jueves, 25 de mayo de 2017

LITERATURA ESPAÑOLA ENTRE 1940 Y 1975 (NARRATIVA)

I. MARCO HISTÓRICO

La Guerra Civil española supuso una ruptura en la evolución de la cultura con respecto a las corrientes europeas. Tras el conflicto bélico el panorama cultural se ve condicionado por las siguientes circunstancias:

·        España queda sumida en un profundo aislamiento tanto cultural como político: se   cerraron las fronteras a toda influencia que pudiera ser nociva para el orden político establecido por la dictadura y se instauró un fuerte aparato de control y censura de las publicaciones. En este sentido, cualquier propuesta artística debía tener el beneplácito de los poderes eclesial y político.

·        Los escritores jóvenes carecen de modelos estéticos. La generación del 27, que se hallaba en plena madurez creativa, se deshace bruscamente: Federico García Lorca es fusilado durante la Guerra Civil; otros autores parten al exilio (Salinas, Cernuda, Guillén, Alberti). Los pocos que se quedaron en España (Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso) se convierten en prácticamente los únicos referentes para los creadores de posguerra.

·        Juan Ramón Jiménez continúa siendo un referente literario vivo, aunque su estética empieza a ser superada por otras formas y temas poéticos, más próximos a la compleja realidad social.

·        La escasa producción literaria nacional favorece el auge de las traducciones de autores pocos comprometidos para llenar el hueco editorial.

·        El también bélico que caracteriza al momento histórico genera, en el plano literario, tendencias al escapismo (la comedia evasiva) o la temática de guerra exaltando al bando vencedor.

·        En los años cincuentas se observan ciertos cambios socioeconómicos que anuncian una incipiente apertura del régimen franquista que se extiende hasta la década de los sesenta. Se producen migraciones del campo a la ciudad, lo que provoca el nacimiento de barrios obreros y suburbios, ambientes ampliamente retratados en la literatura del momento. Todo ellos originará la aparición de nuevas tendencias en el panorama literario español, al generalizarse una mayor preocupación por problemas de índole social. Por otra parte, España se incorpora lentamente a organismos internacionales, como la ONU (1955), y se observa una tímida liberalización intelectual.

·        Los años sesenta representan el comienzo de cambios sustanciales en la vida social, económica y cultural de España. El tímido aperturismo que ya se vislumbró en la década anterior se confirma y da paso a una época histórica caracterizada por una mayor presencia de nuestro país  en el ámbito europeo y mundial. Al desarrollo económico, impulsado por la industrialización y el aumento del turismo, se une el incremento de contactos con el exterior y cierta flexibilidad en el control de la censura. Con todo, autores como Juan Goytisolo o Juan Marsé ven prohibidas algunas de sus novelas.

II. LA LITERATURA EN EL EXILIO

Un estudio que no contemplase la aportación de los autores que hubieron de salir de España por motivos políticos sería incompleto, pues la labor literaria de los exiliados redundará, a la larga, en beneficio del desarrollo de nuestras letras. La nostalgia de España y la desazón por la derrota republicana se convierten en temas comunes. Del mismo modo, podemos señalar que estos autores exiliados integran a la perfección escenarios, estilos y costumbres de los lugares a los que llegan (Francia, México, Estados Unidos…).

II. I. NARRATIVA.

Los narradores en el exilio conforman un grupo extremadamente heterogéneo. Estos narradores mezclarán el tema del dolor por la guerra y la patria perdida (a menudo idealizada) con las técnicas propias del Realismo y la humanización de la novelística anterior al conflicto bélico, junto a los experimentos más vanguardistas.

·        Ramón J. Sénder. Autor de Crónica del alba (1942-1957) y Réquiem por un campesino español (1960), destaca por sus novelas de corte clásico.

·        Max Aub. Creador de la serie El laberinto mágico (1938-1968). Se trata de obras basadas en la Guerra Civil, compuestas por un lenguaje exquisito.

·        Rosa Chacel. Novelista innovadora y partidaria de un estilo vanguardista. Su obra más representativa es La sinrazón (1960).

·        Franciscon Ayala. Este granadino es el creador de una novela caracterizada por el preciosismo técnico y estético, con una intensidad conceptual sorprendente, su obra fundamental es Los usurpadores (1949).

II.II LÍRICA

La mayoría de poetas exiliados procede de la generación del 27 (Guillén, Salinas, Cernuda, Alberti). También vivió en el exilio hasta su muerte Juan Ramón Jiménez. Muchos de ellos cultivan temas recurrentes en torno al paraíso perdido, la armonía rota por la guerra, el paso del tiempo y la muerte. Otros poetas reseñables son:

·        José Moreno Villa. Definido como el poeta de la nostalgia, es conocido por La noche del Verbo (1942).

·        León Felipe. Se trata de un autor inclasificable y, con frecuencia, injustamente olvidado. Maestro del versículo, dedica poemario cargados de dolor a la España de los derrotados como Español del éxodo y del llanto (1939).

II.III TEATRO

Además de los autores del 27 (Salinas y Alberti escriben por estos años un teatro muy interesante), destaca la labor realizada por multitud de dramaturgos españoles exiliados en América, que lamentan la distancia de la patria. Tal es el caso de Alejandro Casona (La dama del alba, 1944) o Max Aub (Morir por cerrar los ojos, 1944).

III. NARRATIVA DE POSGUERRA

La Guerra Civil provoca una fisura muy profunda con la tradición anterior: quedan rotas o abandonadas las tendencias renovadoras y experimentales impulsadas por Unamuno o Valle-Inclán y las propuestas novecentistas no tienen continuadores. En cambio, se observa cierta relación entre la novela de posguerra y el Realismo del siglo XIX. Es esta una tendencia que ya se había manifestado en los años de preguerra en autores como Ramón J. Sénder, pero cuyos frutos habían sido silenciados por la represión cultural que supuso la censura.

III. I. LOS AÑOS CUARENTA: EL REALISMO TREMENDISTA

Aunque se amplían los temas literarios con relación a los años de guerra, los años cuarenta están marcados por las consecuencias del conflicto. Conviven por entonces diversas tendencias: a las notas triunfalistas, el deseo de evasión (principalmente en el ámbito teatral) o el retorno al formalismo clásico (sobre todo entre los poetas), pronto se une una literatura inquietante y cargada de angustia, presente –por ejemplo- en la poesía desarraigada de Blas de Otero o Gabriel Celaya, o en novelas como La familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo José Cela y Nada (1945) de Carmen Laforet. En esta última línea predomina el enfoque existencial que suele ser producto de las posguerras, así como una incipiente preocupación social, no fácilmente perceptible debido a la dura censura de estos años.

Desde un punto de vista técnico, la época está marcada por cierta desorientación y por la búsqueda de cauces por los que pueda transcurrir una literatura acorde con el momento que se vive (realismo barojiano, novela psicológica, heroica, poética, simbolista…). Esta situación incierta se ve agravada por la desconexión con el pasado literario inmediato: se “secuestran” las novelas existenciales de preguerra y se desconocen las obras de los exiliados; la novela novecentista (deshumanizada) se encuentra muy alejada temáticamente de los tensos momentos que se viven. Solo Baroja parece conectar con las preocupaciones de estos autores.

