jueves, 4 de mayo de 2017

NARRATIVA ESPAÑOLA ANTERIOR A 1939

I.                   INTRODUCCIÓN

Si bien es cierto que en los albores del siglo XX siguen siendo las obras de escritores como Galdós las más leídas, no lo es menos que muchos autores jóvenes se enfrentan a esa literatura decimonónica y pugnan por abrirse camino en el mundo literario. Era este un fenómeno que ya venía de unos años atrás y que obedecía al descrédito que en todas partes había sufrido la estética realista en consonancia con la crisis más amplia del positivismo y de la razón. Los mismos escritores realistas, como los casos de Galdós o Clarín, también buscaron en sus textos cauces formales innovadores con los que expresar sus nuevas preocupaciones.

Un nombre solía dárseles en su momento a estos jóvenes escritores, el de modernistas, en ocasiones con intención más o menos peyorativa, censurando la extravagancia, el culto exagerado de la forma, el radicalismo político en algunos, etc. Es el cauce de la expresión modernista y la asimilación de las vanguardias lo que revolucionará el lenguaje literario en sucesivas generaciones, dando lugar un florecimiento literario de primer orden.

El objetivo primordial de esta nueva generación ya no va a ser reflejar objetivamente la realidad, sino que esta aparezca diluida como trasfondo de experiencias humanas subjetivas o de problemas de conciencia. Esta ruptura con el estilo realista conduce a la prosa hacia subgéneros novedosos: la novela lírica, la novela intelectual, novela erótica, novela vanguardista o novela social.

En las obras de estos autores aparecerán nuevos temas comunes: el voluntarismo frente a la abulia, la pasión frente a la inteligencia, problemas de personalidad, frustraciones eróticas, críticas sociales diversas y una actitud rebelde ante los valores burgueses. Así, las novelas se pueblan de personajes abúlicos, insatisfechos e inadaptados.

1902 se convierte en una fecha crucial en nuestras letras porque  ven la luz novelas modernistas e intelectuales que marcarán a la primera generación de escritores del siglo XX: Unamuno publica Amor y Pedagogía, Azorin La voluntad, Pío Baroja Camino de perfección, y Valle-Inclán Sonata de otoño.

Desde que Azorín acuñara el término de Generación del 98 en 1913 para referirse a los nuevos escritores de esta época, se extendió la distinción entre los escritores que se refugiaban en el esteticismo como rechazo del mundo circundante, para los que se reservó el membrete de modernistas, y aquellos como Unamuno, Baroja o el propio Azorín, que mostraban una actitud crítica ante la realidad, defendía la idea de cambios u adoptan un compromiso social y político explícito se reservó la denominación de Grupo del 98. Sin embargo tal distinción no es tan evidente porque, en realidad, los escritores de ambos grupos mantuvieron una relación personal y literaria constante y una preocupación por la realidad española que trasladaron a sus obras sin hacer diferencias entre unos y otros. Ya el propio Azorín en 1914 concluyó tajantemente: “Yo siempre he afirmado que no creía que existiera una generación del 98”.  Es evidente que las situación política y social de España agravados por los sucesos de 98 provocaron un estado general de pesimismo que marcará decisivamente el carácter de nuestra literatura, aunque lo más relevante literariamente es que cada uno de los autores, tanto líricos como prosistas desarrollaron una impronta personal.

II.                AUTORES Y OBRAS

II.I AUTORES NOVENTAYOCHISTAS

II.I.a RAMÓN MARÍA DEL VALLE- INCLÁN (1866-1936)

Es el autor que mejor representa la evolución literaria. Se inicia en el Modernismo con el libro de poemas Aromas de leyenda, a partir de entonces cultivará todos los géneros y, aunque su obra narrativa ha sido la menos estudiada, contribuyó de manera especial a la renovación de la prosa en lengua española. Su trayectoria novelística evoluciona desde los orígenes modernistas hasta la creación personal de la novela esperpéntica.

