lunes, 24 de abril de 2017

NOVECENTISMO Y VANGUARDIA

I. EL NOVECENTISMO

Se conoce como Novecentismo el movimiento cultural característico de la segunda década del siglo XX el cual se opone decididamente a cuanto se considera todavía como propio del ochocientos. En el campo literario, se entienden por decimonónicos no solo el Romanticismo y el Realismo, sino también la literatura finisecular que de forma genérica se le denomina modernista. La decadencia del Modernismo durante el segundo lustro del siglo es patente y las nuevas revistas literarias preconizan ya una literatura diferente. Estas revistas, alentadas en su mayoría por Ortega y Gasset, sirven de cauce de las nuevas inquietudes intelectuales: Prometeo, Faro, Europa…, más adelante, a partir de 1923, es la Revista de Occidente, también fundada por Ortega, la publicación cultural más notable y el órgano de expresión de la ya bien asentada intelectualidad: Ortega, d´Ors, Azaña, Marañón, Pérez de Ayala…, que se convirtieron paulatinamente en los escritores que al lado de los ya consagrados como Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado o Valle-Inclán dominaban el panorama cultural español.

El Novecentismo consiste, por tanto, en la consolidación de un tipo de intelectual diferente. Ya no se trata de los bohemios modernistas, sino de profesionales (filósofos, científicos, filólogos, juristas …) sólidamente formados. Estos orígenes intelectuales explican muchas de las características comunes de estos escritores:

- RACIONALISMO. Frente al irracionalismo modernista, los novecentistas persiguen el rigor intelectual.

- ANTIRROMANTICISMO. Se rechaza lo pasional y lo sentimental, se prefieren las actitudes equilibradas y la expresión intelectualizada de las expresiones.

- DEFENSA DEL “ARTE PURO”. El arte ha de tener entidad por sí mismo y debe estar diferenciado de disciplinas como la sociología o la psicología. El arte tiene que limitarse a proporcionar placer estético y no ha de ser, por tanto, vehículo para preocupaciones religiosas o políticas ni de emociones privadas.

- ARISTOCRATISMO INTELECTUAL. La búsqueda de la objetividad y de la perfección hace que los textos de estos autores se dirijan casi exclusivamente a entendidos, también la literatura, que está concebida para minorías selectas, o en expresión de Juan Ramón Jiménez, para la inmensa minoría.

- ESTILO CUIDADO. El ideal de la “obra bien hecha” lleva a una extrema preocupación por la concepción y estructura de las obras y por su lenguaje, con lo que se rechaza tanto el oropel modernista como el realismo chato y vulgar y se persigue un estilo pulcro y cuidado.

La penetración de las distintas vanguardias en la cultura española comienza a producirse desde finales de la primera década del siglo. Por tanto, la difusión de los nuevos principios estéticos vanguardistas viene a  coincidir prácticamente en el tiempo con el desarrollo del Novecentismo, con el que la vanguardia comparte muchos rasgos, de modo que es difícil establecer una frontera tajante que separe Novecentismo y Vanguardismo:

El Novencentismo vive y produce la misma atmósfera que dará lugar al nacimiento de la literatura de vanguardia. No es posible marcar una clara diferencia entre Nocecentismo y Vanguardia. Muchas veces los autores son los mismos […]. El rasgo unificador más claro es la postura intelectual ante el hecho artístico, así como el convencimiento de que es preciso un cambio estético y ético. Novecentismo y Vanguardismo no son, al fin y al cabo, sino variantes de una preocupación general por el hombre que se produce en Europa, coincidiendo con la entrada del nuevo siglo y bajo la conmoción social que significará el cambio de las relaciones de poder: crisis colonial, revolución soviética, Primera Guerra Mundial, desarrollo de las organizaciones proletarias… 
Jorge Urrutia: El Novenentismo y la renovación vanguardista.

La actividad de los escritores novecentistas no se circunscribe al plano intelectual o artístico, participan con asiduidad en la vida política de la época: durante la Primera Guerra Mundial, se muestran partidarios del bando aliado con el que identifican los ideales de libertad, cultura y progreso; son en su mayoría reformistas y con el tiempo republicanos, se presentan como decididos europeístas, son, por tanto, continuadores de la ideología burguesa progresista que desde mediados del siglo XIX se había gestado en España por los pensadores krausistas, seguidos luego por la Institución Libre de Enseñanza.

Antonio Machado, Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset y Ramón Pérez de Ayala cofundadores de la Agrupación al Servicio de la República

La nómina de intelectuales es muy extensa, entre ellos, además del líder indiscutible Ortega y Gasset, se encuentran ensayistas como Eugenio d´Ors y Manuel Azaña, los filólogos Tomás Navarro Tomás y Federico de Onís, los historiadores  Américo Castro y Sánchez Albornoz, el político Salvador de Madariaga, el médico Gregorio Marañón, etc.

II. EL ENSAYO NOVECENTISTA

El carácter intelectual de los escritores novecentistas, su marcada tendencia a la reflexión y la abundancia entre ellos de críticos, filósofos, historiadores, eruditos, profesores, etc., hacen que el género del ensayo, por su carácter flexible y divulgativo, sea una de sus formas de expresión preferidas, sin olvidarnos de las novelas que también tienen un apreciable componente ensayístico.

JOSÉ ORTEGA Y GASSET (1883-1956)

En 1910 era ya catedrático de Metafísica de la Universidad Central de Madrid. Sus colaboraciones periodísticas y su activa presencia en la vida cultural lo hicieron destacar enseguida en la España de la época y, junto con Unamuno, (al que admiraba pero con quien tuvo importantes desencuentros) se convirtió en la figura intelectual de referencia durante lustros.