Sin embargo, a pesar de las dificultades propias del momento (guerra, exilio, incomunicación, censura, falta de modelos…), el género va renaciendo paulatinamente de la mano de escritores notables como Miguel Delibes, Camilo José Cela, Carmen Laforet, Ana María Matute… Hay cada vez más lectores y se fomentan los concursos literarios (como el premio Nadal).

Una de las primeras líneas de estos años fue el llamado tremendismo, inaugurado por Camilo José Cela con su novela La familia de Pascual Duarte. En esta breve pero intensa narración, Cela ofrece una agria visión de los aspectos más míseros y brutales de la realidad. La obra triunfó rápidamente y la fórmula propuesta, consiste en desquiciar la realidad en un sentido violento y en presentar sistemáticamente hechos desagradables e incluso repulsivos, fue muy imitada (Miguel Delibes en La sombra del ciprés es alargada, si bien con una honda religiosidad, o Ana María Matute en Los Abel).

III. II. LOS AÑOS CINCUENTA: EL REALISMO SOCIAL
“Hacia 1951 la literatura española, andadas  ya la trochas del tremendismo, dio un giro a su intención y empezó a andar la senda del realismo objetivo”. Con estas palabras, Camilo José Cela señalaba el cambio de rumbo que afectaría a la narrativa española en los años cincuenta. 1951 es el año de publicación de La colmena, segunda obra de Cela, con la que se inicia el decenio marcado por la estática del realismo social, que supondría el enriquecimiento de nuestro panorama novelesco. Siguen publicando autores de la época anterior (Miguel Delibes, El camino en 1950 y Mi idolatrado hijo Sisí  en 1953), pero se producen hechos significativos que nos permiten hablar de una nueva etapa: tímida apertura al exterior, migraciones del campo al exterior…

Surge una generación de narradores  que comparten principios ideológicos temáticos y formales, elk objetivo de estos novelistas consiste en ofrecer el testimonio de la realidad española desde una conciencia ética y cívica. Además, que la palabra sirva de estímulo para el cambio social (la literatura se concibe como un arma política), aunque son pocos los que adoptan una postura extrema (pues hubiera llevado a la censura, al exilio o a la cárcel); por ellos la mayoría opta por moderar la denuncia para que llegue al mayor número de lectores.

El relato trata de reflejar de modo objetivo la realidad. Así, el narrador no comenta los hechos que relata ni se implica en ellos: se limita a presentar escenas, personajes y hechos como si fuera una cámara cinematográfica. A esta forma de narra se le denomina objetivismo. Mediante esta técnica se persigue, además de adoptar una nueva posición narrativa, eludir en cierta medida la censura. A esta tendencia pertenece Ignacio Aldecoa, Jesús Fernández Santos, Rafael Sánchez Ferlosio, Ana María Matute o Carmen Martín Gaite.

Se han señalado diversos precedentes de la literatura objetivista: el neorrealismo italiano (sobre todo el cinematográfico: Vittorio de Sica o Visconti), algunos escritores americanos de la llamada generación perdida y, en menor medida, el nouveau roman francés. Entre los españoles, los críticos han hablado del influjo de Galdós y Baroja, y la admiración que despierta Antonio Machado.

El grado máximo de la técnica objetivista será el conductismo, en el que el narrador se limitará a registrar la pura conducta externa de individuos o grupos y a recoger sus palabras, sin comentarios ni interpretaciones; una muestra es, en alguna de sus partes, El Jarama (1955), de Rafael Sánchez Ferlosio.

Por otra parte, ciertos autores optan por una crítica más directa, en la que lo social es el contenido básico, a veces en detrimento de la estética tradicional. Este grupo lo constituyen, entre otros, José Manuel Caballero Bonald, Juan García Hortelano, Juan Goytisolo, Luis Goytisolo, Alfonso Grosso, Juan Marsé… La técnica empleada en sus obras ha sido denominada realismo crítico, que consiste en la denuncia de las desigualdades y las injusticias, no mediante la reproducción de la realidad sino a través de su explicación y análisis, descubriendo sus mecanismos más profundos. En estos autores es decisiva la influencia de los novelistas americanos de la generación perdida.

TEMAS Y ESTILO

Los temas recurrentes en estos novelistas son el desaliento, la insatisfacción, la soledad en medio de la sociedad, el recuerdo de la guerra y sus consecuencias. Indagan tanto en la España urbana como en la rural. Los principales campos temáticos de los escritores del medio siglo son:

·        La vida en el campo: Los bravos (1954) de Jesús Fernández Santos; Dos días de septiembre (1962) de José Manuel Caballero Bonald; La zanja (1961 de Alfonso Grosso.
·        El mundo del trabajo y las relaciones laborales: Central eléctrica (1958) de Jesús López Pacheco.
·        La ciudad: La colmena (1951) de Camilo José Cela.
·        La vida de la burguesía: Juegos de mano (1954) de Juan Goytisolo.

En general predominan en estas novelas los espacios abiertos: el campo, el mar, las aldeas, lo arrabales…

Los protagonistas son seres solitarios que viven aislados dentro de sus barrios o grupos. Es una soledad que nace de la desconexión entre ricos y pobres, campo y ciudad, pueblo y Estado. La razón última de esta soledad está en la división de los españoles, recrudecida por la guerra.

En estas obras de los años cincuenta destaca, pues, un desplazamiento de lo individual a lo colectivo: la sociedad española se convierte en tema narrativo.

El estilo se caracteriza por una deliberada pobreza léxica y por una tendencia a recoger los aspectos más superficiales de los registros lingüísticos  populares o coloquiales. No obstante, no es un estilo descuidado, pues en bastantes obras se muestra un notable interés por lo formal. Estos autores aportaron novedades, pero el contenido es prioritario frente a la experimentación técnica.

III. III LA NOVELA EXPERIMENTAL: SUPERACIÓN DEL REALISMO.

Se considera 1962 como la fecha de inicio de esta nueva etapa en la narrativa española. En este año se publican Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos, y La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa, obras con las que asistimos, por otra parte al boom de la narrativa hispanoamericana. Tras ciertas reticencias, puede decirse que las formas se imponen hacia 1966.1967, y se da fin al realismo social.

El cambio se vio impulsado con la incorporación de figuras consagradas de la generación del 36 (Camilo José Cela o Miguel Delibes) y de la década de los cincuenta (Juan Goytisolo). Básicamente, la renovación de la creación novelística se fundamenta en los siguientes factores:

·        Los lectores, que asisten a un nuevo panorama socio-económico, se sienten cansados de la novela social, centrada en los aspectos críticos y desinteresada en la forma. El propio Juan Goytisolo confirmaba la ineficacia de la literatura como arma para transformar el mundo: “Supeditando el arte a la política rendíamos un flaco servicio a ambas: políticamente ineficaces, nuestras obras eran, para colmo, literariamente mediocres; creyendo hacer literatura política, no hacíamos ni una cosa ni otra”.
·        El desengaño de la función social de la novela conduce a una renovación de los aspectos formales y a la recuperación de la imaginación y del subjetivismo, lo que favorece a los elementos líricos.
·        La irrupción de la novela hispanoamericana (con autores de la talla de Mario Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar, Borges o Sábato) y el conocimiento de la obra de autores exiliados contribuyen al florecimiento de esta nueva etapa.

En este período se habla de novela estructural o experimental, concepto que afecta a tres aspectos de la composición de la novela:

·        Relieve de la estructura formal (disposición en partes).
·        Indagación de la estructura de la conciencia personal (habitualmente del protagonista).
·        Exploración de la estructura del contexto social.