LA ETAPA MODERNISTA. Si bien el Modernismo es una referencia constante en la obra de Valle-Inclán, puede decirse que todas sus obras hasta 1906 se inscriben de forma explícita en la estética más declaradamente modernista. Comienza escribiendo cuentos y relatos breves de tipo amoroso-galante, terror-misterio. Estos cuentos serán la base de sus Sonatas, las memorias amables del Marqués de Bradomín: La más importante es Sonata de otoño, quizás la obra que mejor represente el Modernismo español al representar los postulados más puros de este movimiento. Las cuatro Sonatas están estructuradas como una composición musical en cuatro tiempos y liga simbólicamente la estación del año, el marco geográfico, la edad del protagonista y sus experiencias vitales. Bradomín es un dandy aristocrático típico de fin de siglo, elegante, exquisito, amoral, aventurero, provocador, cínico que se mueve en un ambiente de misterio y leyenda, entre preciosos jardines y lujosos interiores, se exalta nostálgicamente todo un mundo decadente y refinado con esmerado lenguaje y cuidado estilo que dan como resultado la prosa más brillante del Modernismo español.

LA ETAPA DEL PRIMITIVISMO. En pocos años escrible Valle-Inclán cinco obras de notable importancia en las que ensaya un nuevo camino propio de las diversas orientaciones del Modernismo: el primitivismo. Las agrupa en las llamadas Comedias bárbaras, por la brutalidad, la violencia, las pasiones desbordadas, así como un mundo rural de mitos y leyendas, ritos y supersticiones del mundo rural más primitivo. Pertenecen a esta etapa las tres novelas de la guerra carlista en donde narra diversos episodios de la última guerra de ese nombre acaecida en España en el siglo anterior, aunque el lector tiene la impresión de que los sucesos ocurren en un pasado inmemorial, en un pasado antaño. Valle-Inclán encuentra en el carlismo un sentimiento popular y colectivo netamente antiburgués y el romanticismo de las causas perdidas.

LA ETAPA DEL DISTANCIAMIENTO ARTIFICIOSO. Durante la segunda década del siglo Valle-Inclán escribe exclusivamente obras teatrales, en su mayor parte en verso. Sin embargo, no se trata de teatro poético modernista, sino de diversos experimentos dramáticos con los que el escritor crea un mundo artificioso, muy literario y estilizado. En la mayoría de las obras busca inspiración temática y formal en la tradición teatral clásica.  En este período destaca La princesa Rosalinda en la que al elemento modernista se le añade un tono grotesco.

LA ETAPA DE LOS ESPERPENTOS. El poemario La pipa de kif adelata la nueva estética de Valle-Inclán. Un año después ven la luz dos farsas, Farsa italiana de la enamorada del rey y Farsa y licencia de la reina castiza en donde ya los personajes son marionetas grotescas superando definitivamente el Modernismo. Los personajes son meros fantoches y la España isabelina es caricaturizada al extremo. En Divinas palabras retoma el mundo misterioso y primitivo de la Galicia ancestral, pero ya se han evaporado los aromas de leyenda, solo queda el mundo sórdido y miserable dominado por la avaricia y la lujuria, en el que un pueblo ignorante, harapiento y supersticioso es sometido por efecto de unas palabras bíblicas en latín que no entiende. Aparecen los personajes más deformes y feos, por lo que está próxima al feísmo expresionista. Pero, indudablemente, es Luces de bohemia la obra clave en el giro radical de la literatura de Valle-Inclán. En ella desarrolla la estética del esperpento que revela el esfuerzo por encontrar nuevas formas expresivas que se prolongan e intensifican en las posteriores obras de Valle-Inclán. La mezcla de lo cómico y lo serio y de lo sublime y lo vulgar, la concepción de los personajes como títeres, la caricatura, la deformación sistemática de la realidad, el tono de farsa y la intención satírica, burlesca y paródica se harán constantes en los siguientes textos compuestos a partir de múltiples referencias a las tradiciones literarias previas: la tradición celestinesca, el sainete, el entremés, el teatro de títeres, la parodia, la tradición popular y oral, las técnicas de origen cinematográfico logrando una multiplicidad de tonos. Después de Luces de bohemia destaca Los cuernos de don Frioleras en donde parodia el tópico del honor calderoniano. Aunque son obras dramáticas, en ellas se rompe la frontera genérica en una hibridación con la narrativa. Sí son claramente narraciones Tirano Banderas (fortísima sátira de una típica dictadura americana) y El ruedo ibérico (novelas históricas en las que expresa una ácida visión de la España isabelina hasta la Restauración),  próximas al esperpento teatral por la configuración de los personajes y la importancia de las acotaciones descriptivas próximas a las de un guión cinematográfico. Son características de estas novelas la naración fragmentaria y dislocada de los sucesos y la suma de las más diversas anécdotas. 

