercusión entre los escritores españoles. Es una obra en la que se observa variedad de ritmos y metros. Los poemas se caracterizan por la elegancia y la sensualidad. Prosas profanas (1896) representa la plenitud del Modernismo parnasiano. Sorprende por la musicalidad de los versos, por el preciosismo, exotismo, fantasía refinada. El poeta evoluciona hacia una poesía más íntima y angustiada, más preocupada por los problemas del hombre (el amor, la muerte, el tiempo, el placer…) en Cantos de vida y esperanza (1905).

Seguidores del Darío modernista en España destacan Salvador Reina, Ricardo Gil y Manuel Rueda, aunque todos los escritores de este tiempo fueron modernistas. Juan Ramón Jiménez señaló que cuando él llegó a Madrid, modernistas eran Valle-Inclán, Baroja, Azorín, los Machados, Unamuno, todos estaban sometidos al nuevo concepto de “lo moderno”. Lo que va a caracterizar al movimiento en España es que cada autor va a asimilar de una forma distinta el nuevo estilo y adoptará una originalidad propia, por lo que cada autor se justifica por su propio concepto artístico.

En nuestras letras contamos como precedente del simbolismo con Gustavo Adolfo Bécquer, cuyo influjo en el modernismo hispano será notable, especialmente en poetas de la talla de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. La depuración del lenguaje poético y el tratamiento de la intimidad del poeta serán el sustrato del que parte la lírica hispana hasta asimilar la nueva estética modernista. Por eso en España el Modernismo que prospera es el de carácter simbólico más que el puramente estético. Antonio Machado, etiquetado como noventaiochista, descubre el símbolo y lo aplica en su obra Campos de Castilla. Castilla se convierte en el macrosímbolo del poeta.

Todos los escritores compartirán temáticas y métricas:

- La preocupación por el paso del tiempo está en Juan Ramón Jiménez, Unamuno, en Antonio Machado. En todos se trasluce el concepto del tiempo quevediano (el paso inexorable del tiempo y el final inevitable) y a partir de esta preocupación surgen otros temas como son la vida y la muerte, la historia o el deseo de capturar la belleza ante la fugacidad de la vida.

- El sueño como fórmula de escape vuelve a  presente en Antonio Machado, en Juan Ramón y en Unamuno, al tiempo que todos participan de preocupaciones como el desengaño o la soledad.

- La aparición del verso libre por influjo del norteamericano Walt Whitman.

Al margen de estas consideraciones generales merecen una mención especial aquellas autores y obras puramente modernistas.

MANUEL MACHADO (1874-1947), hijo de un importante folclorista sevillano y hermano del poeta Antonio Machado, estudió en la Institución Libre de Enseñanza y a finales de siglo vivió en París, donde conoció la poesía francesa y los ambientes bohemios. La influencia del Simbolismo, del Parnasianismo y de Rubén Darío es patente en sus poemas. Pero ese tono modernista típico (en el que no falta la pose decadente y cosmopolita o la propensión a la nostalgia y a la indolencia) se funde en sus versos con un andalucismo en el que se combinan el gusto por las formas populares del folclore andaluz (coplas, soleares, malagueñas…), una fina ironía un benevolente cinismo y cierta tendencia a caer en un pintoresquismo fácil, en el que abundan los gitanos, las fiestas, los toros, etc. Entre sus libros poéticos pueden mencionarse Alma. Museo. Los cantares (1907), El mal poema (1909), Cante hondo (1912), Ars moriendi (1922). Escribió además algunas obras teatrales en colaboración con su hermano Antonio. 

FRANCISCO VILLAESPESA (1877-1936), almeriense, estudió en la Universidad de Granada y marchó luego a Madrid, donde fue uno de los principales animadores del movimiento modernista. Así, fue él quien llamó a la capital a Juan Ramón Jiménez para luchar por los nuevos ideales. Se aúnan en sus poemas rasgos típicamente románticos (gusto por lo macabro y por la expresión declamatoria) con motivos propios del Modernismo (estanques, cisnes, bosques; canto a la bohemia, al opio, al ajenjo, al amor, a lo amoral y transgresor, etc.). Dentro de su obra lírica se encuentran títulos como Flores de almendro (1899), El alto de los bohemios (1902), Tristiae rerum (1906), El patio de los arrayanes (1908), etc.