Este nuevo concepto de novela, basado en lo que se ha denominado deconstrucción (construcción a partir de la destrucción de los modelos anteriores), implica también transformaciones en todos sus elementos: acción, personajes, punto de vista, estructura, diálogos, descripciones.

CAMILO JOSÉ CELA

Nació en Iria Flavio (La Coruña). Realizó estudios de diversas carreras (Medicina, Filosofía y Letras y Derecho) pero no concluyó ninguna. Una enfermedad le hace pasar un largo período de reposo que dedicó a la lectura de nuestros clásicos. Tras el éxito de su primera novela, La familia de Casual Duarte, se dedica por entero a la literatura. En 1957 ingresó en la Real Academia Española. Recibe en 1984 el Premio Nacional de Literatura, en 1987 el Príncipe de Asturias, en 1989 el Premio Nobel de Literatura y en 1995 el Premio Cervantes.

Cela está considerado el iniciados del tremendismo con la publicación en 1942 de La familia de Pascual Duarte, uno de los principales acontecimientos novelísticos de la posguerra.

Su segunda gran obra, La colmena (1951), es un retrato fiel de la amarga realidad de la posguerra, condicionada por el hambre, el miedo y el sexo. La acción se desarrolla en Madrid, en los años cuarenta. No hay un único protagonista: por la novela desfilan alrededor de doscientos personajes. Se trata de un gran retrato social, una “novela coral” cuyos personajes se retratan hablando; sin embargo, no podemos hablar de conductismo, ya que las intervenciones del narrador, llenas de humos y de ternura, nos lo impide. Está en el límite entre lo existencial y lo social, y supone el inicio de la novela social de los cincuenta.

A partir de los años 60, Cela se suma a las corrientes renovadoras de estos años. Así, publica San Camilo, 1936 (1969), un monólogo interior situado en Madrid a comienzo de la Guerra Civil. Esta obra recoge lo más sórdido y oscuro de la ciudad, la violencia y, sobre todo, el sexo. Oficio de tinieblas (1973) continúa n esta línea de innovación. Su última novela, Madera de boj (2000), plasmó el mundo interior del novelista.


MIGUEL DELIBES

Cursó estudios de Derecho, Periodismo y Comercio (materia en la que ejerció como catedrático), aunque comenzó trabajando como caricaturista y empleado de banca. Escribió en el diario El Norte de Castilla, publicación de la que llegó a ser director. En 1947 gana el Premio Nadal por La sombra del ciprés es alargada. Con la publicación de El camino (1950) se consagra definitivamente como escritor. En 1954 obtiene el Premio Nacional de Literatura por su novela Diario de un cazador. A partir de ahí se suceden los premios y reconocimientos por su labor, así como el dictado de conferencias por todo el mundo. Ingresó en la Real Academia Española en 1973; en 1982 obtiene el Premio Cervantes y en 1993 el Príncipe de Asturias.


OBRA

Miguel Delibes está considerado como el máximo representante del realismo intimista. En una primera etapa de su producción, aborda los temas de la tristeza y la frustración. Buen ejemplo de ello es La sombra del ciprés es alargada (1947), novela preocupada por lo humano, de profunda hondura psicológica, cuidadas descripciones del paisaje y diálogos expresivos. En su segunda etapa escribe El camino (1950), Las ratas (1952) o Mi idolatrado hijo Sisí (1953), entre otras obras, todas ellas novelas representativas del realismo social. Las dos primeras se enmarcan en el medio rural, la tercera narra las costumbres y la mentalidad de la burguesía provinciana.

La obra cumbre de Delibes, Cinco horas con Mario (1966), es el largo monólogo de una mujer que vela a su marido recién fallecido. Dos sentimientos se baten en su interior: la culpabilidad por un adulterio (deseado pero no cometido) y la frustración, pues cree que su marido la apartó injustamente. En 1982 aparece Los santos inocentes sobre la degradación que sufre una familia rural explotada por los señores-amos de un cortijo de Extremadura.

ESTILO

Delibes se caracteriza por su capacidad para construir personajes, reflejar ambientes y por su dominio del léxico y de registros lingüísticos variados, en especial del habla popular, con el que alcanza sus más altas dosis expresivas.

ANA MARÍA MATUTE

Ha sido una de las escritoras más premiadas del siglo XX: recibe una mención especial en el Premio Nadal en 1947 por Los Abel, Premio Café Gijón 1952 con Fiesta al noroeste, Premio Planeta 1954 con Pequeño teatro, Premio de la Crítica 1958 y Premio Nacional de Literatura 1959 con Los hijos muertos, Premio Nadal 1959 con Primera Memoria, y un largo etcétera. En 1966 publicó uno de sus mayores éxitos, Olvidado rey Gudú. En 2008 salió a la luz su novela Paraíso inhabitado. Está considerada como la mejor novelista española de la posguerra. Murió en 2014.

OBRA

Ana María Matute es una escritora personal e independiente (“Escribo a mi aire, y pare usted de contar”, afirmó en una ocación); se aprecia en ella una tendencia a presentar la realidad transformada por su propio punto de vista. Su obra está marcada por el pesimismo y dominan en su producción los tonos trágicos y sombríos. Deja ver los problemas sociales y la situación del hombre en la realidad cotidiana.

Podemos clasificar la obra de Ana Maria Matute en dos grandes bloques:

·        Obras de tono realista, como Pequeño teatro, Los Abel, Fiesta al noroeste, Los hijos muertos, Primera memoria, en la línea estudiada de la novela de posguerra, si bien con un tono siempre personal, ya que a veces manipula la realidad en beneficio de la narración.
·        Obras de contenido fantástico, entre las que se incluyen muchas de sus narraciones breves (La torre vigía, El tiempo…) y otras extensas (Olvidado rey Gudú). Algunas están destinadas al público infantil y juvenil.

ESTILO

Se ha valorado siempre en su obra la riqueza de la adjetivación y su capacidad para crear imágenes sugerentes, sensoriales y plásticas.

RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO

Nace en Roma, de padre español y madre italiana. Comenzó su andadura literaria con Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951), la historia de un niño que es expulsado de la escuela por escribir en un alfabeto ininteligible. Con El Jarama obtuvo el Premio Nadal en 1955. tras estas dos obras se dedica a la reflexión crítica. Es también autor de relatos como Y el corazón caliente, y de artículos periodísticos. En 2000 obtienen el Premio Cervantes.

Alfanhuí, la obra con la que Sánchez Ferlosio se da a conocer, narra las aventuras mágicas y las visiones del mundo del niño que da título a la novela. Puede considerarse como un antecedente del realismo mágico hispanoamericano, que tendrá enormes repercusiones en la narrativa española de los años sesenta.

El Jarama es una muestra representativa de los rasgos principales de la narrativa de los años cincuenta: personaje colectivo, técnica cinematográfica y trascripción del lenguaje coloquial. En la novela domina casi por completo el diálogo.



miércoles, 17 de mayo de 2017

EL TEATRO ANTERIOR A 1939


Como ya hemos estudiado, el teatro es un género literario especial, puesto que las obras se escriben para ser representadas por unos actores por lo que esta característica condiciona su carácter comercial. En este sentido, la industria teatral a principios del siglo XX estaba liberalizada, se regía por fines lucrativos, por lo que se sucedían rápidamente las representaciones por compañías más o menos estables en teatros de las grandes ciudades.