José Ortega y Gasset por Ignacio Zuloaga

Entre sus numerosos ensayos destacan Meditaciones sobre el Quijote (1914), España invertebrada (1921), Ideas sobre la novela (1925), La deshumanización del arte (1925) y La rebelión de las masas (1928).

Las ideas de Ortega ejercieron una notable influencia en la literatura española durante segunda y tercera década del siglo. En sus ensayos aborda los temas más diversos: filosofía, política, sociología, historia, antropología, psicología, etc.

Su pensamiento político-social hunde sus raíces en la tradición liberal española del XIX, pero evoluciona desde un socialismo regeneracionista hasta un liberalismo a ultranzas, para acabar por mostrarse decidido defensor de una minoría selecta, que rija los destinos del país y conduzca sabiamente a las masas poniendo coto a los excesos que puedan venir de éstas.

Esta ideología está también en las teorías estéticas. En su ensayo más importante sobre este particular, La deshumanización del arte, realiza un análisis minucioso del arte vanguardista. Para él, el arte nuevo es un arte hermético, solo accesible a minorías escogidas, intelectual (“el placer estético tiene que ser un placer inteligente”), antirromántico y antirrealista. Debe ser un arte puro, alejado de la psicología, de la sociedad, de la vida y de las experiencias personales, porque si no,

En vez de gozar del objeto artístico, el sujeto goza de sí mismo […]. Y esto acontecerá siempre que se haga consistir radicalmente el arte en una exposición de realidades vividas. Éstas, sin remedio, nos sobrecogen, suscitan en nosotros una participación sentimental que impide contemplarlas en su pureza objetiva.

El arte, por tanto, ha de deshumanizarse con la eliminación de los elementos humanos de la tradición romántica y naturalista. En ese proceso de pureza y de deshumanización, el principal recurso del poeta es la metáfora, que, al decir de Ortega, es “el más radical instrumento de deshumanización”, puesto que la metáfora supone siempre una desrealización.

EUGENIO D´ORS (1882-1954).

Líder del movimiento en Cataluña, primero en lengua catalana y posteriormente en castellano. En sus glosas y comentarios defendió una vuelta al clasicismo, un mayor rigor en la creación artística, un estilo muy elegante y una actitud más vital y optimista, con lo que se oponía directamente con el modernismo decadentista. Reputado crítico de arte con obras como Tres oras en el Museo del Prado (1923) y Lo barroco (1935). En la Guerra Civil se alineó con el bando sublevado y durante la posguerra fue quizás el intelectual más destacado de le España franquista.


III. LA NOVELA NOVECENTISTA

Las características del movimiento fueron adaptadas por Ortega y Gasset en su ensayo Ideas sobre la novela. En esta obra expresa el agotamiento de la novela tradicional y defiende que tendría que interesar más el ambiente que la acción:

La esencia de lo novelesco […] no está en lo que pasa sino precisamente en lo que no es pasar algo, en el puro vivir, en el ser y el estar de los personajes, sobre todo en su conjunto o ambiente.

El novelista debe cuidar el detalle y prescindir de definir a los personajes, cuyos rasgos han de ser descubiertos por el lector inteligente. Lo importante ya no será la trama de la novela, sino el juego intelectual, la estructura y el estilo.

Todas estas ideas orteguianas sobre el arte y la literatura se convirtieron en lugares comunes en la España de la época, bien para seguirlas o para atacarlas, y tuvieron gran importancia en la orientación de la literatura española a finales de los años veinte.


GABRIEL MIRÓ (1979-1930)

Retrato de Gabriel Miró por Tauler

Destaca por su cuidad expresión y su exquisito estilo. Sobresale por su temperamento, su sensibilidad exacerbada y su capacidad excepcional para captar sensaciones: luz y color, aromas, sonidos, colores… debido a su lirismo se le ha denominado “gran poeta de la prosa”. Su dominio del lenguaje es absoluto y en sus obras prevalece la belleza formal, pasando la acción a ser algo secundario. Sus personajes son inactivos, decadentes, que pasan por la novela sintiendo y sufriendo pero siendo incapaces de actuar, todo está supeditado a la percepción sensorial de tal forma que los objetos son los verdaderos protagonistas de sus obras. Las obras más interesantes son: Nuestro Padre San Daniel (1921), El obispo leproso (1926).

RAMÓN PÉREZ DE AYALA (1880-1962)

Ramón Pérez de Ayala por Sorolla

Representante de la novela intelectual, sus obras han sido relacionadas con la técnica del perspectivismo, que implica la bifurcación de la realidad, de los capítulos, de las columnas de texto: posee un estilo denso, irónico, capaz de reflejar tanto lo culto como lo popular. Comparte aspecto de todos los movimientos. Su última etapa novelística es la más interesante, en ella se centra en los temas universales del amor, la injusticia, la educación… Son consideradas sus mejores obras Los trabajos de Urbano y Simona (sobre la educación sexual de un modo irónica pero muy didáctico) y Tigre Juan (trata los tópicos del honor matrimonial y el donjuanismo).

RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA (1888-1963)

Retrato de Ramón Gómez de la Serna por Diego Rivera


Cronista, articulista, literato, es un autor muy difícil de clasificar. Representa el primer novelista español adscrito a las vanguardias, cultivador de nuevas formas narrativas y de nuevas modos estéticos. Fue el creador de las llamadas greguerías, frases breves que encierran una pirueta verbal o una metáfora insólita (humorismo + metáfora = greguería). 

Sus novelas más celebradas son El incongruente (novela desordenada y absurda de un hombre que no encuentra un jueves. En ella se anticipa al surrealismo), y El hombre perdido (inaugura la novela nebulosa en la que se mezcla lo que sucedió realmente y lo que debió suceder). 

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