RAMÓN MARÍA DEL VALLE-INCLÁN (1866-1936), aSu propia imagen bohemia y extravagante (largas barbas y levita) le dieron la mala fama de escritor modernista. Componen las obras modernistas de Valle-Inclán algunos relatos de horror y misterio, un ensayo sobre el simbolismo titulado La lámpara maravillosa y, especialmente, sus cuatro Sonatas (sobre todo, la primera: Sonata de otoño, 1902). Estas narraciones cuentan las andanzas amorosas de un ya maduro noble, el Marqués de Bradomín, en un escenario decadente; abundan todos los rasgos del estilo modernista (adjetivación sensorial, musicalidad en la prosa, decadentismo en la descripción de ambientes…).

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ en sus primeras obras que conforman la denomida ETAPA SENSITIVA (1889-1915), marcada por la influencia de Bécquer, cuya poesía descubrió en Sevilla; el simbolismo francés que había conocido en el sanatorio mental; y el Modernismo colorista y exuberante de Rubén Darío, al que había conocido en Madrid. Predominan las descripciones del paisaje como reflejo del alma del poeta, los parques otoñales y los jardines al atardecer, los sentimientos vagos, diluidos e inconcretos, la tristeza, la melancolía, la música y el color, los recuerdos y ensueños amorosos. Se trata de una poesía emotiva y sentimental, en la que se trasluce la sensibilidad del poeta a través de una estructura formal perfecta. En Rimas (cuyo título homenajea a Bécquer) recoge poemas de sus dos primeros libros (Almas de violeta y Ninfeas), marcados por el modernismo externo en boga; y añade nuevas composiciones influidas por el simbolismo que conoció durante su estancia en Francia. En Arias tristes, escrito casi enteramente en romance octosílabo, predomina la melancolía, la tristeza, la nostalgia evocadora. El tema fundamental es el paisaje y el alma del poeta. Ambos se funden y llevan a la personificación de los árboles, los jardines, los días… Todos los objetos cobran vida y sienten pena, sufren, disfrutan, ríen y lloran en función del estado de ánimo del poeta. Además, también se tratan los temas de la mujer, identificada con el amor recordado e idealizado de ”la novia del pueblo”; y la muerte, que produce malos presagios y terribles alucinaciones. Con Jardines lejanos se acentúa la atmósfera doliente y sensual. Antonio Machado admiró esta obra por la fina sensibilidad que demuestra y por la dulzura de ritmo y de sentimientos que posee. La soledad sonora toma su nombre de un verso de San Juan de la Cruz.


ANTONIO MACHADO. Nació en Sevilla en 1875, pero a los 8 años se trasladó a Madrid. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza. Viajó como diplomático a París en 1900, donde conoció a Rubén Darío. A su regreso ejercerá como profesor de francés en Soria, donde conocerá a Leonor, una joven con la que se casó en 1909 y que murió tres años después. Firme defensor de la República, se vio obligado a exiliarse a Francia al término de la guerra, donde muere en febrero de 1939. Su trayectoria poética se inicia en la estética modernista con Soledades (1903), obra que reelaborará (añade más poemas y suprime los elementos más externos del modernismo) en 1907 bajo el título de Soledades, Galerías y otros poemas. Machado proclama una poesía llena de emociones y sentimientos, donde predomina la experiencia sobre la imaginación. Aunque es un libro primerizo, se presenta como un hombre ya maduro que evoca el sentimiento de la juventud perdida sin amor. También trata los temas del tiempo, la soledad, la muerte y Dios. El carácter modernista de esta obra estriba en el ritmo, la rima y la herencia simbolista: el sueño, la tarde, la fuente… Machado intenta sugerir a través de la simbología del paisaje las más profundas e intensas sensaciones.


Por la trascendencia de sus obras y al no adscribirse éstas en su totalidad dentro de la corriente modernista sino conformar un corpus literario evolutivo propio y genuino de cada autor, estos autores merecen ser desarrollados de forma monográfica.

Reseñar por último que el lenguaje generacional se refleja también el los prosistas y ensayistas que van a desarrollar la literatura de las ideas rechazando el barroquismo y apostando por el estilo natural. Este aspecto junto por el interés por el tema de España es lo que distinguirá a ese grupo de escritores calificados como noventayochistas: Miguel de Unamuno, Azorín, Pío Baroja y Antonio Machado (ensayista) para los que Azorín acuñará el término Generación del 98 y que englobaría al grupo de intelectuales españoles que adoptan una estética y una temática diferenciada de la modernista. Sin embargo, la crítica posterior ha superado la dicotomía Modernismo/98 al considerar que fueron más aspectos ideológicos e históricos (extraliterarios en cualquier caso) los que se tuvieron en cuenta a la hora de establecer las distinciones más que los criterios estéticos. Por lo que hay hay que considerar a la llamada Generación del 98 como al grupo de intelectuales que se incluyen dentro de un movimiento más amplio, el Modernismo.



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