Desde el punto de vista de la escena, hay una escasa profesionalización de las compañías y una ínfima calidad de la enseñanza dramática, normalmente el actor es un autodidacta y los que llegaban a ser primeras figuras ejercían de director y seleccionaban actores y obras en función de su lucimiento personal.

Desde el punto de vista literario, la estructura social y económica no sostiene la experimentación teatral que se está dando en los principales focos culturales occidentales y el público español no está educado en la modernidad teatral ya que aun está instalado en los gustos por asuntos románticos y melodramáticos de un teatro escrito en verso retórico y grandilocuente.

Con este panorama, hasta 1939 van a coexistir dos tendencias:

. La tendencia comercial / tradicional, que entiende el género como simple divertimento y negocio. En esta tendencia se encuadran:

. La comedia burguesa cuyo mayor exponente es Jacinto Benavente.
. El teatro en verso: Villaespesa, Eduardo Marquina y los Machado.
. El teatro cómico-costumbrista: Los hermanos Álvarez Quintero, Carlos Arniches y Muñoz Seca

. El teatro innovador que pretende ofrecer un nuevo tipo de obras bien por su carga crítica, bien por sus innovaciones técnicas, o por ambas. Se trata de un teatro minoritario, elitista que, por lo general, queda fuera de los escenarios.

I. TEATRO TRADICIONAL

I.I LA COMEDIA BURGUESA

Se denomina también alta comedia o comedia de salón. Las obras son una crítica amable y complaciente de la burguesía basada en la ironía, en la frase ingeniosa y en el juego cortés.

El principal autor es Jacinto Benavente, que reconduce su obra tras la experiencia fallida de su primera producción en la que se excede con la crítica a la burguesía (El nido ajeno). Su crítica, a partir de este momento, se hará más suave y superficial ya que cuanto menos profundiza en sus análisis y opiniones mayor éxito de público tienen sus obras. Así, asume el papel de cronista amable de la sociedad burguesa, por el conocimiento de esta clase y por los temas con los que se relaciona.

Entre las características de sus obras cabe señalar la falta casi absoluta de tensión dramática, protagonizada por unos personajes que se fundamentan en la conversación con unos diálogos fluidos y naturales, cayendo muchas veces en esquematismos psicológicos. La estructura de sus obras es la propuesta por Lope, tres actos: planteamiento, nudo y desenlace con sus respectivos clímaxs y a cada escena dramática le sucede una escena reflexiva.
Las obras donde logra sus mejores resultados son aquellas en las que busca un teatro más auténtico, más cercano a la tradición teatral universal:

Los intereses creados (1907). Para muchos es su mejor obra ya que se denota una atmósfera modernista de gran calidad literaria y unidad temática. Utiliza los elementos del la Comedia Dell´Arte para dar una aire de intemporalidad y objetivación a las ideas sin caer en la comedia costumbrista. Los recursos escénicos que requiere hacen que se mantenga la atención del público.

La malquerida (1913) es un drama rural en el que se desatan las pasiones que tan prudentemente contenía en sus obras. Se halla en este drama los antecedentes de las tragedias rurales de Lorca.

Las obras de Benavente gozaron de gran éxito hasta los años de la posguerra. En 1922 se le concede el Premio Nobel de Literatura.

I. II. EL TEATRO EN VERSO

Son obras que exaltan ideales nobiliarios y hechos del pasado siguiendo la estela del modernismo con respecto al lenguaje poético en detrimento de la estructura dramática. Su principales representantes son Francisco Villaespesa, Eduardo Marquina y los hermanos Machado que siguen la corriente modernista aunque mezclada con elementos románticos y folclóricos (La Lola se va a los puertos; La duquesa de Benamejí).

I.III. EL TEATRO HUMORÍSTICO-CONTUMBRISTA

Se trata de obras que entroncan con la tradición del teatro popular que en esta época produce algún tipo de renovación. Trata temas intrascendentes, con una estructura breve y sencilla. Recrea ambientes pintorescos con tipos populares que emplean un lenguaje casticista.

Carlos Arniches. Creador de la comedia grotesca y cultivador de géneros menores. Sus características innovadoras radican en la profundización de los caracteres, en la deformación del léxico para crear efectos cómicos y la conjunción de lo trágico y lo cómico. La obra que mejor representa estas características es la comedia de costumbres La señorita de Trévelez (1916).

Si Arniches sitúa sus comedias en el Madrid más castizo, los hermanos Álvarez Quintero harán lo propio situando sus obras en la Andalucía tópica y superficial, sin entrar en ningún tipo de crítica o complicación, tratando temas amorosos y llevando a escena el lenguaje de las clases más populares.

Pedro Muñoz Seca representa la renovación del teatro popular cómico a través del género “el astracán”. Basa su comicidad en el chiste directo, en el retruécano, en las semejanzas fonéticas. Su obra más célebre es La venganza de don Mendo (1910), una divertida sátira de los dramas melodramáticos.

II. EL TEATRO INNOVADOR

II. I GENERACIÓN DEL 98

Dentro del teatro del 98 destacan Unamuno y Azorín.

Las obras de Miguel de Unamuno son un intento serio, pero fracasado, de renovar el género dramático, aunque sin considerar las exigencias escénicas. Cultivó el teatro de la angustia vital del yo que siempre lo acompañó. Sus personajes exponen verdaderos ensayos orales a través de largas intervenciones sobre problemas de conciencia religiosa o vital, son obras carentes de acción. Se trata un teatro de las ideas igual que sus novelas y ensayos. Así lo hace en Fedra y en El Otro.

Azorín se aleja en su vertiente teatral del 98 y se acerca más a la Generación del 27 tanto en lo artístico como lo ideológico. Su teatro supuso la renovación teatral más radical asumiendo el desarrollo del surrealismo europeo. Actúa también en la renovación de espacio escénico, los decorados, la luminotecnia para imprimir un ritmo rápido a la acción. Destaca Lo invisible, una trilogía del sentimiento de angustia ante la muerte.

VALLE-INCLÁN.

Su trayectoria literaria representa el paso del Modernismo finisecular al vanguardismo. Para entender la dramaturgia de Valle-Inclán hay que partir del hecho de que es un autor totalmente al margen planeamiento o pretensión comercial en la creación y difusión de sus obras. Es el gran renovador del teatro en la primera mitad del siglo XX aunque no vio representadas la mayoría de sus obras por considerarse antidramáticas e irrepresentables, si bien las técnicas que propugnaba ya eran utilizadas en las salas teatrales europeas. Al margen de su adscripción a cualquier movimiento, Valle es el inventor del teatro en libertad total y supone la máxima contribución del teatro español al teatro universal.
En sus obras se enfrenta críticamente con la sociedad de su tiempo (la Restauración, el caciquismo,el desastre del 98…) cuidando al máximo el lenguaje literario, tanto el dramático empleando el verso y la prosa , como en las acotaciones. Este texto secundario es importantísimo en el teatro de Valle-Inclán, en la representación se pone en boca de personajes o narradores que describen la escena, recursos que luego serán empleados por el lenguaje experimental. Con respecto a los elementos escénicos, también aporta una radical renovación técnica, incorporando a la acción dramática elementos visuales, auditivos, la pintura, la arquitectura y la música.