II.I.b. MIGUEL DE UNAMUNO. (1864-1936).

Es el guía espiritual e intelectual del Grupo del 998. Filósofo, intelectual, polemista, periodista, catedrático y Rector de la Universidad de Salamanca. La personalidad de Unamuno es altamente peculiar. Polémico siempre, no cejó, en defensa de sus ideas, de combatir vehementemente todo aquello que le parecía mal. Su vida fue una lucha, una agonía (en el sentido griego de “liucha). El gusto por la contradicción y la paradoja es una constante en Unamuno como vía para búsqueda de la verdad. Ello explica su constante deseo de saber y su infatigable actividad como escritor y como hombre público, guiado por una fuerza extrema en el poder de la voluntad.  Autor de novelas, teatro, poemas y ensayos. Funda la llamada NOVELA INTELECTUAL O IDEOLÓGICA en la que ya no hay sitio para el paisaje natural ni para los pequeños acontecimientos de la vida cotidiana. En sus novelas proyecta su pensamiento y ahonda en problemas de índole existencial y metafísicos. Aunque estas preocupaciones y las de carácter social, político, filosófico, religioso, etc, tienen su cauce expresivo natural en el ensayo. De hecho su primera obra es un ensayo, En torno al casticismo,  en donde la decadencia española y reclama acercarse a Europa acuñando el concepto de intrahistoria.

Centrándonos más en la producción novelística de Unamuno, en 1987 publica Paz en la guerra con una técnica todavía cercana a la novela realista y con abundantes elementos autobiográficos. En 1902 aparece Amor y pedagogía con la que rompe con las formas de narración tradicionales y se aproxima al género del ensayo. Coincide en ello con Azorín y Baroja, quienes en el mismo año publican respectivamente La voluntad y Camino de perfección. Al no considerar la crítica esta obra como una auténtica novela, Unamuno acuña el término nivola, que lo llevará a la más importante de sus novelas, Niebla. En ella el propio autor se convierte en personaje de ficción y se desdibujan las fronteras entre realidad y ficción. En evidente paralelismo vital, el escritor queda enfrentado ante Dios, el creador de su realidad. La tía Tula (1921) y San Manuel Bueno, mártir (1930), son novelas también de gran trascendencia. En la última cuenta la historia de un cura de pueblo que ha perdido la fe, pero que, aparentando tenerla, desarrolla una actividad vivísima a fin de que sus feligreses mantengan intactas sus creencias religiosas. En ella se enfrenta a la tesis de Marx de que “la religión es el opio del pueblo”.

En todos los casos se trata de novelas experimentales en donde se juega con técnicas novedosas como es la de exigir al lector la participación en prólogos y epílogos en los que se proponen interpretaciones contradictorias de las obras. Otro rasgo común en sus novelas son la concentración de la acción y la ausencia de descripciones, salvo las de carácter simbólico, porque lo importante son los conflictos internos de los personajes. Por eso, el espacio y el tiempo interno suelen ser imprecisos, ya que lo importante es el tiempo vivido en el ámbito de la conciencia.

II.I.c. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ “AZORÍN. (1873-1966)

A medio camino entre el ensayo y la narrativa se encuentra la obra del alicantino José Martínez Ruiz “Azorín”. Paladín de las ideas anarquistas, abandonó su radicalismo juvenil hasta desembocar en el conservadurismo ideológico.