Podemos diferenciar varias etapas en sus obras, teniendo en cuenta que la renovación de su teatro no es rectilínea, sino que abre caminos en varias direcciones.

* Primeras obras. Aunque sus primeras obras son narrativas, también da sus primeros pasos como dramaturgo orientando sus obras en el Modernismo decadente. En esta época escribe El yermo de las almas y la versión teatral de las Sonatas.

* Ciclo crítico. Entre 1907 y 1923 aparece su trilogía Comedias bárbaras. En ellas Valle-Inclán ensaya un nuevo camino también propio del Modernismo, el primitivismo. Teatralmente, estas obras suponen un significativo avance sobre sus primeras tentativas dramáticas. Las acotaciones adquieren una importancia tal, que se ha hablado de hibridismo entre novela y drama. Además, el espacio escénico rebasa el marco convencional del teatro a la italiana.

* Ciclo de la farsa y teatro modernista. Durante la segunda década del siglo, Valle-Inclán escribe casi exclusivamente teatro, en su mayor parte en verso. Sin embargo, no tienen nada que ver con el teatro modernista del momento, sino de experimentos dramáticos con los que crea un mundo artificioso y alejado de la realidad. Pasamos con la farsa a un mundo distinto, donde lo grotesco se presenta unido a lo poético. Así lo hace en La princesa Rosalinda o Cuento de abril. En ellas observamos una evocación de los escenarios exóticos y lejanos y un teatro modernista con visión irónica en el que sus personajes están evolucionando hacia el esperpento.

* Ciclo esperpéntico. “Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento. Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas”. Así define Valle-Inclán su proceso de deformación de la realidad, que dará como resultado una realidad más fiel a la sociedad. Valle-Inclán incrementa sus rasgos expresionistas en el drama Divinas palabras donde ya se vislumbra el esperpento. En esta obra retoma retoma el mundo misterioso y primitivo de la Galicia ancestral. Pero solo queda ahora un mundo sórdido y miserable, dominado por la avaricia y la lujuria, en el que un pueblo harapiento, ignorante y supersticioso es fielmente sometido y subyugado por efecto de unas palabras (divinas palabras) de un evangelio en latín que no entienden. Es la tragicomendia sórdida de un enano hidrocéfalo en la que abundan los personajes tarados y deformes física y espiritualmente. Técnicamente, el dramaturgo escribe un teatro cada vez más personal y alejado de la convencional escena española de su tiempo.

Pero indudablemente es Luces de bohemia la obra clave en el giro radical de la literatura valleinclaniana. Ella y las tres piezas incluidas en Martes de Carnaval dan nombre a la etapa esperpéntica. En ellas está definido el esperpento, una técnica para deformar la realidad externa fusionando lo humano y lo animal, lo onírico y lo real.

Luces de bohemia es el recorrido por los laberintos de Madrid de Max Estrella, héroe clásico degradado cuya “mala estrella” lo ha llevada a la bohemia desgarrada, muy distinta a la bohemia de los escritores modernistas a los que refleja entre burlas. La acción se desarrolla en quince escenas que son el víacrucis del poeta junto con su amigo y admirador cínico don Latino de Híspalis desde su casa al cementerio, camino que representa un universo de injusticias, horrores, odios y vergüenzas.

Los cuernos de don Frioleras es la primera pieza de la trilogía que forma Martes de Carnaval. En ella parodia el código del honor calderoniano, reiterado hasta la saciedad en los melodramas de su tiempo que tanto gustaban al público, como los de Echegaray. En ella abunda en la estética esperpéntica ensalzando lo irónico y degradado a través de la animalización o la cosificación de los seres humanos, la presencia de la muerte como personaje principal y la estilización del lenguaje bajo el que subyace el significado de la crítica satírica.

En cuanto a los recursos, Valle-Inclán emplea la técnica de los contrastes violentos mezclando los géneros, presentando lo extraordinario como normal y verosímil y recurriendo a técnicas cinematográficas, lo que hace difícil llevar a la escena sus propuestas.

Como para Shakespeare, para Valle-Inclán el teatro es un espejo de la realidad. Lo novedoso de su concepción estriba en la deformación de la realidad. Esto influirá negativamente en la recepción de sus piezas a principios de siglo, puesto que ni el público ni la crítica las reciben con agrado. Sin embargo, pasado el tiempo, la revalorización de la obra dramática de Valle es incuestionable y sigue siendo referente máximo tanto en la representación de sus obras como en la lectura.

II. II. TEATRO NOVECENTISTA

Durante el Novecentismo, contamos con el teatro innovador de Jacinto Grau, cuya pieza más famosa es El señor de Pigmalión, drama simbolista en el que se plantea la identidad de las criaturas y su relación con el creador, de modo que es patente las influencias de Pirandello y Unamuno. De esta etapa es también el teatro anticonvencional de Ramón Gómez de la Serna con obras como Los medios seres.

III.III. TEATRO DE LA GENERACIÓN DEL 27

Aunque la principal contribución de los miembros de la Generación del 27 fue en la lírica, también fue el género teatral objetivo de sus creaciones. Como rasgo general, las obras dramáticas se caracterizan por una depuración del teatro poético, la incorporación de las vanguardias y el intento, solo conseguido por Lorca, de acercar el teatro al pueblo.

Pedro Salinas, Rafael Alberti y Miguel Hernández son los autores que más relación tienen con el género, bien con un teatro de difícil comprensión (Salinas y Hernández) o con intenciones políticas (Alberti con Fermín y Galán).

Pero sin duda el dramaturgo de la Generación de 27, además de ser el promotor del teatro entre las capas más populares a través de su experiencia en La Barraca, es Federico García Lorca.

El escritor granadino desdibuja las fronteras entre lo lírico y lo teatral, incluye aportaciones vanguardistas, rescata el sentimiento femenino en sus personajes y hace patente una intención didáctica. De esta manera se entrelaza el yo y el nosotros, lo personal y lo social, el verso y la prosa con un lenguaje lleno de viveza e intensidad por la sutil mezcla de lo culto y lo popular, la realidad social y la poesía.

Lorca se nutre de diversas tradiciones teatrales a la hora de crear las suyas. Así, recoge del teatro modernista la estructura base, la preferencia por el mundo rural y la distribución de las escenas. De la tradición clásica española toma elementos que se funden con la trama como la danza y la música, concibiendo el teatro como un espectáculo total. No duda en incorporar las vanguardias y hacerlas llegar al público. De todas las fuentes surge la gran cantidad de géneros que cultiva: la farsa, el teatro de guiñol, el drama simbolista, la tragedia…

Con el tiempo va haciéndose más fuerte en Lorca una idea didáctica del teatro y un enfoque más social y popular: "En este momento dramático del mundo, el poeta debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan las azucenas.

Sus dos primeras obras están escritas totalmente en verso. Sin embargo, en las obras posteriores el verso aparece en los momentos de mayor intensidad o a las escenas líricas entre varios personajes o a canciones para crear un clima dramático. Su última obra, La casa de Bernarda Alba, está escrita casi íntegramente en prosa, pero es una prosa poética.

En cuanto al lenguaje, es una lengua poética en donde conviven vanguardia (metáforas, símbolos) y tradición (símbolos y expresiones populares, léxico emotivo).

Principales etapas de su teatro y obras teatrales fundamentales:

1) Etapa inicial, el teatro de títeres y las farsas: Su primera obra, El maleficio de la mariposa, estrenada en 1920, fue un fracaso comercial. Compone luego obras de guiñol como Títeres de cachiporra. Su primer éxito teatral llegó con la obra Mariana Pineda, sobre la heroína que murió ajusticiada en Granada en 1831 por haber bordado una bandera liberal. También escribe farsas como Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín o Retablillo de don Cristóbal.
   2) Teatro surrealista: Las "comedias imposibles" de Lorca son fruto de su    crisis personal y estética y al igual que su obra poética, Poeta en Nueva York, encuentran como cauce de expresión el lenguaje surrealista. Estas obras son El público ( 1930) y Así que pasen cinco años (1931). En ellas están presentes la denuncia y las frustraciones íntimas.

  3) Teatro de plenitud: Son obras ambientadas en Andalucía que tienen  como principal protagonista a la mujer. El tema fundamental es la lucha por la realización personal que choca con las convenciones sociales o con la muerte y que terminan trágicamente. Las obras fundamentales son:

- Bodas de sangre (1933), basada en un hecho real, trata de una novia que escapa con su amante el mismo día de su boda. Esta pasión que desborda barreras sociales desembocará en la muerte.

- Yerma (1934), es el drama de una mujer estéril, frustrada por no poder tener hijos. La obra también termina trágicamente.

- La casa de Bernarda Alba (1936) subtitulada "Drama de mujeres en los pueblos de España", denuncia la represión del amor y de los deseos juveniles por las convenciones sociales. Bernarda Alba, tras la muerte de su marido, impone a sus cinco hijas un luto de ocho años, sin poder salir de casa y sin poder disfrutar de la vida ni del amor. Esto genera en las chicas una profunda frustración que espoleará sus pasiones. Se enfrentan, por lo tanto, en esta obra la autoridad representada por Bernarda Alba (y simbolizada por su bastón de mando) y la libertad (deseo de sus hijas); el conflicto entre la realidad y el deseo. La obra terminará trágicamente con el suicidio de la hija más rebelde, Adela.

jueves, 4 de mayo de 2017

NARRATIVA ESPAÑOLA ANTERIOR A 1939

I.                   INTRODUCCIÓN

Si bien es cierto que en los albores del siglo XX siguen siendo las obras de escritores como Galdós las más leídas, no lo es menos que muchos autores jóvenes se enfrentan a esa literatura decimonónica y pugnan por abrirse camino en el mundo literario. Era este un fenómeno que ya venía de unos años atrás y que obedecía al descrédito que en todas partes había sufrido la estética realista en consonancia con la crisis más amplia del positivismo y de la razón. Los mismos escritores realistas, como los casos de Galdós o Clarín, también buscaron en sus textos cauces formales innovadores con los que expresar sus nuevas preocupaciones.

Un nombre solía dárseles en su momento a estos jóvenes escritores, el de modernistas, en ocasiones con intención más o menos peyorativa, censurando la extravagancia, el culto exagerado de la forma, el radicalismo político en algunos, etc. Es el cauce de la expresión modernista y la asimilación de las vanguardias lo que revolucionará el lenguaje literario en sucesivas generaciones, dando lugar un florecimiento literario de primer orden.

El objetivo primordial de esta nueva generación ya no va a ser reflejar objetivamente la realidad, sino que esta aparezca diluida como trasfondo de experiencias humanas subjetivas o de problemas de conciencia. Esta ruptura con el estilo realista conduce a la prosa hacia subgéneros novedosos: la novela lírica, la novela intelectual, novela erótica, novela vanguardista o novela social.

En las obras de estos autores aparecerán nuevos temas comunes: el voluntarismo frente a la abulia, la pasión frente a la inteligencia, problemas de personalidad, frustraciones eróticas, críticas sociales diversas y una actitud rebelde ante los valores burgueses. Así, las novelas se pueblan de personajes abúlicos, insatisfechos e inadaptados.

1902 se convierte en una fecha crucial en nuestras letras porque  ven la luz novelas modernistas e intelectuales que marcarán a la primera generación de escritores del siglo XX: Unamuno publica Amor y Pedagogía, Azorin La voluntad, Pío Baroja Camino de perfección, y Valle-Inclán Sonata de otoño.

Desde que Azorín acuñara el término de Generación del 98 en 1913 para referirse a los nuevos escritores de esta época, se extendió la distinción entre los escritores que se refugiaban en el esteticismo como rechazo del mundo circundante, para los que se reservó el membrete de modernistas, y aquellos como Unamuno, Baroja o el propio Azorín, que mostraban una actitud crítica ante la realidad, defendía la idea de cambios u adoptan un compromiso social y político explícito se reservó la denominación de Grupo del 98. Sin embargo tal distinción no es tan evidente porque, en realidad, los escritores de ambos grupos mantuvieron una relación personal y literaria constante y una preocupación por la realidad española que trasladaron a sus obras sin hacer diferencias entre unos y otros. Ya el propio Azorín en 1914 concluyó tajantemente: “Yo siempre he afirmado que no creía que existiera una generación del 98”.  Es evidente que las situación política y social de España agravados por los sucesos de 98 provocaron un estado general de pesimismo que marcará decisivamente el carácter de nuestra literatura, aunque lo más relevante literariamente es que cada uno de los autores, tanto líricos como prosistas desarrollaron una impronta personal.

II.                AUTORES Y OBRAS

II.I AUTORES NOVENTAYOCHISTAS

II.I.a RAMÓN MARÍA DEL VALLE- INCLÁN (1866-1936)

Es el autor que mejor representa la evolución literaria. Se inicia en el Modernismo con el libro de poemas Aromas de leyenda, a partir de entonces cultivará todos los géneros y, aunque su obra narrativa ha sido la menos estudiada, contribuyó de manera especial a la renovación de la prosa en lengua española. Su trayectoria novelística evoluciona desde los orígenes modernistas hasta la creación personal de la novela esperpéntica.

LA ETAPA MODERNISTA. Si bien el Modernismo es una referencia constante en la obra de Valle-Inclán, puede decirse que todas sus obras hasta 1906 se inscriben de forma explícita en la estética más declaradamente modernista. Comienza escribiendo cuentos y relatos breves de tipo amoroso-galante, terror-misterio. Estos cuentos serán la base de sus Sonatas, las memorias amables del Marqués de Bradomín: La más importante es Sonata de otoño, quizás la obra que mejor represente el Modernismo español al representar los postulados más puros de este movimiento. Las cuatro Sonatas están estructuradas como una composición musical en cuatro tiempos y liga simbólicamente la estación del año, el marco geográfico, la edad del protagonista y sus experiencias vitales. Bradomín es un dandy aristocrático típico de fin de siglo, elegante, exquisito, amoral, aventurero, provocador, cínico que se mueve en un ambiente de misterio y leyenda, entre preciosos jardines y lujosos interiores, se exalta nostálgicamente todo un mundo decadente y refinado con esmerado lenguaje y cuidado estilo que dan como resultado la prosa más brillante del Modernismo español.