Ideológicamente, sus obras se caracterizan por un individualismo escéptico, un acusado intelectualismo y una visión literaturizada de la vida. Hay una constante angustia por el paso del tiempo y un profundo hastío vital.

En Azorín parece como si el tiempo hubiese quedado suspendido y no hubiese evolución histórica alguna. En sus obras hay una visión estética de seres y cosas.

Estilísticamente, la prosa de Azorín rompe con la estética realista por la prácticamente ausencia de hilo narrativo, la tendencia al intelectualismo, un discurso fragmentario con el deseo de anular el tiempo y una acción donde predomina descriptivo y lo discursivo, desdibujando así la frontera entre la novela y el ensayo.

Con estas técnicas sustituye el realismo decimonónico por una prosa impresionista en la que lo característico es la sugerencia, la imprecisión, el gusto por la vaguedad y la pincelada rápida. En su primera novela, La voluntad (1902) todavía se aprecia la huella realista. Narra el inexplicable viaje de su protagonista, Antonio Azorín, y de su maestro Yuste, filósofo y escritor anarquista, por un itinerario cortado continuamente por las conversaciones de estos personajes dejando en un segundo plano la profundización psicológica y la acción. El tema de España es constante en las conversaciones, por las cuales el escritor da muestra de su ideología.

Tras veinte años dedicado a la labor ensayística, regresa a la novela con Don Juan (1925) y Doña Inés (1926) en las que se difumina aun más la acción producto de la depuración técnica. De sus obras posteriores, destacar Capricho (1942) en la que se enfrenta lo real y lo imaginario a través de un argumento inexistente.

II.I.d. PÍO BAROJA (1872-1956)

Es si duda el gran novelista de esta generación. Su producción literaria está constituida casi exclusivamente por novelas. Su producción se inicia coexistiendo con el realismo y coincidiendo con las innovaciones técnicas modernistas e intelectualistas, aunque el autor vasco se mantuvo ajeno a los movimientos dada su personalidad individualista. Aunque reconoce influencias múltiples tanto de la lírica como de la narrativa decimonónica, Baroja supera el Realismo depurando la técnica narrativa al eliminar todo lo que considera superfluo y postizo, centrándose en lo auténtico de la narración: el tipo y la acción, todo queda condicionado a un protagonista en torno a cuya biografía y evolución hacia el fracaso anunciado se construye todo lo demás. Los demás personajes, que a menudo se diluyen en el argumento, no son más que adornos estéticos. En la prosa de Baroja se supera el determinismo realista ya que sus personajes no están determinados, son personajes libres, activos y combativos, luchadores por una causa aunque suelen sucumbir en el intento.

Baroja niega cualquier realidad colectiva y proclama la individualidad, el conflicto del hombre con la realidad que se resuelve dotando al hombre de una energía vital extraordinaria aunque existe una contradicción, ya que el protagonista rara vez consigue el éxito y se convierte en antihéroe cuya vitalidad se ha desperdiciado en vano. Un ejemplo de estas narraciones es Zalacaín el aventurero que pertenece a la Trilogía vasca. En ella narra las aventuras de un muchacho en el escenario de las guerras carlistas.

Su estilo es sencillo, preciso y sobrio, aunque esta sencillez encierra una profunda elaboración por la depuración del lenguaje. Baroja es un virtuoso de la descripción impresionista y del diálogo, así como de un humor especialmente amargo. Abundan las frases cortas con escasa subordinación y nunca demasiadas figuras retóricas.

Consciente de la trascendencia y complejidad de sus obras, el mismo Baroja las clasificó siguiendo un criterio cronológico:

- Novelas anteriores a 1912: Etapa prolífica y variada. La crítica considera que Baroja escribe en esta época sus mejores obras: Camino de perfección (102); El árbol de la ciencia (1911); Zalacaín el aventurero ( 1909), Las inquietudes de Shanti Andiá (1911).

- Novelas después de 1912: Escribe desde este año novelas de diferentes estilos y temática, entre las que señalamos Memorias de un hombre de acción, compuestas por veintidós obras.