LA ETAPA DEL PRIMITIVISMO. En pocos años escrible Valle-Inclán cinco obras de notable importancia en las que ensaya un nuevo camino propio de las diversas orientaciones del Modernismo: el primitivismo. Las agrupa en las llamadas Comedias bárbaras, por la brutalidad, la violencia, las pasiones desbordadas, así como un mundo rural de mitos y leyendas, ritos y supersticiones del mundo rural más primitivo. Pertenecen a esta etapa las tres novelas de la guerra carlista en donde narra diversos episodios de la última guerra de ese nombre acaecida en España en el siglo anterior, aunque el lector tiene la impresión de que los sucesos ocurren en un pasado inmemorial, en un pasado antaño. Valle-Inclán encuentra en el carlismo un sentimiento popular y colectivo netamente antiburgués y el romanticismo de las causas perdidas.

LA ETAPA DEL DISTANCIAMIENTO ARTIFICIOSO. Durante la segunda década del siglo Valle-Inclán escribe exclusivamente obras teatrales, en su mayor parte en verso. Sin embargo, no se trata de teatro poético modernista, sino de diversos experimentos dramáticos con los que el escritor crea un mundo artificioso, muy literario y estilizado. En la mayoría de las obras busca inspiración temática y formal en la tradición teatral clásica.  En este período destaca La princesa Rosalinda en la que al elemento modernista se le añade un tono grotesco.

LA ETAPA DE LOS ESPERPENTOS. El poemario La pipa de kif adelata la nueva estética de Valle-Inclán. Un año después ven la luz dos farsas, Farsa italiana de la enamorada del rey y Farsa y licencia de la reina castiza en donde ya los personajes son marionetas grotescas superando definitivamente el Modernismo. Los personajes son meros fantoches y la España isabelina es caricaturizada al extremo. En Divinas palabras retoma el mundo misterioso y primitivo de la Galicia ancestral, pero ya se han evaporado los aromas de leyenda, solo queda el mundo sórdido y miserable dominado por la avaricia y la lujuria, en el que un pueblo ignorante, harapiento y supersticioso es sometido por efecto de unas palabras bíblicas en latín que no entiende. Aparecen los personajes más deformes y feos, por lo que está próxima al feísmo expresionista. Pero, indudablemente, es Luces de bohemia la obra clave en el giro radical de la literatura de Valle-Inclán. En ella desarrolla la estética del esperpento que revela el esfuerzo por encontrar nuevas formas expresivas que se prolongan e intensifican en las posteriores obras de Valle-Inclán. La mezcla de lo cómico y lo serio y de lo sublime y lo vulgar, la concepción de los personajes como títeres, la caricatura, la deformación sistemática de la realidad, el tono de farsa y la intención satírica, burlesca y paródica se harán constantes en los siguientes textos compuestos a partir de múltiples referencias a las tradiciones literarias previas: la tradición celestinesca, el sainete, el entremés, el teatro de títeres, la parodia, la tradición popular y oral, las técnicas de origen cinematográfico logrando una multiplicidad de tonos. Después de Luces de bohemia destaca Los cuernos de don Frioleras en donde parodia el tópico del honor calderoniano. Aunque son obras dramáticas, en ellas se rompe la frontera genérica en una hibridación con la narrativa. Sí son claramente narraciones Tirano Banderas (fortísima sátira de una típica dictadura americana) y El ruedo ibérico (novelas históricas en las que expresa una ácida visión de la España isabelina hasta la Restauración),  próximas al esperpento teatral por la configuración de los personajes y la importancia de las acotaciones descriptivas próximas a las de un guión cinematográfico. Son características de estas novelas la naración fragmentaria y dislocada de los sucesos y la suma de las más diversas anécdotas. 

II.I.b. MIGUEL DE UNAMUNO. (1864-1936).

Es el guía espiritual e intelectual del Grupo del 998. Filósofo, intelectual, polemista, periodista, catedrático y Rector de la Universidad de Salamanca. La personalidad de Unamuno es altamente peculiar. Polémico siempre, no cejó, en defensa de sus ideas, de combatir vehementemente todo aquello que le parecía mal. Su vida fue una lucha, una agonía (en el sentido griego de “liucha). El gusto por la contradicción y la paradoja es una constante en Unamuno como vía para búsqueda de la verdad. Ello explica su constante deseo de saber y su infatigable actividad como escritor y como hombre público, guiado por una fuerza extrema en el poder de la voluntad.  Autor de novelas, teatro, poemas y ensayos. Funda la llamada NOVELA INTELECTUAL O IDEOLÓGICA en la que ya no hay sitio para el paisaje natural ni para los pequeños acontecimientos de la vida cotidiana. En sus novelas proyecta su pensamiento y ahonda en problemas de índole existencial y metafísicos. Aunque estas preocupaciones y las de carácter social, político, filosófico, religioso, etc, tienen su cauce expresivo natural en el ensayo. De hecho su primera obra es un ensayo, En torno al casticismo,  en donde la decadencia española y reclama acercarse a Europa acuñando el concepto de intrahistoria.

Centrándonos más en la producción novelística de Unamuno, en 1987 publica Paz en la guerra con una técnica todavía cercana a la novela realista y con abundantes elementos autobiográficos. En 1902 aparece Amor y pedagogía con la que rompe con las formas de narración tradicionales y se aproxima al género del ensayo. Coincide en ello con Azorín y Baroja, quienes en el mismo año publican respectivamente La voluntad y Camino de perfección. Al no considerar la crítica esta obra como una auténtica novela, Unamuno acuña el término nivola, que lo llevará a la más importante de sus novelas, Niebla. En ella el propio autor se convierte en personaje de ficción y se desdibujan las fronteras entre realidad y ficción. En evidente paralelismo vital, el escritor queda enfrentado ante Dios, el creador de su realidad. La tía Tula (1921) y San Manuel Bueno, mártir (1930), son novelas también de gran trascendencia. En la última cuenta la historia de un cura de pueblo que ha perdido la fe, pero que, aparentando tenerla, desarrolla una actividad vivísima a fin de que sus feligreses mantengan intactas sus creencias religiosas. En ella se enfrenta a la tesis de Marx de que “la religión es el opio del pueblo”.

En todos los casos se trata de novelas experimentales en donde se juega con técnicas novedosas como es la de exigir al lector la participación en prólogos y epílogos en los que se proponen interpretaciones contradictorias de las obras. Otro rasgo común en sus novelas son la concentración de la acción y la ausencia de descripciones, salvo las de carácter simbólico, porque lo importante son los conflictos internos de los personajes. Por eso, el espacio y el tiempo interno suelen ser imprecisos, ya que lo importante es el tiempo vivido en el ámbito de la conciencia.

II.I.c. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ “AZORÍN. (1873-1966)

A medio camino entre el ensayo y la narrativa se encuentra la obra del alicantino José Martínez Ruiz “Azorín”. Paladín de las ideas anarquistas, abandonó su radicalismo juvenil hasta desembocar en el conservadurismo ideológico.

Ideológicamente, sus obras se caracterizan por un individualismo escéptico, un acusado intelectualismo y una visión literaturizada de la vida. Hay una constante angustia por el paso del tiempo y un profundo hastío vital.

En Azorín parece como si el tiempo hubiese quedado suspendido y no hubiese evolución histórica alguna. En sus obras hay una visión estética de seres y cosas.

Estilísticamente, la prosa de Azorín rompe con la estética realista por la prácticamente ausencia de hilo narrativo, la tendencia al intelectualismo, un discurso fragmentario con el deseo de anular el tiempo y una acción donde predomina descriptivo y lo discursivo, desdibujando así la frontera entre la novela y el ensayo.

Con estas técnicas sustituye el realismo decimonónico por una prosa impresionista en la que lo característico es la sugerencia, la imprecisión, el gusto por la vaguedad y la pincelada rápida. En su primera novela, La voluntad (1902) todavía se aprecia la huella realista. Narra el inexplicable viaje de su protagonista, Antonio Azorín, y de su maestro Yuste, filósofo y escritor anarquista, por un itinerario cortado continuamente por las conversaciones de estos personajes dejando en un segundo plano la profundización psicológica y la acción. El tema de España es constante en las conversaciones, por las cuales el escritor da muestra de su ideología.

Tras veinte años dedicado a la labor ensayística, regresa a la novela con Don Juan (1925) y Doña Inés (1926) en las que se difumina aun más la acción producto de la depuración técnica. De sus obras posteriores, destacar Capricho (1942) en la que se enfrenta lo real y lo imaginario a través de un argumento inexistente.

II.I.d. PÍO BAROJA (1872-1956)

Es si duda el gran novelista de esta generación. Su producción literaria está constituida casi exclusivamente por novelas. Su producción se inicia coexistiendo con el realismo y coincidiendo con las innovaciones técnicas modernistas e intelectualistas, aunque el autor vasco se mantuvo ajeno a los movimientos dada su personalidad individualista. Aunque reconoce influencias múltiples tanto de la lírica como de la narrativa decimonónica, Baroja supera el Realismo depurando la técnica narrativa al eliminar todo lo que considera superfluo y postizo, centrándose en lo auténtico de la narración: el tipo y la acción, todo queda condicionado a un protagonista en torno a cuya biografía y evolución hacia el fracaso anunciado se construye todo lo demás. Los demás personajes, que a menudo se diluyen en el argumento, no son más que adornos estéticos. En la prosa de Baroja se supera el determinismo realista ya que sus personajes no están determinados, son personajes libres, activos y combativos, luchadores por una causa aunque suelen sucumbir en el intento.

Baroja niega cualquier realidad colectiva y proclama la individualidad, el conflicto del hombre con la realidad que se resuelve dotando al hombre de una energía vital extraordinaria aunque existe una contradicción, ya que el protagonista rara vez consigue el éxito y se convierte en antihéroe cuya vitalidad se ha desperdiciado en vano. Un ejemplo de estas narraciones es Zalacaín el aventurero que pertenece a la Trilogía vasca. En ella narra las aventuras de un muchacho en el escenario de las guerras carlistas.

Su estilo es sencillo, preciso y sobrio, aunque esta sencillez encierra una profunda elaboración por la depuración del lenguaje. Baroja es un virtuoso de la descripción impresionista y del diálogo, así como de un humor especialmente amargo. Abundan las frases cortas con escasa subordinación y nunca demasiadas figuras retóricas.

Consciente de la trascendencia y complejidad de sus obras, el mismo Baroja las clasificó siguiendo un criterio cronológico:

- Novelas anteriores a 1912: Etapa prolífica y variada. La crítica considera que Baroja escribe en esta época sus mejores obras: Camino de perfección (102); El árbol de la ciencia (1911); Zalacaín el aventurero ( 1909), Las inquietudes de Shanti Andiá (1911).

- Novelas después de 1912: Escribe desde este año novelas de diferentes estilos y temática, entre las que señalamos Memorias de un hombre de acción, compuestas por veintidós obras.

II.II. AUTORES NOVECENTISTAS

La generación del 14 o novecentismo va a aglutinar a un grupo de escritores nacidos a finales del siglo XIX que empiezan su andadura novelística, conviviendo con los anteriores, ya consagrados.  El Novecentismo supone la consolidación de un intelectualismo diferente, ya no son los bohemios modernistas, sino pensadores y escritores sólidamente formados. Estos orígenes intelectuales explican  muchas de las características comunes de estos escritores: racionalismo, antirromanticismo, defensa del “arte puro”, aristocratismo intelectual y estilo cuidado.

El hecho histórico que influye en esta generación fue la Primera Guerra Mundial. Sus integrantes se muestran casi unánimemente partidarios del bando aliado, son en su mayoría reformistas, decididos europeístas y defensores de la modernización social, política y cultural de la vieja y rezagada España.

La difusión de los nuevos principios estéticos vanguardistas viene a coincidir prácticamente en el tiempo con el desarrollo del Novecentismo, por lo que compartirán muchos rasgos vanguardistas de modo que es difícil establecer una frontera tajante que separe Novecentismo y Vanguardismo.

Los líderes intelectuales del movimiento, Ortega y Gasset y Eugenio D´Ors, cultivan el género acorde a la difusión de las ideas y pensamientos, el ensayo, mientras que la novela estará representada por Gabriel Miró, Ramón Pérez de Ayala y Ramón Gómez de la Serna.

II.II.a. GABRIEL MIRÓ (1979-1930)

Destaca por su cuidad expresión y su exquisito estilo. Sobresale por su temperamento, su sensibilidad exacerbada y su capacidad excepcional para captar sensaciones: luz y color, aromas, sonidos, colores… debido a su lirismo se le ha denominado “gran poeta de la prosa”. Su dominio del lenguaje es absoluto y en sus obras prevalece la belleza formal, pasando la acción a ser algo secundario. Sus personajes son inactivos, decadentes, que pasan por la novela sintiendo y sufriendo pero siendo incapaces de actuar, todo está supeditado a la percepción sensorial de tal forma que los objetos son los verdaderos protagonistas de sus obras. Las obras más interesantes son: Nuestro Padre San Daniel (1921), El obispo leproso (1926).

II.II.b. RAMÓN PÉREZ DE AYALA (1880-1962)

Representante de la novela intelectual, sus obras han sido relacionadas con la técnica del perspectivismo, que implica la bifurcación de la realidad, de los capítulos, de las columnas de texto: posee un estilo denso, irónico, capaz de reflejar tanto lo culto como lo popular. Comparte aspecto de todos los movimientos. Su última etapa novelística es la más interesante, en ella se centra en los temas universales del amor, la injusticia, la educación… Son consideradas sus mejores obras Los trabajos de Urbano y Simona (sobre la educación sexual de un modo irónica pero muy didáctico) y Tigre Juan (trata los tópicos del honor matrimonial y el donjuanismo).

II.II.C.  RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

Cronista, articulista, literato, es un autor muy difícil de clasificar. Representa el primer novelista español adscrito a las vanguardias, cultivador de nuevas formas narrativas y de nuevas modos estéticos. Fue el creador de las llamadas greguerías, frases breves que encierran una pirueta verbal o una metáfora insólita (humorismo + metáfora = greguería). 

Sus novelas más celebradas son El incongruente (novela desordenada y absurda de un hombre que no encuentra un jueves. En ella se anticipa al surrealismo), y El hombre perdido (inaugura la novela nebulosa en la que se mezcla lo que sucedió realmente y lo que debió suceder).


Podríamos ampliar generosamente la nómina de autores a partir del novecentimo, aunque este períodos se caracteriza principalmente por la renovación de la lírica de la mano de la Generación de 27, lo que ensombreció a la novela. En esta tónica llegamos a la narrativa de posguerra, (salvando la narrativa de compromiso que se cultivó en ambos bandos de la Guerra Civil), con autores como Camilo José Cela, Miguel Delibes, Ana María Matute o Carmen Laforet que llevarán a la narrativa española a otra época de esplendor.