II.II. AUTORES NOVECENTISTAS

La generación del 14 o novecentismo va a aglutinar a un grupo de escritores nacidos a finales del siglo XIX que empiezan su andadura novelística, conviviendo con los anteriores, ya consagrados.  El Novecentismo supone la consolidación de un intelectualismo diferente, ya no son los bohemios modernistas, sino pensadores y escritores sólidamente formados. Estos orígenes intelectuales explican  muchas de las características comunes de estos escritores: racionalismo, antirromanticismo, defensa del “arte puro”, aristocratismo intelectual y estilo cuidado.

El hecho histórico que influye en esta generación fue la Primera Guerra Mundial. Sus integrantes se muestran casi unánimemente partidarios del bando aliado, son en su mayoría reformistas, decididos europeístas y defensores de la modernización social, política y cultural de la vieja y rezagada España.

La difusión de los nuevos principios estéticos vanguardistas viene a coincidir prácticamente en el tiempo con el desarrollo del Novecentismo, por lo que compartirán muchos rasgos vanguardistas de modo que es difícil establecer una frontera tajante que separe Novecentismo y Vanguardismo.

Los líderes intelectuales del movimiento, Ortega y Gasset y Eugenio D´Ors, cultivan el género acorde a la difusión de las ideas y pensamientos, el ensayo, mientras que la novela estará representada por Gabriel Miró, Ramón Pérez de Ayala y Ramón Gómez de la Serna.

II.II.a. GABRIEL MIRÓ (1979-1930)

Destaca por su cuidad expresión y su exquisito estilo. Sobresale por su temperamento, su sensibilidad exacerbada y su capacidad excepcional para captar sensaciones: luz y color, aromas, sonidos, colores… debido a su lirismo se le ha denominado “gran poeta de la prosa”. Su dominio del lenguaje es absoluto y en sus obras prevalece la belleza formal, pasando la acción a ser algo secundario. Sus personajes son inactivos, decadentes, que pasan por la novela sintiendo y sufriendo pero siendo incapaces de actuar, todo está supeditado a la percepción sensorial de tal forma que los objetos son los verdaderos protagonistas de sus obras. Las obras más interesantes son: Nuestro Padre San Daniel (1921), El obispo leproso (1926).

II.II.b. RAMÓN PÉREZ DE AYALA (1880-1962)

Representante de la novela intelectual, sus obras han sido relacionadas con la técnica del perspectivismo, que implica la bifurcación de la realidad, de los capítulos, de las columnas de texto: posee un estilo denso, irónico, capaz de reflejar tanto lo culto como lo popular. Comparte aspecto de todos los movimientos. Su última etapa novelística es la más interesante, en ella se centra en los temas universales del amor, la injusticia, la educación… Son consideradas sus mejores obras Los trabajos de Urbano y Simona (sobre la educación sexual de un modo irónica pero muy didáctico) y Tigre Juan (trata los tópicos del honor matrimonial y el donjuanismo).

II.II.C.  RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

Cronista, articulista, literato, es un autor muy difícil de clasificar. Representa el primer novelista español adscrito a las vanguardias, cultivador de nuevas formas narrativas y de nuevas modos estéticos. Fue el creador de las llamadas greguerías, frases breves que encierran una pirueta verbal o una metáfora insólita (humorismo + metáfora = greguería). 

Sus novelas más celebradas son El incongruente (novela desordenada y absurda de un hombre que no encuentra un jueves. En ella se anticipa al surrealismo), y El hombre perdido (inaugura la novela nebulosa en la que se mezcla lo que sucedió realmente y lo que debió suceder).


Podríamos ampliar generosamente la nómina de autores a partir del novecentimo, aunque este períodos se caracteriza principalmente por la renovación de la lírica de la mano de la Generación de 27, lo que ensombreció a la novela. En esta tónica llegamos a la narrativa de posguerra, (salvando la narrativa de compromiso que se cultivó en ambos bandos de la Guerra Civil), con autores como Camilo José Cela, Miguel Delibes, Ana María Matute o Carmen Laforet que llevarán a la narrativa española a otra época de esplendor. 

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